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Nueva Zelanda, el búnker de los ‘vips’

El precio de la vivienda se ha disparado por el efecto de la pandemia y el terror climático | El Gobierno prevé atraer a más millonarios con sus nuevas políticas migratorias

La paradisiaca Waiheke, a media hora en ferry de Auckland. |

Bienvenidos a Waihe-ke, un paraíso aislado en las antípodas pero a la vez a media hora en ferry de la capital neozelandesa, Auckland. Viñedos, playas, buenos restaurantes y mucho aire puro y naturaleza en su esplendor, apenas habitantes y ...millonarios. Este es el último retiro elegido por las fortunas de todo el mundo, en especial las estadounidenses, para sobrellevar la pandemia pero aún antes, los miedos a la crisis climática y sus consecuencias. El covid podrá neutralizarse ya, pero el freno al calentamiento global ya veremos.

La oferta inmobiliaria es de hipo. Una casa de tres habitaciones y dos baños a dos minutos de la bahía Woodside, en Waiheke, se convierte en una joya con piscina y spa, terreno y, como reza la Real State que la promociona, Sotheby’s, «no es una exageración decir que en este espacio privado puedes amplificar la conexión con la tierra, el mar y la bahía». Por 1,7 millones de euros, eso sí.

Si eres propietario de una casa en Nueva Zelanda estás de suerte, porque en los últimos meses se ha disparado su valor: según el portal especialista One Roof, en estos momentos hay 20 suburbios del país donde el precio medio de una casa está en 1,1 millones de euros. Hace solo cuatro meses, eran 11 áreas. Y otras 13 están a punto de sumarse al club de las zonas con viviendas millonarias, vaticinan los expertos de One Roof. Si no eres propietario… está más difícil que nunca comprar, a no ser que seas extranjero y muy rico. La prestigiosa consultora de Real Estate Knight Frank no solo ha cifrado el aumento en un tercio de los millonarios que viven en Auckland, en los últimos cinco años. Prevé, además, que en los próximos cinco el número de supermillonarios, aquellos cuya fortuna supera los 25 millones de euros, se dispare un 52%.

El azote mundial del coronavirus, sumado a la creciente preocupación por la crisis climática, fue el acicate para convertir 2020 en un año estrella para Nueva Zelanda, que desde hace una década cultiva su vocación de destino vacacional y de inversión, animado por los vínculos culturales, el paisaje y la estabilidad política y económica. Durante lo peor de la pandemia, la primera ministra Jacinda Ardern impuso confinamientos y toques de queda muy duros, cerró las fronteras de la isla y fue el primer país que levantó cabeza como covid free. Luego ha habido algún brote, muy localizado, con idénticas respuestas estrictas.

Mansiones de la península de Coromandel, en la isla Norte.

Mansiones de la península de Coromandel, en la isla Norte. CAROL ÁLVAREZ

Ahora, Nueva Zelanda quiere usar la pandemia como reset a sus políticas migratorias y prepara ya la reapertura de fronteras con un objetivo claro: Ardern ha manifestado que quiere «desplazar» las políticas de los últimos años que captan a trabajadores extranjeros poco cualificados y que son mano de obra barata, por otras orientadas a atraer inmigrantes con alta capacitación, formación tecnológica y en profesiones de futuro. Esto es, en general, gente rica. De hecho, el Gobierno prevé una batería de exenciones migratorias para atraer a extranjeros ricos, y los primeros cálculos apuntan a que, una vez abra fronteras, podría atraer ya a 200 millonarios en los primeros meses.

Cinco fortunas

Ardern recibió durante el confinamiento mucha presión de los lobis económicos. Apenas cinco fortunas pudieron abrirse paso en la maraña administrativa para aterrizar en la isla con sus inversiones, que sumaban 21 millones de euros, y según desveló la publicación neozelandesa NRW, otros cientos de inversores con provisiones superiores a los dos billones de dólares del país no pudieron optar a residencia por el cierre de fronteras.

El «bienvenido señor millonario» de Nueva Zelanda, con todo, pretende exigir algo a cambio. No es casualidad que la última lista NBR de fortunas en el país, una especie de lista Forbes, haya excluido por primera vez a aquellos que no han aportado beneficios a su nueva residencia.

Peter Thiel, el billonario de Silicon Valley fundador de Palantir y confundador de Paypal es uno de los excluidos de la lista este año, pese a ser uno de los principales promotores del efecto llamada sobre la isla por su escudo medioambiental.

Y es que su reclamo como refugio climático de la isla también ha generado un boom sostenido en los últimos años por la compra de tierra para construir búnkers. Empresas como Rising S Company o Vivos ofrecen más de 300 viviendas protegidas para quienes tienen el poder adquisitivo y el terror climático suficiente como para invertir y migrar. Las tarifas de los búnkers pueden oscilar entre 1,7 y 4,7 millones de euros.

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