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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El mito de la histeria femenina

Considerada una enfermedad que afectaba solo a las mujeres, todo comportamiento disidente se calificaba de este modo

El psiquiatra francés Jean-Martin Charcot enseña cómo tratar la histeria en 1887, en un cuadro de Pierre André Brouillet. | LP/DLP

La histeria ha estado siempre unida a la figura femenina, por increíble que parezca. Aunque en la actualidad no se considere una enfermedad, ni tampoco se afirme que sea un estado que afecta solo al sexo femenino (pues no lo es), la creencia de que hay una vinculación entre la histeria y las mujeres se remonta a muchos años atrás y dura hasta el siglo XIX.

Los primeros papiros datan de la Antigua Egipto hace más de 4.000 años y se hablaba del llamado Papyrus Ebers, que explica la histeria como un desorden causado por la migración del útero. Una idea que los griegos acogen no solo en la creencia sino en la etimología del término. Útero o hysteris era un órgano que podía moverse por el interior del cuerpo de la mujer, causándole males y síntomas que ellas no podían controlar. Esta es la teoría llamada «del útero errante», que si se instalaba en puntos concretos, provocaba sofocos, nervios u otras consecuencias físicas.

La histeria fue, durante mucho años, considerada una enfermedad femenina que se debía tratar y que, entre otros remedios, se curaba con hidroterapia (agua a presión en los genitales femeninos) o «masajes pélvicos». Muchos médicos creían que la estimulación genital al orgasmo podía aliviar dolores menstruales u otras patologías psiquiátricas. Elena Fernández, Águeda Fernández, e Irene Belda detallan en un estudio sobre la sexualidad femenina que «el Masaje Pélvico consistía en que los médicos masajean el clítoris de sus pacientes hasta producirles un ‘paroxismo histérico’, que hoy denominaríamos orgasmo».

«La mujer se considera inferior biológicamente al hombre, por tanto éstas no podían votar, estudiar pasear solas. Una mujer no podía realizar ninguna tarea parecida a las del hombre por el riesgo de volverse histérica: Una pregunta incómoda en un momento inapropiado puede ser considerada un indicio de la patología», apuntan en el citado estudio. ¿Existían «síntomas» para las «histéricas»?: «No hay un cuadro de síntomas, cualquier comportamiento anómalo que se diera en una mujer podía interpretarse como el mal de la histeria. Los síntomas era lo que se saliera de lo que socialmente estaba aceptado que hicieran las mujeres», clarifica Manuel Amezcua, catedrático de Investigación en Cuidados de Salud por la UCAM; doctor por la Universidad Alicante y profesor de Historia de la Enfermería. En la histeria, específicamente, «todo comportamiento que no era de domesticación o sumisión se atribuía a una patología,que se relacionaba con un órgano que tenían las mujeres en el vientre», completa Amezcua.

Un diagnóstico de control

«La reclamación de un cierto margen de libertad en una mujer, se consideraba signo de la histeria», dice. De hecho, admite el experto que se trataba de un método «represivo». Era, pues, un diagnóstico de control. «Había que contener a la mujer y eso se podía hacer mediante sustancias o masajes». «La histeria se consideraba ponerle nombre a un comportamiento anómalo en su tiempo, que era la explosión, descontrol de las emociones y había que contenerlo, en el siglo XIX empieza a cuestionarse que se trate de una enfermedad», dice el profesor. «La salud mental como hoy la entendemos no se instaura hasta el siglo XIX. Cuando la disciplina adquiere ciencia, ese tipo de interpretaciones se liquidan», apunta el experto.

El falso mito que vincula la histeria con la mujer

Enric Novella, psiquiatra y profesor titular de Historia de la Ciencia en la Universidad de Valencia, explica a este periódico que la histeria, que «arranca en la antigüedad clásica», ha sufrido transformaciones a lo largo de la historia. Durante los primeros siglos se asocia con el órgano genital femenino, el útero. «Durante la Edad Media y Moderna, se interpreta la histeria como algo sobrenatural, la posesión diabólica, la condición de brujas como causa», añade. A finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, empieza a definirse como una teoría de corte neurológico. «Se relaciona con enfermedades de los nervios, dentro de lo que se denomina neurosis, que no conducen a la locura en un sentido pleno, pero pueden causar alteraciones».

A partir del siglo XIX y con la llegada del Psicoanálisis de Freud, «la histeria empieza a ser concebida como un trastorno emocional, psíquico, con manifestaciones corporales», explica Novella. «Los síntomas son desconexión del medio, parálisis o alteraciones de la sensibilidad» y se asume que es un estado que tiene que ver con el malestar. «Con el psicoanálisis también se empieza a hablar de histeria como un rasgo de la personalidad o carácter», añade.

Equivalente masculino

«Curiosamente, a finales del siglo XIX, surge un equivalente masculino de la histeria, la neurastenia, que se definía como una debilidad nerviosa diagnosticada en hombres». En la Primera Guerra Mundial se ven los primeros casos en los varones, con traumas de guerra. «Los soldados vuelven traumatizados y se desvincula cada vez más la idea de un supuesto origen de cuadro histérico relacionado con las mujeres», explica el experto de la Universidad de Valencia.

Ahora, añade Novella, la histeria ya no se considera una entidad nosológica (lo que significa que no es una enfermedad) y hay muchos menos cuadros. Los que anteriormente se diagnosticarían como histeria hoy se definen como trastorno límite de la personalidad o estrés postraumático.

Aunque Enric Novella dice que «sigue siendo una cuestión vinculada al género, ya no se entiende que el origen sea algo que exista en la anatomía de la mujer». Se llegó a pensar, cuenta el experto, que ellas eran más propensas por «verter un exceso de sangre o tender a estar más húmedas».

«Los síntomas histéricos son una forma de captar la atención y resistirse de manera inconsciente a ciertas exigencias sociales o culturales. Son gestos de seducción y negativismo. Muchas veces, las mujeres, desprovistas de la posibilidad de cuestionar el orden existente, han tenido que expresarlo de esta manera», dice.

La primera histeria fue una expresión de una sociedad patriarcal y «de un discurso médico hecho por hombres ante un malestar difícil de encuadrar. Ante eso, se atribuyó al cuerpo femenino. La histeria ha sido una estrategia de las mujeres para resistirse o manifestar su malestar, y con razón».

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