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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El emperador que quiso ser mujer

El emperador que quiso ser mujer LP / DLP

Son muchos los emperadores romanos recordados por su buena gestión o por sus hazañas, pero otros, como Cómodo, Calígula o Nerón, lo son por sus excentricidades. Muchos de ellos sufrieron el damnatio memoriae, castigo por el que el sujeto transgresor era condenado al olvido, destruyéndose, de la memoria colectiva, su imagen e historia. Posiblemente, debido a esto, muchos no recordamos al emperador Heliogábalo.

Lo poco que se ha conservado sobre él lo define como un monstruo con prácticas sexuales obscenas, vergonzosas o antinaturales. No obstante, debido a esta poca cantidad de información, resulta muy difícil saber si la historia de Heliogábalo ha sido o no mitificada y llevada al extremo en ocasiones. Lo que sí sabemos es que no siguió las normas sociales y de conducta de la época y que, por ello, se le castigó.

Heliogábalo nació en la provincia romana de Siria en el 204 d.C. Allí ejerció como sacerdote del dios solar El-Gabal hasta que Julia Mesa, su abuela, pensó que su futuro ya no estaba en Siria. Su abuela era tía de Caracalla, emperador romano asesinado a manos de Marco Opelio Macrino. Ella, tras el asesinato, se encargó de fomentar revueltas entre las legiones con el objetivo de conseguir que Heliogábalo, de solo 14 años, fuera nombrado nuevo emperador romano. Julia Mesa vio su deseo realizado el 8 de junio de 218 cuando Macrino fue derrotado en la batalla de Antioquía.

Pero Heliogábalo no pensaba ser la marioneta de su abuela y, en cuanto ascendió al poder, comenzó a tomar sus propias decisiones. Lo primero que hizo fue imponer el culto a El-Gabal, desplazando al dios principal de Roma, Júpiter Óptimo Máximo, además, obligaba a los miembros del Senado a acompañarle en los rituales.

Herodiano afirma que se joven se casó en primer lugar con Julia Cornelia Paula a la que terminó repudiando, al parecer, por haber tenido algún defecto físico. Su segunda esposa fue Julia Aquilia Severa, una virgen vestal. Esto causó mucho revuelo ya que la ley romana obligaba a las vestales a ser vírgenes durante treinta años. Algunas vírgenes que transgredían esta norma eran duramente castigadas (alguna enterrada viva). También terminó repudiándola y se volvió a casar con Annia Faustina, descendiente del emperador Marco Aurelio.

Sus muchos matrimonios nos pueden hacer pensar que a Heliogábalo solo le atraían las mujeres. Muy lejos de la realidad, el joven emperador se sentía atraído por hombres y, entre sus amantes masculinos destacaron Hierocles, un esclavo griego, o el atleta Aurelio Zótico. La bisexualidad no estaba castigada en Roma, siempre y cuando la relación se diera entre un hombre mayor (el dominante) y un hombre más joven (pasivo). Pronto, Heliogábalo intentó tomar el rol de esposa en sus relaciones homosexuales, algo que escandalizó al Senado. Quiso nombrar César a su amante Hierocles para él empezar a ser llamado «la reina de Hierocles». Además, el emperador alardeaba de las sesiones de sadomasoquismo que mantenía con su rey y mostraba a los senadores los moratones que esta práctica sexual le había producido. A su otro amante, Aurelio Zótico, lo nombró su sirviente más cercano y se casó con ambos en una ceremonia pública a la que no asistieron ni los senadores ni la guardia pretoriana.

Ahí no queda la cosa. Cuenta Dion Casio que Heliogábalo encontraba divertido pintarse y vestirse como una mujer. Le gustaba llevar peluca o lucir joyas femeninas. En las fiestas iba vestido de mujer y obligaba a los asistentes a que le trataran de «ella». Según Dion Casio: «Llevó su obscenidad hasta tal punto que preguntó a los médicos si podían idear la manera de introducir en su cuerpo una vagina de mujer por medio de la incisión, prometiéndoles a cambio enormes sumas de dinero». De ser cierto, estaríamos hablando del primer caso documentado de petición de reasignación de género.

Heliogábalo abogó por los derechos de las mujeres en muchas ocasiones y fue el primer emperador que permitió la entrada de una mujer en el Senado. Podría haber construido un Senado formado solo por mujeres.

Su final llegaría en el año 222, cuando la guardia pretoriana se amotinó por orden de su abuela y lo asesinaron junto a su madre. Luego los decapitaron y arrastraron sus cuerpos hasta arrojarlos al Tíber. Así no podían alcanzar la paz en el más allá.

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