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La Provincia - Diario de Las Palmas

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aproximación facial forense

Cómo identificar un cadáver

Es la primera vez en Europa que se da nombre a un fallecido, Carlos Alberto V.O., con la técnica de aproximación facial forense [] La esqueletización de un cráneo bien conservado fue la base del trabajo

El retrato que permitió identificar a Carlos Alberto V.O., un ciudadano luso que hoy tendría 40 años, fue realizado gracias al examen forense del cadáver y especialmente del cráneo y de la estructura del esqueleto facial de la víctima. Para plasmar ese rostro en una imagen fue clave integrar toda la información científica obtenida sobre el mismo en un dibujo digital del que se crearon varias versiones para su difusión pública. | FERNANDO SERRULLA/ALBA SENÍN

No era un retrato fiel, pero sí fue lo suficientemente logrado como para conseguir el objetivo que se buscaba: poner nombre y apellidos al cadáver de un varón que llevaba más de un año sin identificar. El caso del hombre hallado muerto en febrero de 2021 en un pozo de Porriño (Pontevedra) dio un paso de gigante en marzo cuando, tras la difusión de una imagen de la víctima realizada mediante la técnica de aproximación facial forense, su madre lo reconoció.

Por si quedaba alguna duda, el ADN hizo el resto, confirmando al 100% el pálpito de la familia. Se trataba de Carlos Alberto V.O., un ciudadano portugués de 40 años natural de Viana do Castelo que se había asentado en la comarca de Vigo.

El retrato que permitió identificar a Carlos Alberto: Primer boceto

El retrato que permitió identificar a Carlos Alberto: Primer boceto

Víctima de un homicidio que investiga la Guardia Civil, la identificación fue posible gracias al trabajo realizado por el reputado antropólogo forense Fernando Serrulla, que tuvo la colaboración de la estudiante de Bellas Artes Alba Sanín. «Era un reto y se consiguió», resume esta artista, cuya habilidad con el dibujo digital fue también clave para dar forma a un rostro que ya tiene nombre y apellidos.

El retrato que permitió identificar a Carlos Alberto: segundo boceto

El retrato que permitió identificar a Carlos Alberto: segundo boceto

Lo logrado no es baladí, ya que es la primera vez que se tiene constancia en España y en el resto de Europa de una identificación positiva en un caso criminal a través de esta técnica aproximación facial. ¿Cómo se logró? ¿Cuáles son las claves de este éxito forense? Arranquemos por el principio. Carlos Alberto, como ahora se sabe que se llamaba este hombre, fue hallado muerto el 21 de febrero de 2021, vestido solo con unos calzoncillos, en un pozo de Porriño, en una vieja nave de un polígono industrial. El cadáver, que estaba flotando en el agua, presentaba un avanzado estado de putrefacción conjugando los fenómenos de saponificación y corificación derivados de que durante el tiempo transcurrido desde el crimen hasta el hallazgo del cuerpo —la data de la muerte fue fijada entre agosto de 2019 y agosto de 2020— partes del mismo estuvieron en contacto con el agua y otras con el aire. El varón, que en su día trabajó en la compraventa de vehículos, había sido víctima de un crimen: tenía un fuerte golpe en la cabeza con hundimiento craneal propinado con un objeto contundente —el arma no apareció— y otras lesiones violentas en el rostro.

El retrato que permitió identificar a Carlos Alberto: boceto final

El retrato que permitió identificar a Carlos Alberto: boceto final

Autopsia

La autopsia se realizó en el Imelga de Vigo. José Luis Gómez, jefe de Patología Forense, relata que contactó con Fernando Serrulla, responsable de la Unidad de Antropología Forense de Verín (Ourense), para que esqueletizase el cráneo y así poder «estudiar de forma más pormenorizada» la lesiones óseas. Un proceso que consiste, explica, en retirar todos los «tejidos blandos», la piel, el tejido celular subcutáneo, la grasa y el músculo, para quedarse solo con la estructura ósea. Pero esa esqueletización sirvió para algo más. El cráneo estaba en «buenas condiciones», concreta Gómez, así que ahí fue cuando empezó a planear la idea de usarlo para hacer un retrato que ayudase a identificar a la víctima, de la que no se tenía ninguna pista. Fernando Serrulla ya se había adentrado en la técnica de la aproximación facial en 2008, para un trabajo arqueológico en La Coruña. Y a raíz de esa experiencia quiso trasladarla al campo forense. La usó en los casos de varios indigentes hallados muertos en Galicia y en el de una mujer cuyo cadáver apareció en una playa de Santander, pero en ninguno de ellos se pudo identificar a las víctimas. Hasta que llegó el caso de Porriño. Ahí sí que la elaboración y difusión del retrato dio resultado positivo.

Fue un trabajo en equipo. Los exámenes forenses realizados por José Luis Gómez, el estudio del cráneo y las mediciones del esqueleto facial efectuadas por Serrulla y la labor del Instituto de Ciencias Forenses de la Universidad de Santiago —que determinó que la víctima era europea, de piel blanca, con pelo oscuro y ojos color miel— se conjugaron para hacer un retrato en el que se tuvo además en cuenta que ese varón tendría entre 30 y 40 años, una altura de 1,75 metros y complexión algo obesa.

«Conocíamos la posición y el color de los ojos, la posición y la anchura de la nariz, la posición y la anchura de la boca, la morfología de las cejas... También que, por su complexión, si los pómulos suelen tener entre cuatro o cinco milímetros de partes blandas, en este caso calculamos seis o siete», explica Serrulla. Pero, aclara, no pretendían hacer un «retrato fiel». Era imposible. «Hay muchos rasgos que nos lo tenemos que inventar; no sabemos si esa persona tenía el pelo largo o corto, una cicatriz en la cara, algún defecto en la nariz...», ejemplifica.

Alba Sanín, recién graduada en Bellas Artes, dio forma al rostro gracias a su habilidad con el dibujo digital. «Representé gráficamente todo el trabajo previo forense», explica la joven. Perfilar el retrato y crear sus distintas versiones —con pelo largo o corto y con barba o sin barba— les llevó un mes. Y el trabajo dio resultado. El cadáver de Porriño ya tiene nombre. La Guardia Civil busca al culpable de su muerte.

Catalina, la madre del sonajero

Aunque con un fin muy distinto, no es la primera vez que el antropólogo forense Fernando Serrulla y Alba Sanín colaboran. Su anterior trabajo también tuvo repercusión. Con la misma técnica de aproximación facial, realizaron un retrato de Catalina Muñoz, una mujer fusilada en 1936 durante la Guerra Civil. Junto a su cadáver, en Palencia, apareció un sonajero, el de Martín, el menor de sus hijos, que era un bebé cuando perdió a su madre. Sin fotos de ella, nunca supo cómo era. Hasta hace tres años. El estudio forense del cráneo se tradujo en un dibujo, elaborado a mano, que fue entregado en 2019 a ese hijo ya octogenario que por fin pudo hacerse una idea de como era su progenitora. «La reconozco, se parece mucho a ella», agradeció entonces entre lágrimas una hermana de Martín de 95 años y que tenía 11 cuando la fusilaron.

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