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galardón arquitectónico

Vivir en un edificio Pritzker

Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal han conquistado el prestigioso premio de arquitectura | Hablamos con los residentes de una de sus obras de París, que alberga 30 viviendas sociales y 98 habitaciones para estudiantes

Exterior de la Residencia Universitaria Thionville, diseñada por Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal. | LACATON Y VASSAL

Exterior de la Residencia Universitaria Thionville, diseñada por Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal. | LACATON Y VASSAL

“Psss… ¡Es un piso como cualquier otro!”, lanza con desinterés una joven estudiante mientras trata de mantener el equilibrio en su bicicleta. Con una mano sujeta la puerta del número 22 Rue de l’Ourcq y con la otra trata de ajustar su casco. “No está hecha la miel para la boca del asno”, dirían algunos al descubrir que su morada es obra del dúo de arquitectos Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, recientes ganadores del prestigioso premio Pritzker.

En la esquina de la Rue de l’Ourcq y la Rue de Thionville, al noroeste de París, emerge un gigante acristalado, los muros son reemplazados por grandes ventanales revestidos con una futurista cortina metálica. La singular construcción alberga 30 viviendas sociales y 98 habitaciones para estudiantes. Una apuesta construida en torno a cuatro ejes: la inserción urbana, la funcionalidad, la calidad arquitectural y el desarrollo sostenible.

¿Cumple el edificio con sus promesas? Manuel se encoge de hombros. “Las habitaciones son espaciosas y no pasamos nada de frío en invierno…”, reflexiona este joven español estudiante de Traducción e Interpretación en la Sorbona, en busca de más detalles que resuelvan nuestra pregunta. Al igual que la mayoría de sus compañeros de residencia universitaria, Manuel ignoraba que vive entre cuatro paredes concebidas por Lacaton & Vassal. Más allá del letrero Residencia Universitaria Thionville, ninguna insignia ni inscripción decoran la fachada, no hay pistas ni rastro de sus galardonados autores.

La habitación de Manuel tiene 22 metros cuadrados, equipados con una pequeña cocina, un peculiar baño y un gran ventanal con dos cristaleras separadas por un espacio de medio metro. La luz reina en la instancia escuetamente amueblada con una cama simple y una mesa de estudio. Ni más ni menos que lo justo y necesario.

Salón de uno de los pisos de la Residencia Universitaria Thionville. | LACATON Y VASSAL / AFP

Reducir el consumo

Las intrigantes cortinas, de color ocre al interior y grisáceo al exterior, gruesas y rugosas, no tienen una función decorativa. Se trata de cortinas térmicas que, junto a un estor desplegable, conforman el engranaje de un sistema de regulación de ambiente termodinámico. Detrás de este complejo térmico aparece un objetivo sencillo: reducir el consumo de energía, ya sea en calefacción o aire acondicionado. “No sé exactamente cómo funcionan… ¡Nunca había visto unas cortinas así!”, bromea el estudiante mientras desliza el ventanal corredizo.

En verano, el balcón funciona como una gran veranda protegida del sol, la circulación de aire a través de él ventila el apartamento gracias a las paredes de color blanco y las ventanas de cristal abiertas; en primavera y otoño, el calor acumulado por el efecto invernadero en el espacio intermediario [entre las dos cristaleras] se transfiere a las partes aisladas del apartamento; en invierno, durante el día la vivienda aprovecha el aporte solar gracias a las grandes fachadas de vidrio y al efecto invernadero, por la noche conserva el calor gracias a las cortinas aislantes.

“Sí, sí, en invierno no hace nada de frío. Pero en verano… No te libras del calorcito”, asegura el joven español, que se instaló en la capital francesa el pasado mes de septiembre, “no conseguí librarme de un par de días de mucho calor”. La habitación de Manuel tiene vistas a la calle, donde a las cinco de la tarde de un templado día, el sol se deja ya sentir con fuerza. “Yo también llegué en septiembre, y a pesar de los 30 grados que marcaban los termómetros, en mi habitación hacía fresco”, recalca Donal, estudiante irlandés de Filología Francesa y Literatura Inglesa. Su habitación, sin embargo, da a un pequeño jardín exterior, lejos del asfalto y con una exposición más ventajosa en periodo estival.

Baño de uno de los pisos de la Residencia Universitaria Thionville. || LACATON Y VASSAL / AFP

Reducir gastos

“Desde las viviendas sociales hasta los centros de arte contemporáneo, [Lacaton & Vassal] siempre comienzan con una evaluación forense de lo que ya existe y cómo podría mejorarse con un mínimo de recursos. Prefieren las hojas de cálculo a las imágenes generadas por ordenador, con presupuestos muy reducidos y utilizando materiales sencillos con una elegante economía, para hacer más y mejor con menos”, resume con acierto el diario británico The Guardian en una entrevista con los dos arquitectos franceses.

Esta doctrina está muy presente en la Residencia Universitaria Thionville, a diferencia de buena parte de sus construcciones, basadas en la reconstrucción y la transformación, Lacaton & Vassal construyeron el lote de 128 estancias de la nada, ciñéndose a la dotación pública del proyecto: 10,7 millones de euros.

“Hacer más y mejor con menos”. El leitmotiv irrumpe con fuerza cuando Manuel abre la puerta de su cuarto de baño. La pieza es totalmente blanca, blanquísima, paredes, techo y suelo incluidos. Su funcionalidad recuerda a los toilettes de un avión y su sobriedad a los de un hospital. No hay plato de ducha, reemplazado por un pavimento de plástico que recubre toda la pieza y dotado de un desagüe metálico. Tampoco hay una cortina o mampara, elementos superfluos cuando se trata de reducir los costes. “¡Sí, no hay cortinas ni nada, primero me pareció un poco raro, pero me acostumbré muy rápido!”, exclama Donal rememorando sus primeras impresiones al aterrizar en el singular inmueble.

“Las esperanzas y los sueños modernistas de mejorar la vida de muchos se revitalizan a través del trabajo de [Lacaton & Vassal] que responde a las emergencias climáticas y ecológicas de nuestro tiempo, así como a las urgencias sociales, especialmente en el ámbito de la vivienda urbana”, reconoce en su veredicto el jurado del premio Pritzker.

Fachada que da al patio interior de la Residencia Universitaria Thionville. || LACATON Y VASSAL / AFP

Compromiso ecológico

La residencia universitaria de Manuel y Donal es, quizás, la simbiosis perfecta de la visión social y el compromiso ecológico del dúo galo. El Centro Regional de Obras Universitarias y Escolares de París (Crous), cuya misión es favorecer la mejora de las condiciones de vida de los estudiantes, se encarga de gestionar los alojamientos. Ocupar una de sus habitaciones de 22 metros cuadrados cuesta 505 euros mensuales, una suma irrisoria teniendo en cuenta los precios astronómicos de París.

En ruptura con la arquitectura haussmaniana que caracteriza a la capital francesa, tan armoniosa en su exterior como decadente en su interior —escaleras estrechísimas, problemas de humedades, espacios minúsculos, falta de luz...—, Lacaton & Vassal apuestan por “un poderosos sentido del espacio y de los materiales creando una arquitectura tan fuerte en sus formas como en sus convicciones, tan bella como pragmática”, aplauden los miembros del jurado.

“La verdad es que, a primera vista, me llevé una decepción… Había imaginado el típico edificio parisino y me encontré con un inmueble que no tiene absolutamente nada de típico”, reconoce el estudiante irlandés. En efecto, no hay rastro de los tejados de cinc, ni muros de piedra caliza, tampoco hay rejas negras ni minúsculos balcones, en su lugar hay grandes cristaleras, ascensores, una lavandería común y un espacio dedicado a guardar las bicicletas. Los códigos de la tradición arquitectónica parisina desaparecen. La funcionalidad, la ecología y el compromiso social se abren paso.

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