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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Entrevista

Ángel Viñas: “Sin la ayuda soviética, la Guerra Civil habría durado tres meses”

Ángel Viñas (Madrid, 1941) es uno de los más reconocidos especialistas en la guerra, posguerra civil española y franquismo, a las que ha dedicado numerosos libros y gran parte de su vida. El gran error de la República (Ed. Crítica) es su nueva obra. Charlar con él supone informarse, y formarse, sobre el acontecimiento histórico más importante de la España del siglo XX.

En su libro señala que uno de los factores clave del triunfo del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 fue el apoyo de Italia, pero la conspiración tenía su origen en sectores monárquicos. ¿Por qué se produce el acercamiento entre monárquicos españoles y fascistas italianos?

Desde el inicio de sus conspiraciones, incluido el fallido intento de agosto de 1932 liderado por el general Sanjurjo, la idea de los monárquicos era la de dar un golpe de Estado y afrontar, todo lo más, una guerra corta, para restablecer este régimen, pero no inmediatamente, sino al cabo de un cierto tiempo durante el cual la jefatura del Estado correspondería al general Sanjurjo y la construcción política de ese nuevo Estado recaería en José Calvo Sotelo. El objetivo era restablecer la monarquía, sí, pero no devolviendo el trono a un ya muy desprestigiado Alfonso XIII, sino sentando en él a su hijo, Juan de Borbón. Se trataba, así pues, de una monarquía de nuevo cuño, una monarquía fascistizada en la cual Calvo Sotelo desempeñaría el papel de Mussolini. En 1932 todavía no se contaba con el apoyo explícito de los fascistas italianos, pero sí más adelante, en1934, y por eso José Calvo Sotelo, a medida que se acerca el golpe de 1936, acentúa sus credenciales fascistas, en detrimento de las monárquicas, en la convicción de que contar con el apoyo de Italia, en aquellas circunstancias, iba a ser fundamental. Italia era una potencia, y eso animaba mucho a los golpistas. Por otra parte, esa situación convenía a Mussolini quien, por cierto, nunca pensó en conquistar España, como han dicho y escrito algunos, sino en ayudar a establecer un régimen político en España proclive a la Italia fascista, lo cual sería un espaldarazo para consolidar la hegemonía italiana en el Mediterráneo. El Duce, y en eso sí que acertó rotundamente, atisbaba ya una guerra con Francia e Inglaterra de la mano de Alemania.

”El principal objetivo de Stalin no era salvar a la República, sino demostrar que el enemigo común era el fascismo”

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¿Hubo negociaciones para detener la guerra entre el Gobierno republicano y los conspiradores antes y después del alzamiento de Franco?

Por supuesto. Fue el que yo califico ‘no nato’ Gobierno de Diego Martínez Barrio (político que alcanzó los cargos de presidente de las Cortes, presidente y vicepresidente del Consejo de Ministros, presidente interino de la Segunda República Española y presidente de ésta en el exilio).

¿Y en qué consistieron?

Casi al mismo tiempo en que se sublevó Franco, puede que uno o dos días antes, en vista de una serie de graves acontecimientos e indicios de un inminente golpe de Estado, Azaña encarga a Martínez Barrio que constituya un nuevo gobierno y negocie con el general Mola, pero éste, que lo que quería era cargarse directamente a la República, le dice que ya es demasiado tarde, que ya ha corrido sangre.

En esos momentos, se creía que quien dirigía el golpe era el general Sanjurjo. ¿Por qué entonces Azaña quiso negociar con Mola?

Sanjurjo aún vivía, pero en su exilio en Estoril, y Franco estaba en Marruecos. Sin embargo Mola estaba en Pamplona, más cerca, y quiero suponer que debió ser por eso. Y esa seguramente fue otra de las razones por las que la República no pudo detener el golpe. ¿No supo, no quiso, no pudo? Quiso y supo, pero lo hizo mal, o sea, que no pudo, porque es que, encima, el gobierno republicano desconocía la conexión fascista de los conspiradores.

Del general Mola se ha escrito mucho pero, según usted, no siempre acertadamente.

Sobre Mola se han dicho muchas cosas, pero hay una que es profundamente errónea. Mola no era ni la cabeza militar ni la cabeza política del golpe, sino el jefe del Estado Mayor de la conspiración a las órdenes de Sanjurjo, que estaba en Estoril. Durante la conspiración, se relacionaban, hasta donde yo sé, a través de dos personas: una era Pedro Sáenz Rodríguez (monárquico, diputado en las Cortes de la II República y exiliado en Portugal, donde era consejero político de Juan de Borbón) y la otra el director del Diario de Navarra, Raimundo García García quien, asimismo, era la conexión con los carlistas que, por cierto, ya habían estado en el acuerdo con Mussolini desde 1934. Es decir, que Mola a lo que se dedicaba era a seguir las instrucciones de Sanjurjo. Así se explica que Mola,ya en junio del 36, hiciese unas manifestaciones en las que decía que el Movimiento no tenía una adscripción política determinada, que no iba contra la República sino contra ‘esa República infame’, pero sin aclarar cómo iba a ser la España de después del golpe. ¿Por qué? Pues porque si dice que era para restaurar la monarquía seguro que muchos militares, que pasaban por republicanos, Queipo de Llano incluido, se hubiesen echado para atrás. Dicho esto, hubo historiadores, como Ricardo de la Cierva, que perpetraron un montaje de tal manera que esas instrucciones han prevalecido sobre los verdaderos planes monárquicos, que no se pudieron llevar a la práctica porque tropezaron con dos dificultades insalvables: la primera, que a Calvo Sotelo le pegan dos tiros el 13 de julio (y desaparece la cabeza política de la sublevación) y, la segunda, que el 20 de julio, Sanjurjo fallece en el accidente del avión que le iba a trasladar a Burgos. Fue así como la sublevación se quedó en ayunas, sin cabeza política y sin cabeza militar, y en ese hueco es en el que se cuela Franco,y digo Franco, que no el general Mola, porque hay gente que sostiene que Mola pudo haber sido un contrapeso de Franco, pero es un tremendo error. Hay que pensar en la distancia que había entre la graduacion militar de uno y otro: mientras Mola era un simple general de Brigada, Franco ya era general de División; y, por si fuera poco, porque los ataques de Mola contra Madrid fracasaron, en cambio los de Franco, no. Franco ocupó Marruecos rápidamente. Y luego está lo del telegrama….

“Franco le dijo a Hitler que el líder de la rebelión era él, cuando en realidad sabía que siempre había sido el general Sanjurjo”

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¿Qué telegrama?

El que le envía Mola a Franco para que se lo comunique al embajador de España en Berlín: ‘Di a Gramonte (el embajador) que tú y yo estamos de acuerdo’. Pero resulta que ya para entonces, Franco había enviado una misión a Berlín en la que había conseguido el beneplácito de Hitler, en cambio los emisarios de Mola llegaron tarde y además eran monárquicos. De ese modo, y como es lógico, Mola se pone a las órdenes de Franco y, a partir de ese momento, Franco se dedica a denostar a Sanjurjo y convence a los alemanes de que la cabeza militar del golpe siempre había sido él, que el que manda es él, ¡una falsedad, vaya!

No falta quien cree que Franco se convirtió en líder tras morir Mola y Sanjurjo, pero usted desvela que su nombre ya suena entre los conspiradores a la altura de 1932/33?

Según escribió Pedro Sáenz Rodríguez, y yo me lo creo, en un momento determinado de la conspiración Sanjurjo hizo preguntar a los generales que estaban en el ajo qué es lo que querían después de que triunfase el golpe. Y Franco dijo que él, lo que deseaba, era el nombramiento de Alto Comisario de España en Marruecos. Me lo creo porque Franco era consciente de que no podía disputar el liderato de la conspiración, y mucho menos al laureado general Sanjurjo, el León del Rif. Ahora bien: Franco es un hombre que se crece y que en su puñetera vida fue un idiota. Sabía lo que quería y lo que podía hacer, se trabajaba las cosas… lo que pasa es que en 1936 aún tenía horizontes limitados. ¿Como iba a ocurrírsele decir que quería ser jefe del Estado? Inconcebible. Pero el caso es que no tardó en ver la oportunidad, y la vio porque conocía la conexión con Italia.

Una figura que merece un tratamiento especial es la de Gil Robles, así como su partido, la CEDA. ¿A que partido reciente se parecía la CEDA: a Vox, a la Alianza Popular fundada por Fraga, al actual PP…?

A Vox no, desde luego. Digamos que estaría entre AP y el PP. Porque Gil Robles no era fascista, o al menos como lo era Calvo Sotelo. Era un tipo bastante siniestro pero catolicón. A él lo que le gustaba era llegar a ser presidente del Gobierno para cambiar la Constitución. Sus propuestas se centraba en los temas de la Iglesias y el régimen de familia. La CEDA era un partido confesional, el brazo político de la Iglesia católica en España.

¿Por qué Alcalá Zamora no le nombró presidente del Gobierno?

No lo sé exactamente, no tengo papeles para confirmarlo. Alcalá Zamora prefirió a Portela Valladares y hasta ahí puedo llegar. Aunque eso no quita para que opine que si hubiese nombrado a Gil Robles, a lo mejor, paradójicamente, no hubiéramos tenido guerra civil.

“Churchil convenció a los aliados de que era mejor tolerar a Franco porque les interesaba la estabilidad geopolítica de España”

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¿Y sobre su comportamiento posterior?

Pues que pierde por goleada el pulso con Calvo Sotelo que, literalmente, lo destroza en sus discursos y que, en la primavera de 1936, la CEDA se ve desbordada por las Juventudes de Acción Popular, que están ya fascistizadas, y por el verbo encendido de Calvo Sotelo. Con la CEDA en proceso de descuartizamiento, Gil Robles se pone de rodillas ante Franco, pero éste no le hace ni caso.

¿Creían los golpistas que acabarían de manera fulgurante con la República o eran conscientes de que habían provocado una guerra?

La guerra, en el mes de septiembre de 1936, estaba practicamente finiquitada y con la derrota rotunda de la República. Calculo que en octubre, el gobierno republicano hubiese tenido que rendir las armas, y así nos hubiésemos evitado la guerra y la represión, que hubiese sido, creo, menos fuerte. Y quien se dio cuenta de que la República estaba derrotada fue, en primer lugar, el presidente Azaña, que ya avisó a sus ministros de que no tenían nada que hacer, que Francia no nos ayudaba, que Inglaterra incluso estaba más contra nosotros que con nosotros y que, en cambio, Italia y Alemania apoyaban a los conspiradores. Pero entonces llegó la ayuda soviética, que fue lo que salvó a la República de caer tan pronto y alargó el conflicto bélico.

¿Y por qué Stalin sí intervino en España?

No fue tanto por salvar la República, como por reforzar su credibilidad ante las democracias liberales occidentales, para demostrarles que estaba contra el fascismo, para hacerles ver que el enemigo común era el fascismo. Pero los ingleses nunca le creyeron y, los franceses, aunque eran más permeables, no se atrevieron. ¿Resultado? Stalin recibe su primera derrota en España y esa derrota, quién sabe, igual fue la razón por la que, tras pactar con la URSS, Hitler lo traiciona, animándose a invadir la Unión Soviética.

¿Es acertado afirmar que la Guerra Civil fue el prólogo de la Guerra Fría?

Yo no llego a tanto. La Guerra Civil fue el primer capítulo o, si lo prefiere, el prólogo de la II Guerra Mundial, porque puso de un lado a las potencias revisionistas fascistas y, del otro, a las democracias liberales y la Unión Soviética: el fascismo contra todo lo demás. Ocurrió que las democracias liberales, y especialmente Inglaterra, tras la guerra continuaban sin fiarse de la Unión Soviética que estaba regida por un sistema dictatorial, alternativo al capitalismo, a la economía de mercado…y amigo, ¡con las cosas de comer no se juega!, que diría Mr. Churchill.

Churchill no fue precisamente un hombre apreciado entre los republicanos españoles.

A Churchill no le caía bien la República española; solo al final de la Guerra Civil mostró alguna sensibilidad hacia los perdedores. Pero, si vamos a los hechos, Churchill creyó tener todo bien atado, y acertó de pleno, cuando envió a dos embajadores monárquicos a hablar con Franco, en un momento en el que éste dudaba si mantener su fidelidad a un Hitler que ya estaba empezando a perder la guerra.

No sería entonces descabellado atribuir a Churchill que las potencias aliadas no solo hubiesen permitido la continuidad de la dictadura sino también de considerar la España franquista el muro de contención del comunismo en Europa occidental.

En parte fue así, pero no en el todo. El tema de España se planteó sobre la mesa en las negociaciones entre las potencias aliadas vencedoras, sobre todo entre Inglaterra y Estados Unidos: ‘¿Qué hacemos con Franco?’, se preguntaron. Los norteamericanos lo tenían claro: nos lo fumamos, lo echamos, lo dejamos fuera. Pero Churchill se niega porque a los ingleses lo que más les interesaba era la estabilidad geopolítica y geoestratégica de la zona, es decir, que no se instaurara en España la anarquía, el desorden o ‘aquella destestable República’. Aclaro que no es que Churchill quisiera a Franco, pero veía en él un mal menor. De manera que se produjo un pulso entre Churchill y Roosvelt y, cuando Churchill ya estaba dispuesto a tirar la toalla, ocurrió que el que la tiró fue Roosvelt, basándose en el: ‘Vosotros conocéis mejor a los españoles’. Así que, punto: Franco quedó salvado.

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