El animador canario Carlos Baena desarrolló para Pixar al mítico astronauta «La humanidad de Buzz es lo que lo hace entrañable y memorable», dice

El animador y cineasta Carlos Baena (Las Palmas de Gran Canaria, 1978) fue el encargado de desarrollar durante un par de años la animación de Buzz Lightyear, el personaje de la saga Toy Story cuya popularidad lo ha llevado a convertirse en protagonista absoluto de Lightyear, el nuevo largometraje de Pixar para Disney. «Estudié al máximo las escenas suyas de las primeras dos películas de Toy Story antes de trabajar en la tercera producción», recuerda Baena. «Me encantó animar este personaje. Cuando pasas tanto tiempo con el mismo desde luego que se crea un vínculo importante», añade este prestigioso profesional que actualmente, tras abandonar los estudios de la factoría Disney, triunfa en solitario con proyectos como el multipremiado cortometraje de animación La Noria.

Pero con Carlos Baena es momento, al menos ahora, de hablar sobre el astronauta más famoso y divertido de la historia del cine. «No veo a Buzz como una criatura», dice este canario afincado en Estados Unidos. «Lo entiendo más como un personaje que tiene unas características muy específicas y humanas, que son las que lo convierten en un ser muy entrañable y memorable. Le es bastante leal a Woody [el vaquero coprotagonista de Toy Story] en su amistad y también al resto del grupo de juguetes… Pero al mismo tiempo tiene una personalidad que cambia en estas películas y que tiene un comportamiento muy divertido».

Por obra y gracias de Carlos Baena, siempre siguiendo las directrices del guión de Michael Arndt y el director Lee Unkrich, el canario se encargó de españolizar a Buzz Lightyear en la tercera película de Toy Story, donde el astronauta se marca un delirante y sentido baile al más puro estilo flamenco para tratar de conquistar a Jessie, la valiente vaquera que acompaña a la pareja protagonista y el resto de juguetes en sus aventuras.

«Desde luego», responde tajante Baena cuando se le pregunta si desde su responsabilidad como animador es importante conocer al personaje a la hora de desarrollarlo. «Yo antes de animar a Buzz en su faceta española y de bailaor, tuve que animarlo en su comportamiento y personalidad normal, que ya habíamos visto en la primera y segunda película de Toy Story. En mis primeros planos de Toy Story 3 todavía no había cambiado a su otra personalidad, pero en general cuando empecé a desarrollarlo para la tercera cinta de la saga era por su faceta de Buzz español. También quiero darle su parte de importancia a Diego Agudo, un artista español que me educó en todo lo referente al baile del flamenco y que fue la principal referencia de la actitud y movimientos del personaje durante la película, junto al pasodoble que se uso como referencia para el baile del final», rememora este animador que también trabajó en Ratatouille, Los Increíbles, Buscando a Nemo o Wall-E, entre otras joyas del estudio creado por John Lasseter.

«Fueron dos años de mi vida entre la preproducción y la producción», recuerda Carlos Baena sobre los procesos de creación de los personajes de un largometraje de animación. «Me lo pase muy bien y me gustó muchísimo la experiencia. De hecho», asegura, «no se me hizo largo el proceso, todo lo contrario».

«Normalmente se empieza con el diseño de los personajes», prosigue explicando el canario sobre los métodos de trabajo. «Ahí tienes artistas que hacen una labor muy importante desde el punto de vista de crear en papel lo que será este personaje basado en el guion. Es entonces cuando ya se empiezan a crear, incluso, expresiones que te dicen qué personalidad y comportamiento tendrá un personaje. De ahí pasa a los departamentos de modelado, shading [sombreado] y de rigging [proceso de crear un sistema de controles digitales y agregárselos a un modelo 3D para que así pueda ser animado fácilmente y eficientemente], donde se prepara al personaje en un entorno 3D para que ya pueda ser animado en la película», añade Baena antes de continuar agregando que «esta parte lleva bastante tiempo ya que pasas de un solo diseñador a un grupo de gente trabajando en equipo en el mismo personaje. Aquí, además, entran los animadores para hacer tests con el personaje hasta que esté listo para producción. Después de varios pases del rigging y los tests de animación, y una vez está contento el director, se incluye el personaje en la producción de planos animados».

Cuenta este profesional que tener o no libertad creativa cuando desarrolla un personaje «siempre depende del estudio y del director. He visto un poco las dos cosas», admite. «Hay directores que exploran bastante y otros directores que ya vienen con una idea específica de lo que quieren», añade Carlos Baena, que empezó «a mediados de los años 90 del siglo XX aprendiendo técnicas de 3D. «Aunque crecí con películas como El libro de la selva, en general siempre quise hacer cine. El 3D me acerco mucho a lo que soñaba hacer y de ahí me metí a ser animador», rememora.

«Me marché de Pixar en el año 2013, así que no estoy vinculado actualmente» a la productora que revolucionó la historia del cine de animación. «Tengo amigos que siguen trabajando allí pero trabaje en el estudio durante 11 años con lo cual es una parte importante de mi vida», asegura Carlos Baena, que destaca el nivel de animación en España: «es impresionante». «Solo tienes que ver los proyectos que se están creando con españoles en los últimos años para darte cuenta de que el talento español mueve montañas».

Esa pasión por los animadores de su país natal la ha demostrado Carlos Baena con su apuesta patria para Love, Death + Robots, uno de los productos de animación más innovadores de Netflix. El canario es el nexo que aglutina al talento español para esta serie de cortometrajes que produce Blur, el estudio de Tim Miller, director de cine y artista de efectos visuales estadounidense.

En ese sentido, le parece «muy buena idea» que Gran Canaria esté apostando por atraer a la Isla empresas nacionales e internacionales de animación para que desarrollen aquí sus producciones, construyendo estudios destinados a cubrir las necesidades de ese sector cinematográfico. «Llevo siguiendo esta iniciativa desde hace unos años y me parece muy bien».

Baena comenta que en la actualidad está trabajando en varias cosas. «Mi día a día es en una serie animada de televisión, de ciencia ficción, para la plataforma de streaming de Apple TV, con el estudio Skydance. Después ando vinculado con otros proyectos que me gustan muchísimo pero de los que, de momento, no puedo comentar nada más, al menos por ahora».

Volviendo a Buzz y al largometraje Lightyear, Baena confiesa que ignora si en Pixar «habían planeado o no» que el astronauta tuviera una película como protagonista. «Al menos cuando yo estaba en el estudio no se hablaba de este proyecto, aunque desde entonces han pasado ya bastantes años».

«No he tenido oportunidad de ver aún Lightyear por falta de tiempo durante las últimas dos semanas», reconoce el animador canario quien, cuando se le propuso este reportaje para hablar del divertido astronauta, respondía con un emoticono sonriente y un escueto «me encanta Buzz». Amor incondicional de un padre canario.