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La Provincia - Diario de Las Palmas

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«Cuando llego al clímax veo números y colores»

‘Mujeres en la cima del mundo’ es un libro que recoge la voz sexual de 51 mujeres que necesitan y merecen ser escuchadas tras demasiado silencio | Muestra unas sexualidades femeninas marcadas por placer, abuso, espiritualidad, trauma, frustración, diversión o culpa

«Cuando llego al clímax veo números y colores».

«Nunca se me ha ocurrido preguntarme si he disfrutado del sexo»; «con la penetración siento alivio en el corazón»; «el mal sexo ya no merece la pena»; «cuando tengo un orgasmo veo números y colores»; «el viaje al placer sexual lo has de dirigir tú misma»; «a veces pienso que tengo demasiadas fantasías», «los penes me dan miedo»... Estos son sólo algunos de los pensamientos sobre sexo que medio centenar de mujeres de todo el mundo han compartido en el libro Mujeres en la cima del mundo.

Para contestar a la pregunta de en qué piensan las mujeres mientras practican sexo, la escritora británica Lucy–Anne Holmes ha hecho entrevistas íntimas a 51 mujeres y ha descubierto placer, dolor, espiritualidad, diversión, sometimiento, goce, violencia, desconocimiento, culpa, empoderamiento, frustración, inseguridad y juego que integran una miríada de sexualidades femeninas que necesitan y merecen ser escuchadas tras demasiado silencio. «Para cada una de ellas, con edades desde los 19 a los 74 años, el sexo es algo diferente y su experiencia sexual difiere. Es verdad que hay algunos patrones que se identifican y repiten, pero en general la concepción del sexo es de una diversidad maravillosa», explica Holmes en una entrevista.

La escritora quería amplificar las voces sexuales de las mujeres en un contexto en el que, a pesar de que el sexo está más presente que nunca debido a la facilidad de acceso a la pornografía en la red, no se suele prestar atención a lo que se piensa verdaderamente de él y menos a lo que las féminas piensan al respecto.

«¿Qué quiero yo?»

Las mujeres que hablan en este libro son muy diversas, tanto por edad como por procedencia, pero también por sus experiencias vitales. Comparten vivencias sexuales tras el embarazo o durante la menopausia, tras recuperarse de una enfermedad, después de haber sido sometidas a mutilación genital o de haber sufrido abusos en la infancia o maltrato machista. Relatan sus vivencias mujeres trans, mujeres con discapacidad, ateas, religiosas, blancas, negras, amantes del sadomasoquismo, lesbianas, bisexuales... Holmes cree que ha llegado el momento de iniciar una «revolución sexual» del placer, del autoconocimiento y del consentimiento. El auge de la cuarta ola feminista, que ha puesto encima de la mesa el #Metoo, así lo exigen ellas.

Históricamente, la sexualidad femenina «ha estado controlada» por los hombres y por la religión, plagada de tabúes y vergüenzas, y en estos tiempos también recibe el impacto de una pornografía «hecha por hombres y para hombres». Opina la escritora que el poder sexual femenino asusta a la sociedad, por eso existe la mutilación genital femenina y ha habido tanta represión religiosa.

«Las mujeres necesitamos una revolución sexual y creo que debe empezar por preguntarnos a nosotras mismas ‘¿qué quiero yo?’ y son muchas las que no se han hecho esa pregunta tan sencilla. Estamos tan habituadas a estar en un rol secundario en el sexo que no lo cuestionamos. Y cuando lo hacemos, los resultados son sorprendentes y liberadores y llevan a las mujeres a estar entusiasmadas con su sexualidad. Merecemos disfrutar del sexo, de nuestros cuerpos, de nuestra sensualidad y de nuestra capacidad para el placer», asevera.

Muchas de las entrevistadas nunca habían reflexionado abiertamente de sexo con nadie, algunas ni siquiera interiormente. Es el caso de Rose, una veinteañera de Estados Unidos que reconocía que nunca se le había ocurrido preguntarse si disfrutaba con el sexo: «Los hombres miran porno y esperan que las mujeres tengamos el aspecto y el comportamiento de las que aparecen allí. Cuando era más joven intentaba imitarlas: gemía fuerte cada vez que ellos embestían, sin motivo alguno, ahora intento sentirme segura de mí misma y no fingir nada», aseguraba en el libro.

No estar a la altura

Con frecuencia, sostiene la autora de este libro, muchas mujeres —sobre todo en relaciones heterosexuales— piensan que el sexo es para el hombre, así que algunas lo sienten como un deber, creen que tienen que representar un papel o incluso les preocupa no estar a la altura. Piensan tanto en la otra persona que no se paran a preguntarse «¿he disfrutado esto? ¿Me gusta?». Una de las entrevistadas, Lisa (Austria), contaba que sólo se contentaba con alcanzar la perfección en el acto sexual: «Si nos acostáramos y él no se corriera, sería una catástrofe para mí. ‘¿Qué he hecho mal? ¿No me he afeitado lo suficiente? ¿Debería perder dos kilos más para estar más atractiva?’».

Holmes destaca que la visión simplista del sexo como una penetración en la que participan sólo pene y vagina ha tenido consecuencias pésimas para el placer de las mujeres, pues muchas cuentan que es precisamente lo que más les desagrada del sexo. Es el caso de Audrey (EEUU): «Mis mejores momentos sexuales casi nunca han tenido que ver con la penetración. Me cuesta relajarme cuando alguien está dentro de mí empujando. No puedo evitar pensar que es como si me intentaran meter en la vagina un pavo al horno entero».

En el libro, publicado por Acantilado, las mujeres superan tabúes y hablan en primera persona de sexo oral, sexo anal, masturbación, fantasías, menstruación, sustancias psicotrópicas, poliamor o abstinencia. En las páginas del ensayo hay mucho placer, pero también es muy habitual el dolor: acoso, abuso, violencia sexual y de género y trauma aparecen en muchos testimonios.

A Wambui , de Kenia, le practicaron la ablación del clítoris, durante el sexo a Salma (Líbano) se le viene a la cabeza su padre maltratador, a Tulipán Blanco (Japón) la violaron mientras dormía y tuvo que abortar y a Jasmine (Palestina) la raptaron cuando tenía seis años y abusaron sexualmente de ella: al volver a casa su madre le exigió que guardara silencio para salvaguardar su honra.

Energía sexual que florece

«Muchas historias son tristes y traumáticas, algunas mujeres están tratando de resolver cómo encajan el sexo en su vida después de haber sufrido un trauma sexual. Al hablar de su vida sexual actual tenían que lidiar con estos traumas. Y tú tenías que respirar hondo al escucharlas. Sin embargo, al mismo tiempo aparecía ese espíritu vencedor de las mujeres que han pasado por tanto y que aun así son resilientes. Incluso después del sufrimiento, su energía sexual puede volver a florecer: la sexualidad femenina no se puede reprimir y hay lugar para el placer», subraya Holmes.

La falta generalizada de educación sexual es un problema mundial que debe abordarse con urgencia, apunta Holmes: «Como mucho, se habla de embarazo y de enfermedades de transmisión sexual, pero debería centrarse en el consentimiento. (...) Asumimos todos que deberíamos ser una especie de magos del sexo y a menudo las mujeres esperamos que los hombres sean capaces de saber lo que nuestro cuerpo necesita. Creo que cuando realmente empezamos a explorar nuestro placer es cuando recurrimos al autoplacer y a saber lo que le funciona a cada uno y somos capaces de comunicarlo y los hombres de escucharlo».

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