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Música

Viaje al planeta Zappa

Genio para unos y chiflado para otros, creador compulsivo y legendario guitarrista para todos, un documental trata de entender al hombre oculto tras el magnífico mostacho

Viaje al planeta Zappa

Se hace difícil precisar todo lo que Frank Zappa fue. Icono underground de los 60. Virtuoso de la guitarra y multiinstrumentista. Director orquestal. Escritor y actor ocasional, cínico satirista, tertuliano televisivo, activista político y hasta mesías para el pueblo checoslovaco. También, sobre todo, el creador compulsivo —con su nombre se han publicado 116 álbumes oficiales, 53 de ellos tras su muerte— de una música imponente, excéntrica, experimental, provocativa y alucinada que desafía categorizaciones; es a la vez rock, y jazz, y blues, y música concreta o, para resumir, es Zappa.

Un nuevo documental trata de entender al hombre oculto tras el magnífico mostacho, considerado un genio por unos y un simple chiflado por otros, y de detallar su permanente batalla contra la superficialidad y el conformismo.

Homólogo de Bartók

Zappa incluye una cantidad sorprendentemente escasa de imágenes del artista sobre el escenario, al frente de la mítica banda Mothers of Invention. Asimismo, el periodo de los 70 durante el que produjo algunos de sus discos más míticos —Overnite Sensation, Apostrophe, One Size Fits All, Joe’s Garage— queda reducido a apenas 30 segundos de metraje.

La intención de la película es otra: demostrar que su protagonista fue uno de los compositores de música modernista más innovadores del siglo XX, un homólogo de Béla Bartók o Igor Stravinsky obligado por las circunstancias a crear su obra disfrazado de rockero.

Como recuerda el documental, Zappa se confirmó como un outsider renegado desde que, siendo aún niño, empezó a experimentar con explosivos —a los 15 años intentó hacer volar su colegio por los aires—, pero ese estatus se viralizó con la publicación del primer álbum (doble) de Mothers of Invention, Freaks Out! (1966); mezcla inclasificable de rock, R&B, doo-wop y vanguardistas collages, aquella colección de 14 canciones expresaba un completo desdén por la moda y la norma. Y lo mismo puede decirse de los conciertos de la banda, espectáculos agresivos que aunaban elementos de la comedia bufa y el Teatro de la Crueldad y que la nueva película resume con imágenes de archivo de músicos que simulan sexo con peluches y chorros de nata batida lanzados al público desde el trasero de una jirafa de juguete.

Desde entonces, Zappa siempre molestó a aquellos que pretendían etiquetar lo que hacía. Aunque podía componer música increíblemente pegadiza —así lo demuestran himnos como Peaches en Regalia y el hit Valley Girl, que grabó junto a su hija adolescente Moon Unit–, siempre fue muy explícito acerca del odio que le inspiraban las radiofórmulas y los rankings de éxitos. Y pese a su desprecio al negocio musical, y en buena medida a causa de él —tenía que autofinanciarse—, se convirtió en un avezado empresario discográfico y del merchandising. No es la única contradicción que define su figura: fue un símbolo de la contracultura pero disfrutaba riéndose de los hippies, y decía buscar una conexión pura con sus oyentes mientras, por otro lado, se empeñaba en ahuyentarlos.

Drogas no, ‘groupies’ sí

El director de Zappa es el actor Alex Winter, conocido sobre todo como coprotagonista de la saga Bill y Ted junto Keanu Reeves. A lo largo de la película se delata como un fan, pero no santifica a su ídolo. Trabajar con él podía ser una pesadilla, por su carácter a veces intransigente y hasta cruel y por las extraordinarias exigencias técnicas de su música. Era, además, tan contrario a las drogas que prohibía su uso a los miembros de su banda, y en general exhibió un conservadurismo moral y político cercano al movimiento libertario y al Tea Party —en los 80, eso sí, usó su feroz individualismo para erigirse en adalid de la libertad de expresión de los artistas—. Y, como confiesa resignada frente a cámara su esposa Gail, nunca se molestó en ocultar sus continuas infidelidades. Consideraba que acostarse con las groupies era parte del oficio.

Al final, la imagen que Zappa acaba ofreciendo de su héroe es la de un hombre triste, resignado a su propia impotencia frente a los dictados del mercado y abrumado por su empeño en el imposible de dar vida material a todos los sonidos que tenía en la cabeza, progresivamente debilitado por el cáncer de próstata que acabó con su vida en 1993.

Meses antes de su muerte a los 52 años, había dado en Fráncfort (Alemania) el concierto con el que termina la película; y un poco antes, en 1991, había dado el concierto con el que empieza, en Checoslovaquia, donde lo adoraban y lo consideraban un símbolo de su recién lograda independencia. Allí, desde el escenario, lanzó al público las mismas palabras que probablemente él mismo usó como máxima durante toda su vida. «Por favor, tratad de mantener vuestro país único. No lo convirtáis en otra cosa, mantenedlo único».

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