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el gran apagón

¿Puede colapsar internet?

La reciente caída de Facebook, Whatsapp e Instagram podría ser el tráiler de un desplome más general de la red [] Expertos e investigadores insisten en que internet tiene puntos débiles y que el apagón es más que probable [] La pregunta es cuándo sucederá

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El pasado 4 de octubre, los 2.700 millones de usuarios de Facebook que hay en todo el planeta, los 2.000 millones que se comunican a diario por Whatsapp y los 1.200 millones que son asiduos a Instagram probamos en nuestras carnes y pantallas cómo podría ser la vida sin internet. La inquietante sensación de querer acceder a la red y no poder hacerlo duró solo seis horas y afectó únicamente a estos tres servicios, pero la fuerte penetración social de estas aplicaciones y el impacto que este simple incidente ha tenido en nuestras rutinas —cuesta encontrar a alguien que no viera alterados sus hábitos de comunicación el lunes por la tarde— invitan a plantear qué ocurriría si ese fallo afectara a más entidades y funciones online de las que hoy dependemos tanto.

¿Y si un día se vinieran abajo a la vez los servidores de Facebook, Google, Amazon, Apple, Microsoft, Netflix y el resto de gigantes de internet por donde circula la mayoría del tráfico online? ¿Y si, por contagio, el fundido a negro llegara a afectar también al servicio bancario, las centrales de reservas de viajes y las plataformas de videollamadas a las que tanto nos hemos acostumbrado durante la pandemia? ¿Cómo sería vivir sin poder mandar ni recibir e-mails, teletrabajar, operar con el banco, comprar un billete de tren, ver una serie en nuestra plataforma favorita y abrir el móvil cada minuto para descubrir que tenemos el acceso a datos inhabilitado?

Los expertos en ciberseguridad reconocen que un ataque combinado a las principales entidades podría causar el gran apagón

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La idea de una caída global de internet suena a distopía apocalíptica más propia de la ciencia ficción que de la realidad, pero tampoco habríamos creído a nadie que nos hubiese avisado de la pandemia del coronavirus seis meses antes de que se produjera. A diferencia del imprevisto colapso causado por el covid, cada vez se oyen más voces que advierten de un más que probable hundimiento generalizado de la red. La periodista Esther Paniagua acaba de publicar el ensayo Error 404 (Debate), cuyo subtítulo lanza un desafío: ¿Preparados para un mundo sin internet?. Tras entrevistar a multitud de tecnólogos y expertos en ciberseguridad, la investigadora se muestra concluyente: «Definitivamente, puede ocurrir. La pregunta del millón es cuándo», avisa.

¿Es posible una caída global de la red?

Vista en retrospectiva, la pandemia del coronavirus lleva avisando desde principios de este siglo. Las epidemias de SARS-CoV-1, de 2003, y MERS, de 2012, fueron anticipos de lo que vino después. Por continuar con el símil, los ensayos del gran colapso de la red que auguran algunos expertos serían todas las pequeñas caídas que han venido produciéndose en los últimos tiempos en multitud de servicios y firmas de internet.

Este año, hasta la reciente debacle de Facebook, el mayor susto online lo habían padecido el Gobierno de Reino Unido, Twitch, Amazon, Reddit y los diarios The New York Times, Financial Times y The Guardian: debido a un error informático provocado por los técnicos de la compañía de computación en la nube que les da servicio, Fastly, sus webs permanecieron inaccesibles durante más de una hora el pasado 8 de junio. Un mes más tarde, el 22 de julio, un fallo del proveedor de servicios online Akamai dejó media internet a oscuras durante otra hora. Entre sus damnificados había multinacionales como Amazon, PlayStation, Airbnb y HBO, así como varias aerolíneas, entidades bancarias y plataformas de juegos online.

Esta vez, los usuarios de Twitter se burlaban de las desgracias de la clientela de Mark Zuckerberg, pero el 15 de octubre de 2020, hace justo casi un año, esos mismos tuiteros manifestaban menos ganas de guasa después de pasar más de dos horas sin poder tuitear debido a un fallo técnico. En el otoño y el verano de 2019, esta plataforma ya había sufrido sendos contratiempos parecidos. Ni siquiera el todopoderoso Google se ha librado de los apagones: el 14 de diciembre de 2020, servicios tan utilizados como Gmail, YouTube, Google Drive o Google Maps permanecieron inactivos durante una hora por un fallo técnico, un bloqueo que ya habían padecido el buscador y su servicio de correo el 20 de agosto de ese mismo año.

¿Estas pequeñas incidencias resueltas en cuestión de horas y limitadas a una serie de servicios digitales podrían ser el canario en la mina que avisa de un colapso de mayor escala? «Una cosa es internet y otro la web. Tumbar la red es muy difícil, porque es muy resiliente y siempre va a encontrar la forma de seguir funcionando. Pero un ataque masivo a las páginas y servicios que acaparan la mayor parte del tráfico, o un fallo en cascada de estas webs, sí son escenarios posibles. Me temo que no seremos conscientes de esta eventualidad ni de sus consecuencias hasta que ocurra», advierte el experto en internet Andreu Veà.

¿Cómo se produciría?

En Error 404, Esther Paniagua enumera hasta «cinco caminos hacia el apagón», pero no todos son igual de probables. «Un fallo o un ataque al protocolo BGP, que decide cómo viajan los datos online, puede provocar un corte de varios días. Así fue como la agencia de seguridad estadounidense (NSA) desconectó por completo, y por error, a Siria durante dos días en 2012», destaca la investigadora, quien también apunta a otra grieta de la red que podría dejar a la población incomunicada: «A través del sistema de nombres de dominio DNS, se puede boicotear internet durante días. Un error de este tipo borró todas las webs de Suecia en 2009 y algunos servidores tardaron varios días en recuperarse».

La versión oficial ofrecida por Facebook para justificar la caída la semana pasada apunta a un fallo humano, pero los expertos en ciberseguridad le temen más a un ataque malintencionado que a un error de diseño de las webs para aventurar cómo podría ser el gran fundido a negro de internet. «Un escenario fácil de imaginar es un ataque de denegación de servicio (DDoS). Consiste en hacer peticiones a un servidor desde millones de computadoras que tienen instalado un troyano hasta que el servidor atacado colapsa. Ocurre a diario con multitud de compañías online. Los gigantes tecnológicos tienen buenos sistemas para defenderse, pero ningún cortafuegos es infalible», explica David Sánchez de Groeve, responsable de ciberseguridad de un banco internacional radicado en Oriente Próximo.

Por si internet se viene abajo y no podemos acceder a archivos y servicios, aconsejan guardar copias de seguridad de todo lo subido al ciberespacio

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El Informe Anual de Seguridad Nacional del Gobierno de España de 2019 apuntaba a un posible ciberataque como la mayor vulnerabilidad que afrontaba el país y entendía que una hipotética pandemia era la penúltima amenaza posible. Luego pasó lo que pasó, pero aquel diagnóstico era comprensible: ese año, España había sido víctima de 36 ciberataques críticos.

Pero la mayor debilidad de la red no es de naturaleza cibernética, sino física. «Bastaría cortar los cables submarinos de fibra óptica por los que circula la mayor parte del tráfico para provocar un colapso importante. Es el verdadero tendón de Aquiles de internet», advierte el tecnólogo Rafael Merino. En su libro Mundo Orwell: manual para vivir en un mundo hiperconectado, el coronel del Ejército del Aire y experto en ciberseguridad Ángel Gómez de Ágreda reconoce que actualmente las grandes potencias tienen medios militares preparados para «atacar estos cables y cortar las comunicaciones de los adversarios» si fuera preciso. «Ahora mismo estamos en un estado de guerra permanente, pero no se libra de forma física, sino cibernética», reconoce el militar.

¿Cómo lo viviríamos?

Nuestra progresiva dependencia de servicios online obliga a imaginar el día del apagón generalizado de internet como una jornada de auténtica pesadilla. Ninguna actividad relacionada con la red sería posible. «El día uno sería un mal día, porque lo pasaríamos preocupados por nuestro trabajo en la nube, tratando de averiguar qué ha pasado con la transacción bancaria que teníamos pendiente y molestos porque nuestros dispositivos conectados no funcionan y no podemos hacer tareas online. Pero me preocupa más el día tres», señala Esther Paniagua sobre una hipotética caída de la red prolongada en el tiempo. «Después de 48 horas sin internet, pasaríamos de la preocupación al caos y el pánico, con servicios críticos inaccesibles y problemas crecientes de abastecimiento. Sería una versión salvaje de los problemas que estamos viendo en Reino Unido tras el Brexit o de la escasez de productos que vimos los primeros días de la pandemia», añade la investigadora.

La experiencia más parecida a una caída generalizada de la red la vivieron en Estonia en 2007, cuando un ciberataque dirigido desde Rusia devolvió durante días a la era preinternet al país más digitalizado e hiperconectado del planeta. «Aquello fue una lección para la ciberseguridad mundial. Desde entonces, a ningún país se le ocurre conectar a la red los servicios básicos como la energía, el agua o la defensa. Si se cae internet, no podremos comprar un billete de avión, pero los aeropuertos seguirán funcionando», destaca Sánchez de Groeve.

¿Internet es fiable?

La estructura descentralizada de internet es, aparte de su principal rasgo identitario, su mayor salvaguarda. «Internet es como una red de carreteras. Podemos cortar las vías principales, pero siempre va a existir la forma de ir de un punto a otro dando un rodeo», explica gráficamente Rafael Merino. Sin embargo, esa arquitectura mallada es cada día más deficitaria. «Internet tiende al monopolio y cada vez hay menos actores responsables de un mayor tráfico de datos y de ofrecer más servicios online. Esto es un peligro, porque atacando a esos pocos agentes es posible hacer mucho daño», señala Andreu Veà.

Internet está sostenido sobre 13 servidores-raíz distribuidos por todo el planeta que dan servicio a todos los servidores que hay en la red. Sin ellos sería imposible usar internet. Los expertos en ciberseguridad reconocen que atacar estos 13 nodos principales es casi imposible, pero los demás son más vulnerables. «Por eso, las grandes empresas y las compañías que ofrecen servicios críticos a la población deben tener planes de contingencia para hacer frente a un eventual ataque. Si la caída es inevitable, lo importante es restaurar el servicio cuanto antes», destaca Jorge Chinea, responsable de ciberseguridad en servicios reactivos del Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe).

¿Cómo protegerse?

Los usuarios disponen de pocas herramientas para evitar un ataque cibernético que acabe tumbando todo internet o gran parte de la red. Sin embargo, sí pueden tomar medidas para que los efectos de ese apagón sean menores. La principal recomendación apela al sentido común: si una caída de internet nos impide acceder a todos los contenidos que tenemos en la nube, lo prudente sería conservar una copia de seguridad de esos archivos. «Pero no hay que hacer un solo backup, sino varios, en distintos formatos, desde discos duros a DVD o papel, y guardados en sitios diferentes», advierte Andreu Veà, quien se pone a sí mismo como ejemplo de esa precaución: su libro Cómo creamos internet lo publicó en papel, pero no en formato digital. «El XXI será recordado como un siglo negro porque no quedarán registros de nuestra actividad. Dentro de 100 años, todos los tuits, posts y emails que hayamos escrito habrán desaparecido, pero mi libro seguirá estando disponible», explica este tecnólogo.

Internet se sostiene sobre 13 servidores-raíz distribuidos por todo el planeta que dan servicio a todos los servidores que hay en la red

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En opinión de David Arroyo, investigador de ciberseguridad del CSIC, la eventualidad de un fallo generalizado de internet debería llevar a los usuarios a plantearnos una relación diferente con los servicios online a los que nos hemos hecho adictos. «Prepararnos para vivir sin internet implica aprender a buscar información fuera de Google, tener nuestros recursos digitales al alcance sin necesitar acudir a la nube y conservar nuestros contactos de forma analógica, fuera de las redes sociales. Se trata de recuperar la red que antes formaba parte de nuestro día a día. Conservar lo viejo es, a día de hoy, la mejor forma de proteger nuestra autonomía», advierte el experto.

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