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Suspense en el museo

Las agresiones contra obras maestras de la pintura conmocionan el mundo del arte

Agresión a ‘Los girasoles’ de Van Gogh el 14 de octubre en Londres JUST STOP OIL HANDOUT

Si lo que querían los activistas atentando contra obras de arte era llamar la atención sobre el calentamiento global y el cambio climático, como dicen, lo han conseguido con holgura. A pesar de lo cual la sociedad, sensibilizada por casos anteriores que causaron daños y pérdidas absurdas e irreparables, manifiesta recelo ante este procedimiento que puede poner en peligro la integridad de las obras y en duda la honestidad de los objetivos.

Entre las manifestaciones más recientes se recuerdan las condenas internacionales al régimen talibán cuando destruyó los Budas gigantes de Bamiyán y a los radicales islamistas que destrozaron obras en varios museos de Oriente Próximo, una indignación que se viene manifestando desde hace siglos contra los movimientos iconoclastas, las guerras y los atentados, responsables de la desaparición de miles de obras, como cuenta con detalle Darío Gamboni en La destrucción del arte. Aún no están claros los daños que la guerra de Ucrania puede estar causando al arte de ese país pero se especula con que puedan ser cuantiosos e irreparables. También indignan los ataques perpetrados por personas afectadas por trastornos psicológicos o que esgrimen reivindicaciones de todo tipo.

La Gioconda’ recibió un tartazo en mayo DPA vía Europa Press

Por eso, volviendo a las agresiones actuales, aunque los objetivos perseguidos sean respetables resulta contraproducente utilizar el arte como rehén de esa protesta porque deslegitima a los autores y siembra dudas sobre esos objetivos. De hecho algunas fuentes califican ya de ecofascistas estos ataques y de ecoterrorismo su puesta en escena, y desde algunos medios se denuncian las relaciones de sus autores con las asociaciones de RedA22, un grupo que utiliza la desobediencia civil y la no violencia para concienciar sobre el cambio climático, pero cuyos medios de financiación no están muy claros. Entre esas asociaciones está Just Stop Oil, nombre que algunos activistas llevan en sus camisetas.

Todos los casos se han registrado en países de Europa y Australia, donde estos grupos tienen sus sedes. Hasta el momento de escribir estas líneas, contando desde la primera agresión el 14 de octubre contra Los girasoles de Van Gogh en Londres, han tenido un gran impacto mediático las que han afectado a Almiares de Claude Monet en Berlín; Masacre en Corea de Picasso en Melbourne, La joven de la perla de Johannes Vermeer en La Haya; Las latas de sopa Campbell de Warhol en Camberra; Muerte y vida de Gustav Klimt en Viena.…, y en España las Majas de Goya en Madrid y el Museo egipcio de Barcelona. Pero además se han detectado otras actuaciones contra obras de arte, entre las que se cuentan El carro de heno de Constable; La última cena de Boltraffio (Londres); Arpa eólica de Thomson de Turner (Manchester); La primavera de Botticelli (Florencia); Madonna Sixtina de Rafael (Dresde); La huida de Egipto de Lucas Cranach el Viejo; Payaso de Toulouse Lautrec (Berlín), o La masacre de los inocentes de Rubens (Munich).

Protesta ante ‘Las majas’ de Goya en Madrid FUTURO VEGETAL

Algunos observadores califican estas agresiones como «vandalismo simbólico» porque en todos los casos los cuadros estaban protegidos y hay que suponer que los activistas los seleccionaron para no causar daños irreparables, aunque sí han afectado a los marcos, algunos de gran valor histórico y artístico (los de las Majas tienen más de un siglo). Pero aún siendo leves los daños y loables los objetivos, lo cierto es que han conseguido provocar un rechazo prácticamente unánime contra sus autores. Como cabía esperar, los movimientos negacionistas han aprovechado los métodos para descalificar los propósitos.

El Consejo Internacional de Museos (ICOM) ha condenado estos ataques y en todo el mundo se han reforzado las medidas de seguridad gracias a lo cual el Museo Nacional de Oslo pudo impedir una agresión contra El grito de Munch y otra en París a un autorretrato de Van Gogh. Si continúan los atentados, los controles para entrar en los museos pronto se parecerán a los de los aeropuertos.

Ataque a ‘Almiares, de Gauguin, en Berlín CAPTURA DE TELEVISION DE DOS ACTIVISTAS DEL GRUPO ALEMÁN DE PROTESTA POR LA PROTECCIÓN DEL CLIMA ÚLTIMA GENERACIÓN, ATACANDO EL 23 DE OCTUBRE DE 2022 UN CUADRO DEL PINTOR IMPRESIONISTA FRANCÉS CLAUDE MONET, DE LA SERIE " LOS ALMIARES ", AL QUE LANZARON PURÉ DE PATATA CONTRA LA OBRA EN EL MUSEO BARBERINI DE POTSDAM.

Las otras agresiones

Es posible que el detonante de estos ataques fuera sugerido por la atención que los medios dedicaron a un visitante del Louvre que el pasado mayo lanzó una tarta contra La Gioconda, que no causó daños gracias a la protección del cristal blindado que protege la obra. No era la primera vez que sufría una agresión. En 1955 fue atacada con ácido, y pocos meses después un hombre le arrojó una piedra que levantó un pigmento a la altura del codo. En 1974 una mujer la roció con pintura roja durante una exposición en el Museo Nacional de Tokio. Y en 2019 una ciudadana rusa lanzó una taza de cerámica que se estrelló contra el cristal protector.

Otro de los cuadros que sufrieron frecuentes ataques es La ronda nocturna de Rembrandt. En 1911 fue acuchillado por un hombre con problemas mentales. Otro perturbado lo roció con ácido en 1990. Aunque el mayor daño fue causado cuando recortaron su parte lateral izquierda porque al trasladarlo a una nueva sede en Amsterdam los responsables se percataron de que no encajaba en el emplazamiento al que estaba destinado.

Uno de los activistas que arrojó petróleo contra ‘Muerte y vida’ de Gustav Klimt el pasado 15 de noviembre en un museo de Viena.

Uno de los activistas que arrojó petróleo contra ‘Muerte y vida’ de Gustav Klimt el pasado 15 de noviembre en un museo de Viena. LETZTE GENERATION OESTERREICH

La Venus del espejo de Velázquez sufrió un ataque en 1914 en la National Gallery de Londres cuando la sufragista Mary Richardson le asestó siete puñaladas. Un demenciado acuchilló también Danae de Rembrandt y lo roció con ácido cuando se exhibía en el Hermitage de San Petersburgo. Tardaron 12 años en restaurarlo. La Virgen y el Niño con Santa Ana y San Juan Bautista, un dibujo de Leonardo da Vinci, fue atacado en 1962 con pintura roja y en 1987 recibió un disparo. También con pintura roja escribió Tony Shafrazi, un marchante de arte iraní, la frase Kill Lies All sobre el Guernica de Picasso en 1974 cuando aún estaba en el MoMA de Nueva York. Protestaba contra la guerra de Vietnam. Un visitante llegó a hacerle un agujero con un lápiz. Otro cuadro de Picasso, Mujer en sofá rojo, fue rociado con spray dorado en 2012 cuando se exponía en Houston (Estados Unidos).

En Francia, en 2013, una estudiante escribió AE911 con un rotulador sobre La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, y alguien llegó a dibujar con bolígrafo un bigote sobre el retrato de Jean-Honoré Fragonard. En 2007, en Avignon, un cuadro blanco de Cy Twombly fue besado por una artista camboyana, Rindy Sam, que dejó estampado el carmín de sus labios sobre la superficie. Fue, dijo, un acto de amor.

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