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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El pelotazo que vino de asia

El emprendedor Rubén Magariños “con un ordenador y un móvil” logró importar desde China en plena pandemia 5 millones de mascarillas

“Me encontraba organizando carrozas para Carnaval cuando comienzan a llamarme empresarios en Canarias y el resto de España que conocía porque tenían una necesidad imponente de atender a sus clientes habituales, desesperados y angustiados por la escasez de material sanitario”, explica Rubén Magariños Moreno, de 33 años, sobre cómo arrancó un negocio del cual ni había oído hablar nunca: importar mascarillas. Hoy puede presumir de haber traído de China cinco millones de este imprescindible accesorio además de batas, monos de protección, tests y material sanitario y de protección personal individual, entre otras cosas. Pero Rubén y su empresa Stokkia lo tuvieron ya claro en marzo.

Autónomo desde 2008, el empresario recuerda su acercamiento a China pese a “la falta de libertad de movimiento en todo el territorio. No podíamos viajar y eso nos suponía frustración: no podíamos comprobar las cosas nosotros mismos y desesperaba la falta de información en un país como China, que tiene por costumbre no decir nunca no, aunque eso significara que no nos estaban diciendo realmente cómo eran las cosas o las dificultades. El mundo se movía a un ritmo frenético y los productos que demandábamos de repente cotizaban en bolsa como metales preciosos o las divisas. Los stocks de productos volaban de segundo en segundo, y teníamos que volver a empezar el proceso de nuevo cada día”, rememora. “Nuestras únicas arman eran un ordenador con internet y un móvil. A pesar de todo ello, nos bastó para cerrar importantísimos acuerdos”, añade.

Dice que más que miedo sintió “terror” de embarcarse en este proyecto. “Nos pasamos noches enteras analizando los productos, estudiando las leyes, creando procedimientos, investigando sobre las fábricas, intermediarios, comprobando certificados, llamando a Consulados y Embajadas, contactando con gente de mil partes del mundo para contrastar información, programando tiempos de fabricación, entregas, transportes súper costosos, dando atención absoluta a los clientes que, asustados, nos demandaban información constantemente. Ellos habían depositado en nosotros plena confianza y no podíamos fallarles”, añade Magariños. “En gran medida fue una apuesta personal”, admite, “pero no podía haber salido sin la confianza de nuestros clientes, los socios en China y de las entidades colaboradoras: Banco Sabadell, empresas transitarias como Tiba, Rubicón Asesores, Laboria, nuestro letrado de comercio internacional... Nos sentíamos presionados pero su colaboración supuso un extra de motivación y autoexigencia. Aunque en el mundo de los negocios pueden salir las cosas mal, más en un entorno tan inestable, hostil y cambiante, y en medio de una crisis sanitaria mundial, tengo mucho que agradecerles a todos, pero en especial a Anil Partap”, concluye el joven empresario.

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