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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Raúl Hirakawa Andia Abogado experto en violencia de género, doctorando en políticas de igualdad y derechos

Raúl Hirakawa: «El maltratador usa el régimen de visitas para ejercer la violencia vicaria»

Raúl Hirakawa Andia

Convencido de que la nueva Ley de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia será un paso más para erradicar la violencia vicaria que ejercen los padres maltratadores contra la mujer a través de sus hijos, el abogado y experto en la materia Raúl Hirakawa Andia es tajante. Afirma que los padres que ejercen violencia de género no deben tener régimen de visitas. Al menos, hasta que no se sometan a terapia y demuestren que han asumido «su responsabilidad frente a la agresión».

¿La violencia vicaria sigue siendo una gran desconocida?

Sí, lamentablemente ha tenido que pasar el caso de las dos menores de Tenerife para que la violencia vicaria vuelva a estar en primera línea, pero no es nada nuevo, desde 2013 hasta ahora —cuando comienzan a contabilizarse— hay 41 niños y niñas asesinados por sus padres. La violencia vicaria ha sido silenciada.

A los hijos de maltratadas se les ha tratado como a meros espectadores del delito contra sus madres, ¿a qué cree que se debe?

A que se ha disociado el problema de la violencia de género, es decir, se ha considerado víctima solo a la mujer, no a los hijos. Incluso, a fecha de hoy, se está estableciendo el régimen de visitas para el supuesto agresor. Pero, cuando hay serios indicios de que esa violencia ha existido, ese hombre no va a ser buen padre, entonces, ¿cómo puede ser que se le conceda el régimen de visitas? ¿Qué ejemplo estamos dando?

¿Eso ha permitido que los padres maltratadores puedan utilizar a sus hijos para hacer más daño a las madres?

Claro. La violencia vicaria se da desde que la madre decide romper la relación con el cónyuge o pareja, ene ese momento, el agresor comienza a maquinar cómo herir a su expareja, infligirle un dolor muy grande, e instrumentaliza a sus hijos para lograr ese fin. Y cuando el hombre es condenado por violencia de género, se le concede el régimen de visitas, incluso mantiene la patria potestad sobre sus hijos.

Se ha tardado hasta 2015, con la nueva Ley del Menor, en considerarles también víctimas de ese maltrato machista.

A veces, la propia víctima, la madre, y no la estoy juzgando ni culpabilizando, quiere mantener al margen a los menores porque judicializar un caso de violencia de género es revictimizar a la víctima. Cuando la mujer decide presentar la denuncia tiene que asistir a todas las diligencias que se realicen en la policía y los juzgados y, muchas veces, quiere mantener al margen del proceso a los hijos para no amplificar su dolor. Esto es un punto a favor del agresor que hasta ahora no se había observado.

¿Por qué resulta un punto a favor del agresor?

Porque al dejar a los hijos al margen del procedimiento judicial, el juzgado concede el régimen de visitas al padre.

¿La violencia vicaria no se contempla desde el mismo momento en que una mujer denuncia sufrir violencia machista?

La máxima expresión de esa violencia vicaria es asesinar a los niños, pero no significa que esta no se dé utilizando a los niños dentro de la convivencia con la madre, y existe, incluso, la madre cae en una depresión tal que no logra entender qué ha hecho, qué error ha cometido para que los hijos se vuelvan en su contra. Todo eso es maquinado por el padre.

¿Por qué cree que se ha tardado tanto en reaccionar e incluir a los hijos como víctimas de violencia machista junto a sus madres, lo que no ocurre hasta 2015 con la Ley de la Infancia y Adolescencia?

Por el poco interés que se ha tenido sobre este problema, y de los menores, especialmente. Se dice mucho que la violencia machista, la que agrede y mata físicamente, es la punta del iceberg de las violencias sexistas. Bastante lucharon los colectivos de mujeres, costó aprobar la Ley de 2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en España, que fue estandarte en Europa.

¿Detrás de esa dificultad está ese pensamiento patriarcal que denuncia el feminismo?

A eso iba, esta violencia es estructural, falta mucha formación para dejar claro esto. Venimos de una sociedad patriarcal en la que esa violencia se ha normalizado, la mujer ha sido siempre dependiente del hombre, la sumisa, venimos desde siglos atrás. Esto ha sido así de tal manera de tal manera que la legislación lo ha avalado. Y no logramos romper ese pensamiento por eso hay tantos negacionistas, porque no son conscientes de que la violencia contra las mujeres es estructural, es un delito público y, por ello, es el Estado el que tiene que actuar.

El caso de José Bretón que asesinó y calcinó a sus hijos, que conmocionó a la sociedad, ¿cómo puede ser que no diera un giro de 180 grados en todos los ámbitos?

Porque se toman como casos puntuales, cuando no lo son.

¿El sistema se niega a reconocer esos casos como violencia de género?

El sistema tiene que trabajar mucho para combatir esta lacra social, ¿y quiénes tienen que ayudar en esto?, básicamente los operadores judiciales, los forenses, es un asunto que requiere un abordaje multidisciplinar, con psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales…, pero, sobre todo, los operadores judiciales que, con criterio discrecional, fundamenten sus sentencias.

El negacionismo también existe entre jueces y fiscales, entre abogados, ¿las leyes y la jurisprudencia del Tribunal Constitucional no deberían ir encaminadas a atajar esa resistencia?

La formación en género es esencial y falta mucha, también entre abogados. ¿Qué entendemos por género en primer lugar?, cuando estamos hablando de género estamos hablando también de los hijos, de menores. Como se trata de una violencia estructural hay que partir de poder entender el problema y asumir después que existe. Tenemos que trabajar para hacer frente a este problema, pero trabajar, no dejarlo como un asunto casuístico y muy puntual, porque no es así, todos los días hay casos.

¿Qué propuesta hace usted como experto?

Formar también a las víctimas, pedirles que denuncien, y protegerlas. Pero, claro, aquí hay que criticar al sistema judicial porque volvemos a la revictimización de la víctima, que tiene que contar una y otra vez su calvario: ante la policía, ante la fiscalía, ante el juez, en el juicio…, a alguien a quien no conoce y queda agotada. Hay que tener empatía con ella para que te pueda contar la desgracia que ha vivido en su hogar, con su pareja.

Y se le cuestiona a ella antes que al violento machista.

Efectivamente. Admiro mucho el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de los operadores judiciales, pero falta mucho aún, hay que tener empatía con la víctima, que no partamos de la idea de que la mujer está haciendo una denuncia falsa porque, si es así, lo demás ya no tiene sentido.

Pero continúa ocurriendo, incluso en agresiones sexuales.

Desde esa visión machista, son ellas las provocadoras, se parte de ahí y solo se romperá esa visión con formación en igualdad desde que el niño y la niña entran en la escuela, como educación obligatoria, y hay que actuar en el ámbito familiar. Esto requiere decisiones políticas y, en el Congreso, que legisla, hay posiciones muy contrarias a reconocer esta violencia, por eso hay que trabajar a nivel político y contar con asistencia jurídica, legal, que tenga perspectiva de género. No se trata de que el feminismo quiere acabar con los hombres, se lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

¿Qué decir a los negacionistas?

Que no insistan en negar la realidad, que científicamente está demostrado que el Síndrome de Alienación Parental no existe.

Las denuncias de las víctimas quedaban en papel mojado si no declaraban en juicio.

El Tribunal Supremo ha cambiado eso, aunque es un precedente que debe figurar en la legislación para asegurar que se aplica. Una vez que se llega al juicio oral, cuando el abogado de la víctima presenta el escrito de acusación contra la expareja, si ella decide no declarar, el juez o la jueza y el fiscal pueden estimar si se admiten las pruebas presentadas hasta el juicio que demuestran esa agresión.

Se relaciona el no declarar con la falsa denuncia.

Solo un 0,01% son denuncias falsas. Detrás de ese silencio está el miedo de la mujer al maltratador, a veces llegan amenazadas, no solo por parte de él, sino de su familia, incluso por la familia de la propia víctima, sus padres la presiona, porque la cultura patriarcal pesa mucho, el qué dirán de mi hija.

¿Por qué cada vez hay más asesinatos, incluso de los hijos?

El maltratador es un egocéntrico, todo es de él, o de nadie: sus hijos y su mujer, incluso sus vidas y todo lo que les concierne. Cuando la mujer decide romper la relación, ve que se le va de las manos y mucho más si ella decide rehacer su vida. Los expertos explican que puede llegar a matar y matarse porque ‘si los que son míos ya no están porque yo lo he decidido así, ¿yo para qué estoy?’.

¿Retirarles la patria potestad es esencial para frenar esa escalada?

Hay un punto neutro, los padres maltratadores se pueden llevar a sus hijos si son menores de edad. Por eso decía que se ha disociado el problema de la violencia de género, que afecta también a los hijos. Si los estamos reconociendo como víctimas de ese delito, hagámoslo en toda su extensión, no solo cuando sufran en casa. A los padres maltratadores se les da el régimen de visitas y la orden de alejamiento no afecta a los hijos, ¿quién entiende eso?

¿Tiene que haber una desvinculación total?

Efectivamente, hasta que el maltratador asuma su problema.

Está comprobado que un porcentaje muy bajo de hombres que ejercen violencia machista no se replantean su actitud, los programas de rehabilitación son seguidos por muy pocoss.

Pero hay que trabajar eso también. Hay terapias, no creo que el agresor lo sea hasta que se muera, también se puede trabajar para que asuma su responsabilidad frente a la agresión en la que ha incurrido.

¿Cree que alguien que mata a sus hijos es recuperable?

No, eso no lo tengo claro.

¿Entonces, cómo se diferencia qué padre violento es recuperable y cual, no?

Eso lo determinarán los psiquiatras y los forenses. Detrás tiene que haber un trabajo multidisciplinar; hay que trabajar siempre con un equipo psicosocial con los menores y con los padres.

¿Cree posible reconducir la información manipulada que el progenitor maltratador inculca a sus hijos sobre la madre; puede n los hijos llegar a tener una relación sana con ella?

Claro, siempre y cuando haya voluntad de esos niños si ya son mayores de edad. Es un asunto muy complejo porque han normalizado todo. Las madres que sufren violencia de género no han tenido recursos suficientes, ni información, para pedir ayuda. Y callan para evitar el sufrimiento de sus hijos, hay madres que, incluso, no les hablan mal del padre. Sin embargo, el padre trabaja para que los hijos vayan en contra de la madre.

¿Un niño o niña que acaba en las redes del padre maltratador y llega a adulto en esa maraña, podrá deshacerse de ese nudo, entonces?

Con formación en igualdad, aunque haya crecido con esa influencia del padre violento, es posible que él mismo pida ayuda.

Tras la pandemia hay más denuncias, ¿a qué se debe?

Incluso, por los hijos menores de edad, ellos ven televisión, escuchan, y se están informando sobre cómo actuar.

¿La nueva Ley de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia, que entró en vigor este viernes, permitirá atajar esa violencia de género y vicaria?

Creo que sí, además obliga al Estado a crear juzgados específicos para proteger a los menores, con jueces especializados también en esa protección integral

La violencia machista entre los más jóvenes ha aumentado.

La ley en educación es una cuestión política, y cada gobierno la modifica. Necesitamos formación en género y, como he dicho, ese término suscita una discusión política. La consecuencia es que se hace poco y nada como se debería: en los colegios seguimos sin tener una formación específica a pesar de la ley de 2004; a nivel universitario, no hay un curso específico sobre esto. ¿Formamos a los docentes en género?

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