Locusta, asesina en serie romana

Locusta, asesina en serie romana

Locusta, asesina en serie romana / LP/DLP

Lara de Armas Moreno

Lara de Armas Moreno

A los amantes de la Antigua Roma, además de interesarles las construcciones y la mitología, les apasionan las intrigas que giraban en torno al poder. Una de las más populares fue la que sucedió cuando Nerón consiguió ser nombrado emperador tras el fallecimiento de Claudio. Este fue envenenado por Locusta, una esclava al servicio de Agripina, la madre de Nerón quien ha pasado a la historia como una mujer manipuladora y despiadada que utilizaba el veneno para librarse de sus enemigos.

Locusta es una de las primeras asesinas en serie de las que se tiene constancia histórica precisa. Fue experta en botánica, motivo por el que conocía los remedios naturales para sanar, pero también la química exacta para acabar con sus enemigos o los de sus amos. Nuestra protagonista causó muchos dolores de cabeza en la corte imperial. No sólo asesinó, sino que también provocó malestares como diarreas o vómitos.

Según algunos datos, Locusta pudo tener origen galo y habría llegado a Roma siendo una adolescente. Usó sus conocimientos en botánica para regentar una tienda de remedios que vendía para aliviar el dolor de sus clientes. Su ambición la llevó a preparar también brebajes y venenos que suministró a todo aquel que quisiese deshacerse de un enemigo. Utilizó, sobre todo, el arsénico, pero también se sirvió de la cicuta, el acónito, el beleño y setas venenosas.

Tácito contó que Agripina «elige a una experta en tales artes llamada Locusta. Con el saber de esta mujer se preparó el veneno y se encargó de servirlo a Haloto, uno de los eunucos, que era quien solía llevarle al emperador las comidas a la mesa y probarlas [...] el veneno se echó en un sabroso plato de setas [...] Una descomposición del vientre había venido en su ayuda (de Claudio). Aterrada por ello, Agripina emplea la complicidad de Jenofonte, el médico. Se cree que este, aparentando ayudarle en sus intentos de vomitar, hundió hasta su garganta una pluma untada en un rápido veneno».

Agripina contrató a Locusta para envenenar a todo el que se opusiera al ascenso del poder de su hijo. Claudio había adoptado a Nerón y le había nombrado heredero del imperio. Agripina, lejos de agradecer el gesto, quiso acelerar su ascenso al trono ordenando la muerte de Claudio, su esposo.

En el 55 d.C. fue descubierta, detenida y condenada a muerte, pero Nerón ordenó su liberación. Este la necesitaba para que acabase con Británico, el hijo biológico de Claudio. Al parecer ordenó envenenar el agua que usaron para enfriar su vino durante un banquete. La víctima se ahogó y sufrió espasmos mientras era observado con asombro por los invitados que no pudieron evitar su agónica muerte. Todos señalaron a Nerón como el culpable, pero este aseguró que Británico había fallecido por culpa de un ataque epiléptico.

Desafortunadamente para Locusta, Nerón se suicidó en el 68 y el Senado la juzgó nuevamente por haber asesinado nada más y nada menos que a unas 400 personas. Tácito dijo que fue «condenada por inventora de venenos y famosa por sus maldades».

Poco se sabe del verdadero final de la envenenadora de Roma, pero la teoría más plausible sostiene que la arrastraron las calles de Roma y luego la estrangularon en el 69 d. C. Otra teoría, atribuida al escritor Apuleyo (II d. C.), afirma que la amarraron en público para que una jirafa amaestrada la violase y luego la arrojaron a una jauría de leones que la despedazaron por completo. Sin embargo, esta última parece más una leyenda urbana.

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