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Manual de uso de unas insólitas fiestas

Encuentros virtuales en vez de cenas multitudinarias,regalos personales en lugar de visitas a los abuelos y Reyes sin cabalgatas. La pandemia obligará a reinventar la Navidad, pero todos coinciden en que es mejor celebrarla adaptada, que pasarla por alto

Cabalgata de los Reyes Magos.

Cabalgata de los Reyes Magos. EFE

En el futuro, cuando recordemos el atroz 2020 y contemos cómo fue su Navidad, lo haremos con un sabor agridulce. Habremos puesto fin al año más terrible del que guardamos memoria y las copas brindarán por dejar atrás lo vivido y que llegue pronto la anunciada vacuna. Creyentes y no creyentes, forofos del espíritu navideño y agnósticos de este rito, todos nos veremos contagiados, inevitablemente, por el clima emocional y alegre que flotará esos días en el ambiente, que siempre acaba ablandando al más reacio. Sin embargo, las inauditas condiciones en que las celebraremos, unidas a la pesadumbre que arrastramos desde marzo, harán que recordemos unas Navidades extrañas, las más raras de nuestras vidas.

A 33 días de la Nochebuena, nadie se atreve a pronosticar al detalle cómo van a ser las Pascuas del 2020. Imposible saber a estas horas si los emigrados podrán volver a sus localidades de origen para reunirse con sus familiares, cuántos podrán sentarse alrededor de una misma mesa o hasta qué hora estarán abiertas las tiendas para comprar regalos. Por no saber, nadie se atreve a descartar que el final del año coincida con un pico de contagios de covid-19 y tengamos que pasarlo confinados como la última Semana Santa.

En el mejor de los escenarios posibles, pocas tradiciones navideñas quedarán inmunes a la pandemia. No habrá cotillones de Nochevieja, ni comidas de empresa, ni fiestas multitudinarias. Los aficionados a cantar villancicos en coros tendrán que dejarlo para otra ocasión y en la mayoría de ciudades han quedado descartadas las cabalgatas de Reyes Magos. Desde hace días, muchas de sus calles ven salir el sol cada mañana cubiertas de luces navideñas, pero a escasas jornadas del encendido oficial solo parecen ser el triste presagio de la Pascua que nos espera: la más desangelada de nuestras vidas.

El calendario es implacable y, según avanza, crece la inquietud entre la población y los sectores económicos más directamente implicados por no saber cómo afrontaremos esas fechas tan señaladas. En juego no solo hay dinero; también cuenta, y mucho, el caudal de afectos que se moviliza en estos festejos.

“Las sociedades se articulan alrededor de rituales que marcan el ritmo de la vida. No es lo mismo celebrar la Navidad que no hacerlo ni participar en los encuentros previstos que privarnos de ellos”, señala el psicólogo social Miquel Domènech, para quien la no-Navidad del 2020 causará un impacto mayor en los grupos de población que tenían esos días marcados en rojo en sus calendarios.

“Muchas personas mayores aguardaban a la Navidad para salir de sus residencias y juntarse con sus familiares. Perder ese roce les aumentará el sentimiento de tristeza y desamparo que ya venían arrastrando”, advierte este profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La lista de tradiciones navideñas que este año tendremos vedadas es larga y variada (ver cuadro sobre estas líneas). Pero el conjunto de rituales que sí podremos celebrar es igual de extenso. “Al final, todo dependerá de la actitud con que afrontemos esta experiencia. Si la vivimos como una pérdida por las renuncias que tendremos que asumir, nos sentiremos mal. Si la vemos como una Navidad diferente, el impacto emocional será menor”, distingue la psicóloga Pilar Conde, de la clínica Origen, en cuyo gabinete han adoptado el término “coronavidad” para referirse a la ansiedad que han empezado a transmitir sus pacientes ante la idea de no poder reunirse con sus familiares ni cumplir con las tradiciones. “Lo que no debemos hacer es renunciar a celebrar este momento tan emotivo. Sobre todo este año que ha sido tan duro”, añade la terapeuta.

El espíritu de los niños

Toca, pues, reinventar la Navidad y adaptarla a las limitaciones que impone la pandemia. “Si no podemos visitar a nuestros mayores, sí podemos enviarles un regalo personal hecho por nosotros mismos. Si no podemos participar en eventos multitudinarios, sí podemos decorar la casa con motivos navideños —sugiere la psicóloga—. Será una buena ocasión para aprovechar el espíritu de los niños, hacer manualidades y recuperar la vieja tradición de mandar christmas”.

Precisamente, los menores son los que, según todas las previsiones, llevarán con más normalidad esta Navidad tan extraña que nos espera. Los más pequeños, porque en su mundo mágico Papá Noel y los Reyes Magos seguirán llegando puntuales cargados de regalos. Los adolescentes, porque asisten a las tradiciones con la desidia propia de la edad. “A los centennials no les preocupan los rituales sociales y solo les interesa mantenerse conectados entre ellos. Mientras puedan ver a sus amigos a través de las pantallas o en persona, no se quejarán”, pronostica la doctora en antropología Rosa María Román.

Para el resto de edades, queda el reto de suplir con ingenio las carencias afectivas que el coronavirus impondrá a una celebración que se distingue por su fomento del roce social. “En el confinamiento supimos hacerlo: a diario celebrábamos videollamadas y vermús virtuales con amigos y familiares. En la segunda ola detecto menos ganas de interactuar. La pandemia exige distancia física. Tenemos recursos para evitar que se convierta en distancia social. Dependerá de nosotros”, compara Miquel Domènech.

Lo cierto es que son muchas las entidades públicas y empresas privadas que ya han anunciado su intención de adaptar sus servicios navideños a la pandemia. A falta de cabalgata de Reyes Magos, el Ayuntamiento de El Ejido (Almería) ha anunciado que ofrecerá videoconferencias de Sus Majestades de Oriente con los niños del vecindario para que les lean sus cartas. Limitada la San Silvestre Vallecana a atletas profesionales, el consistorio madrileño ofrecerá a los aficionados la posibilidad de participar en la carrera de manera virtual. A quienes desean celebrar el amigo invisible pero quieren evitar los encuentros de no convivientes, la firma de catering Catevering les brinda la posibilidad de hacerlo de forma on line.

Precisamente, el sector de la restauración es uno de los que se va a ver afectado con más severidad por la amenaza del contagio. Se acabaron —al menos por ahora— los banquetes de 20 comensales que se reúnen todos los finales de año para desearse prosperidad. Pero que las cenas de empresa estén prohibidas no impide que puedan celebrarse en la distancia. Este es el principio del que partieron en la empresa de eventos Making Movies, cuando idearon su kit de comidas de empresa para teletrabajadores, que permite que varios empleados coman juntos de manera virtual desde sus hogares.

Hasta el belén se adaptará este año a los tiempos del covid: las 30 nuevas figuras creadas por la empresa ceramista Caganer para esta campaña portan todas la obligatoria mascarilla. “Se podrían repasar las últimas tres décadas de historia de este país a través de nuestros caganers. Este año era obligatorio reflejar el coronavirus”, reconoce Marc Alós, portavoz de la compañía, quien tiene claro cuál será la estrella del portal del 2020: “Sin duda, el caganer de Fernando Simón”.

Más allá de las noticias de contagios y fallecimientos, la pandemia marcará la próxima Pascua hasta en sus mínimos detalles. La publicidad, que todos los años decora las calles e inunda las pantallas con sus creaciones de inspiración navideña, no escapará al contagio. “Teníamos la opción de obviar el covid, pero los anuncios no habrían quedado creíbles. Nos hemos visto obligados a tocar el tema, aunque corremos el riesgo de que todas las campañas acaben pareciéndose entre ellas”, reconocen Antonio Castillo y Gonzalo Urriza, directores creativos de la agencia Contrapunto y autores de los spots navideños de firmas como Cepsa, Correos o Legálitas, entre otras.

El reto de los publicistas

También han diseñado el anuncio de la Lotería de Navidad, que se presentó la semana pasada y cuya creación han vivido como un desafío especial por culpa del coronavirus. “Nos lo ha puesto más difícil que nunca. Empezamos a idear la campaña en junio, sin saber cómo estarían las cosas en diciembre. Nuestro reto ha sido tratar la pandemia con emotividad, pero evitando dramatismos y sin tocar demasiado la fibra sensible del público para no parecer oportunistas”, explican.

Más allá de su dimensión social, afectiva y cultural, la Navidad también tiene una expresión crematística que ha acabado convertida en una de sus principales señas de identidad. La imagen de calles atestadas de viandantes cargados de bolsas de regalos compone una de las estampas más reconocibles de las Pascuas. En el año en que todo ha cambiado, el consumo navideño será también diferente. No compraremos lo mismo ni de la misma forma. Tampoco lo haremos los mismos días ni en los mismos sitios.

Las medidas de distanciamiento y las restricciones de movilidad, que a cinco semanas del inicio de los festejos son muy estrictas en muchas comunidades, arrojan el principal titular de la vertiente comercial de la Navidad: este año veremos pocas tiendas repletas de público en los tradicionales días pico de ventas y tampoco serán habituales las colas en las líneas de embalaje de regalos de los grandes almacenes. Por el contrario, adelantaremos las compras más que nunca para evitar las aglomeraciones y, preferentemente, pediremos que nos las traigan a casa. Si el consumo a distancia viene disparándose desde que empezó la pandemia, en el 2020 se espera la Navidad comercial más online de la historia.

Los estudios de mercado prevén un crecimiento de las compras a golpe de clic de entre el 30 y el 40% respecto a la Pascua pasada, aunque hay firmas, como la cadena FNAC, que estiman que su canal online acabará acaparando el 60% de sus ventas de esta temporada. Con esa fiebre por la telecompra, el temor de los comerciantes es que el atasco se traslade de sus mostradores al repartidor.

“Este panorama deja en una situación muy vulnerable a las tiendas pequeñas. O ayudamos el comercio tradicional o en enero habrá una avalancha de cierres por todo el país”, advierte Pedro Campo, presidente de la Confederación Española de Comercio, quien hace una petición muy concreta a las autoridades: “Cuando se acerquen los días más señalados, necesitamos que nos dejen abrir hasta más tarde. Así podremos evitar las aglomeraciones y salvaremos nuestros negocios”. Sean cuales sean las limitaciones de horario y movilidad que rijan en la segunda quincena de diciembre, todas las señales apuntan hacia una Navidad alicaída en el consumo. La compañía de recursos humanos Randstad prevé que las empresas contratarán a un 34% menos de personal que la temporada pasada. En plena pandemia, los bolsillos no están para muchas alegrías: según una investigación de la firma de estudios de consumo Nielsen, solo el 14% de los españoles tiene previsto hacer esta Navidad los gastos habituales. Frente a ellos, el 56% reconoce que únicamente comprará lo estrictamente necesario o se apretará el cinturón para evitar derroches.

La Navidad del 2020 la recordaremos por las condiciones tan particulares en que la viviremos, que la harán diferente a cualquiera de la que tengamos memoria. Sin embargo, esta no es la primera vez que la Pascua experimenta cambios de calado. “De hecho, no ha parado de incorporar rituales y adaptarse a los nuevos tiempos desde que empezó a celebrarse en el siglo V”, advierte el historiador Francisco José Gómez Fernández, autor del libro Breve historia de la Navidad, en cuyas páginas explica cómo los primeros belenes se montaron en España en el siglo XIII, los villancicos se sumaron en el siglo XV, las postales empezaron a enviarse a finales del siglo XIX y la costumbre de tomar uvas se originó a raíz de una cosecha abundante de vides que hubo en 1917.

¿Pasará ahora lo mismo? ¿Dejará el covid su huella en futuras celebraciones? “Eso lo sabremos más adelante. De momento, la del 2020 será más íntima y menos bulliciosa y consumista que nunca. En cierto modo, la pandemia va a hacer que recuperemos, al menos por un año, el sentido profundo de la Navidad”, pronostica el historiador.

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