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un disco revolucionario

Nirvana 30 años de ‘Nevermind’

El álbum ‘Nevermind’, motor del movimiento grunge, ha cumplido tres décadas convertido en un símbolo insurrecto | Coincidiendo con el aniversario del disco, ha visto la luz en castellano la referencial biografía del grupo ‘Come as you are’

Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl, integrantes del grupo Nirvana. | LP/DLP

Qué cosecha, la de aquel año 1991: Primal Scream, Metallica, Red Hot Chili Peppers, My Bloody Valentine, REM, Guns n’Roses… Álbumes relevantes en órdenes muy distintos, si bien ninguno de ellos llevó el poder del rock más allá del rock como Nevermind, de Nirvana, bomba cultural dirigida a los cimientos de la gran industria musical. ¿Logró sus propósitos a largo plazo? La discusión está abierta, si bien cabe conceder que, más allá de la sacudida inicial, con aquel barrido (temporal) de figuras pop huecas y el auge del rock independiente a lomos de la marca grunge, el álbum, lanzado aquel 24 de septiembre, permanece como una pieza de música bella y salvaje, de poética sufrida y dinámicas bigger than life, que bien puede seguir capturando a cualquier oyente tres décadas después.

Festeja el cumpleaños de Nevermind la edición de un libro troncal, Come as you are. La historia de Nirvana (Contra), de Michael Azerrad, venido directamente del fragor de aquellos días en que una banda de ética punk conquistó el mundo: el volumen vio la luz en inglés en 1993, es decir, cuando el grupo todavía existía, como reflejo vivaz del vínculo amistoso del autor con los músicos, y aparece ahora en castellano en la cuidadosa traducción de Elvira Asensi (que ya se las tuvo con sendos tomos de Neil Young y Richard Lloyd, de Television).

Antes de la mitología

La distancia temporal siempre puede modificar percepciones, pero Azerrad destaca a este diario que el libro fuera escrito en ese momento, «antes de que décadas de dudas y de construcción de mitos se asentaran sobre la banda como una nube de polvo, oscureciendo lo que realmente era Nirvana y lo que significó para la gente». El autor subraya que no es una biografía autorizada y que la banda no lo controló. «Ese fue mi acuerdo original con Kurt. Le dije: ‘No se puede autorizar’. Y Kurt me contestó: ‘Claro que no, eso sería demasiado Guns n’Roses’». El autor prepara ahora una versión «extensamente comentada» de su obra, incluyendo «algunas revelaciones».

Se eleva sobre el relato el aura de un artista, Kurt Cobain, cuyo historial fluye con detalle (el divorcio de sus padres, la vida en la decadente Aberdeen, la hiperactividad diagnosticada, los dolores estomacales), un chico que, según declara él mismo en el libro, la mitad del tiempo era «un capullo nihilista», y la otra, «tremendamente vulnerable y sincero». Azerrad lo recuerda como «una persona torturada, pero también reflexiva y sensible, lo cual es remarcable, porque a menudo, la gente con ese nivel de éxito se obsesiona con ella misma», cuenta el autor. «Kurt tenía empatía».

El fin del rock en 1991

Nevermind es el símbolo de, cuanto menos, el intento no calculado de derrocar el orden industrial de la cultura pop. «Llegó en el momento preciso, cuando la gente estaba harta de música manufacturada, sin contenido, como la de las boy bands y el hair metal», argumenta Michael Azerrad. Al lector del libro quizá le sorprenda constatar que ya en 1991 se hablaba del fin del rock (supuestamente liquidado por criaturas como Paula Abdul y Milli Vanilli, hoy en la cuneta), y que también entonces, como escribe Azerrad, los veinteañeros de Estados Unidos, escarmentados a base de Reagan, sida y pesadillas nucleares, «estaban seguros de ser la primera generación en albergar pocas esperanzas de que les fuera mejor que a sus padres».

En ese paisaje tibio creció Cobain, buscando primero el alivio en los discos de las stadium bands. Ironizaba con hacer de Nirvana «el grupo más grande del mundo», si bien luego el sueño dorado se convirtió en fuente de angustia. «Kurt tuvo un fuerte conflicto con la fama», observa Azerrad. «Creció escuchando a Kiss, Cheap Trick, Queen y Black Sabbath, pero luego se metió en la escena punk de Olympia, Washington, que era muy anticorporativa y que le causó una gran impresión. Nunca pudo conciliar plenamente ambos paradigmas».

Portada del disco legendario.

Portada del disco legendario.

Nevermind trajo consigo un enfoque del rock antagónico con las superproducciones de la época, atendiendo, según Azerrad, al «ciclo continuo en el que la música pop blanda es reemplazada por sonidos más orgánicos, como el auge del folk a principios de los 60 o el punk rock a finales de los 70». Según explica en el libro, el productor Butch Vig atribuía una parte del impacto de canciones como Smells like teen spirit, Come as you are o Lithium a la voz de Cobain, transmisora de «misterio, pasión e intensidad».

Portada del libro.

Portada del libro.

Sustanciosas son las observaciones sobre la naturaleza de esas canciones, hechas de la tensión entre polos opuestos, la extrema quietud y el espasmo, y de textos impresionistas (no reproducidos en el libreto del disco: «Supongo que me faltaba confianza en mí mismo», confesaba Cobain); letras ricas en fogonazos con enmiendas a los roles de género o trazos de autoparodia colectiva: hacia ahí apuntaba el espíritu adolescente, un coqueteo sarcástico con la idea de revolución. Cobain trató de espolear a su propio público tachándolo de apático, un punto que, en el libro, le lleva a confesar que se excedió. «Me obcequé en echarle la culpa a esta generación», reflexiona, sospechando que sus reprimendas le equiparaban a un «padrastro malvado».

«Basura corporativa»

Volviendo al interrogante inicial, ¿desplazó Nevermind el mainstream? Más bien parece que el impacto fue transitorio, además de resultar el canto del cisne del rock como lenguaje hegemónico en la música popular. Pero el álbum se proyectó en el duradero underground, y sigue encarnando un punto de señalización inspirador. «Con el tiempo, la gente se cansa de la basura corporativa y pide algo auténtico. Ese momento vendrá de nuevo», estima Michael Azerrad, para quien Nevermind puede seguir conquistando oyentes en tiempos de trap y reguetón porque «sus canciones provienen del corazón y del alma de Kurt, y es posible disfrutarlas tanto si te gusta el rock como si no». El disco es hasta proveedor de gloriosos chistes malos: la demanda del niño de la portada, Spencer Elden, ahora treintañero, por «explotación sexual», ante la cual Azerrad no se inmuta: «A los estadounidenses les encanta demandar».

CINCO DISCOS QUE DEFINIERON EL ‘GRUNGE’

‘Superfuzz...’ Mudhoney (1988)

‘Superfuzz...’ Mudhoney (1988).

‘Superfuzz...’ Mudhoney (1988).

Nunca rozó la gloria mainstream, pero la tropa de Mudhoney encarnó la esencia más punk y garajera del grunge de Seattle, con más rabia que épica, a partir de este tóxico primer disco, un epé de seis canciones ampliado en ediciones posteriores. En sus filas, Mark Arm y Steve Turner, ambos ex-Green River, banda seminal de la que salieron también futuros titulares de otros tres grupos, Mother Love Bone, Temple of the Dog y Pearl Jam.

‘Ten’ Pearl Jam (1991)

‘Ten’ Pearl Jam (1991).

‘Ten’ Pearl Jam (1991).

El otro superventas de esa quinta fue el debut de Pearl Jam, banda surgida de las cenizas de Mother Love Bone en la que Eddie Vedder proyectó su narrativa angustiada en piezas como Even flow (a partir de un homeless veterano de Vietnam) o Jeremy (sobre el estudiante de 15 años que se suicidó de un disparo delante de la clase). Pearl Jam saltó del club al estadio fundiendo punk y hard rock, grooves musculosos y recesos místicos.

‘Badmotorfinger’ Soundgarden (1991)

‘Badmotorfinger’ Soundgarden (1991)

‘Badmotorfinger’ Soundgarden (1991)

Veteranos desde 1984, con su tercer álbum llevaron su rock de dinámicas pausadas y profundas a un estadio más concreto, entre el aparato hard (Jesus Christ pose, vídeo vetado por la MTV, lo cual reforzó su popularidad) y el desarrollo narcótico (Searching with my good eye closed). Más apegados que sus colegas al lenguaje de los 70 (Black Sabbath), tuvieron al frente al llorado Chris Cornell, que terminó con su vida, a los 52 años, en 2017.

‘Dirt’ Alice in Chains (1992)

‘Dirt’ Alice in Chains (1992).

‘Dirt’ Alice in Chains (1992).

Como Soundgarden, Alice in Chains atrajo a fans del hard rock y del metal con sus artefactos invasivos, apenas suavizados por armonías vocales inusuales en esa escena. Desolación catártica a través de textos en los que se respiraba la adicción a la heroína de Layne Staley, que terminó con su vida un 5 de abril, como Kurt Cobain (de 2002). Them bones es indicador de su simpática lírica: «todos terminaremos como un buen montón de huesos».

‘Live through this’ Hole (1994)

‘Live through this’ Hole (1994).

‘Live through this’ Hole (1994).

La mirada folclorizada a Courtney Love ha dejado fuera de plano a su banda y su valioso segundo álbum, publicado cuatro días después de que se encontrara el cuerpo sin vida de Cobain. Obra emparentada con Nirvana por el vínculo personal y por su manejo de selváticas embestidas punk y ganchos melódicos. Título premonitorio y otra nota fúnebre a pie de página: la de Kristin Pfaff, bajista del grupo, fallecida de sobredosis dos meses más tarde.

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