Olga Cerpa y Elfidio Alonso: La sombra de las coplas es alargada

La cantante grancanaria, nombrada el año pasado «Sabandeña de Honor», y el veterano folclorista tinerfeño hablan desde sus distintas experiencias generacionales del origen de su pasión por la música popular, antes de su esperada colaboración en el ‘Concierto Sanjuanero’

Olga Cerpa y Elfidio Alonso

Olga Cerpa y Elfidio Alonso / LP/DLP

En una plácida tarde lagunera la prestigiosa cantante de Mestisay, Olga Cerpa , y una de las figuras indiscutibles de la música popular de Canarias y cofundador de Los Sabandeños, Elfidio Alonso, conversan motivados por la colaboración entre ambas formaciones que se verá plasmada en el Concierto Sanjuanero que tendrá lugar el próximo día 22 de junio, a las 21:00 horas, en la Plaza de Santa Ana de la capital grancanaria, en forma de gran espectáculo diseñado por Manuel González con la organización y patrocinio del Ayuntamiento de la ciudad con motivo de sus Fiestas Fundacionales.

Elfidio rememora sus años de adolescencia en la isla de El Hierro durante los veranos (su familia materna poseía viñas en El Golfo) en donde se afanó en hacer su primer mosto. Su progenitor, diputado a Cortes en la II República, fue condenado a muerte siendo él un bebé y se vio obligado a huir a París, en donde Elfidio lo conoce ya con catorce años cuando otorgan un permiso especial a su madre para visitarlo. «Con cinco años, siendo mi maestro Antonio Mederos, escribí una copla que decía: ‘El día de San Antonio/ fue día de mi abuelo/ en la escuela La Graduada/ me dieron un caramelo’. Hoy se cuentan por más de 300 las que ha escrito para el cancionero canario. A aquella aula de La Graduada donde Elfidio estudiaba con Don Antonio, muchos años después volvería para instalarse con su despacho mientras ejerció como alcalde de la ciudad lagunera. Caprichos del destino.

«Me aficioné a la música popular en El Hierro. No me despegaba de los bailarines que me marcaron con sus chácaras y tambores. Aquello era mágico a los ojos de un niño. Luego, más tarde, me influyeron mis dos tías Ana Rosa y Nieves, que era una coplera popular de Tenerife. En realidad, mis primeros pasos musicales serios se dieron como miembro infantil del coro Orfeón La Paz que dirigía Fernando Rodríguez. Con quince años Quique Martín, que llegó a ser director de la Sección Femenina, me enseña a tocar el timple y la guitarra. Tomo contacto con parranderos de aquel entonces». De la isla de la que procedía su madre Elfidio Alonso no se olvida de Valentina, la de Sabinosa, «una figura fundamental de la música de raíz de Canarias», dice.

La familia de Olga Cerpa —30 años más joven que Alonso— procede de Moya. Su abuela dio a luz a 21 hijos y algunos de sus tíos se animaban a tocar el saxo, la guitarra y otros instrumentos de pulso y púa en los tenderetes familiares. «Me acuerdo que en la cocina de casa de mi abuela, junto a una talega del pan, siempre colgaba una guitarra que mi padre agarraba después de comer. Para mí aquello era la misa de los domingos», explica Cerpa, una de las voces femeninas más respetadas de nuestras músicas de raíz. «Estudié en las Salesianas en donde Sor Flora, tras finalizar las clases, me impartía música con los libros que ella había estudiado treinta años atrás para que aquella chiquilla de San Juan pudiera seguir su sueño. Así me inicié en solfeo y luego me examinaba por libre en el conservatorio. Formamos desde nuestra ingenuidad de chiquillas de 16 años el grupo Tabona, que sin proponérnoslo quedará para la historia como el primero formado íntegramente por mujeres», sostiene la cantante que desde hace años fijó en Madrid su residencia.

Cerpa escuchaba de adolescente a Los Sabandeños, Taburiente y Mestisay. «Me sobrecogió el disco de Mestisay El romance del Corredera, así como los primeros discos de Taburiente. Con ellos crecí y con la música que sus estilos me abrieron, porque me acerqué al repertorio sudamericano, por ejemplo, a través de las producciones discográficas que Los Sabandeños dedicaron al folclore de América Latina».

De Tabona a Mestisay

Elfidio Alonso se desplazaba a Madrid a buscar en tiendas de segunda mano los discos de vinilo de música sudamericana que hoy custodia la discoteca que ha legado a Los Sabandeños, muchos de ellos registrados hace más de sesenta años. «Mi primer encuentro con la zamba se produce a través de Los Fronterizos, por ejemplo», dice. De toda esa intensa carrera conserva recuerdos con Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Daniel Viglietti, Cafrune, Eduardo Falú… Ha viajado por 31 países. Los tiene contados.

«Estando en Tabona Manuel González me ofrece colaborar en la pasada década de los 80 con Mestisay cantando algunos temas. Me pareció que me había llamado Bruce Springsteen. Aquella relación con el grupo me abrió como persona otra perspectiva no solo musical sino cultural. Desde entonces y hasta la fecha, qué suerte haber podido visitar un montón de escenarios en tres continentes cantando en canario», exclama la solista que lamenta que los canarios «sepamos vendernos tan poco en el exterior, cuando nuestra música gusta tanto fuera de nuestras fronteras».

Elfidio Alonso recuerda que en las Islas el espectro de voces femeninas de las décadas de los ochenta del siglo pasado estaba muy limitado. «El mundo del folclore ha cambiado mucho afortunadamente», anota Alonso. «De aquellas formaciones que surgieron tuteladas por asociaciones civiles aburguesadas se pasó a las creadas por generación espontánea en el marco de una sociedad más plural durante los primeros años del posfranquismo».

«Del mundo de la tradición las cosas más bonitas que me han acontecido en la vida una de ellas ha sido cantar y ser amiga de Dacio Ferrera, con el que he podido cantar unas folías sobre el escenario. Cuando estuvimos con él en La Habana actuando con la Orquesta del Teatro Nacional, el coliseo se vino abajo cuando Ferrera cantó La Sitiera. Tenía un señorío innato cuando cantaba que chocaba con la cercanía humana con la que te trataba», rememora Olga Cerpa.

Hombre de izquierdas

La política ha pivotado siempre en la vida de Elfidio Alonso. Su padre fue diputado, su abuelo materno presidente del Cabildo de El Hierro y su tío, alcalde de Valverde. «La política y el periodismo me han marcado. Yo he sido un hombre de izquierdas porque mi padre lo fue. Reconozco que me gustó más la época en la que ejercí como parlamentario autonómico en el período 1999-2003 que en la que fui elegido alcalde de La Laguna durante tres legislaturas consecutivas, aunque ser alcalde de tu ciudad natal es un honor inmenso», confiesa. Y ese espíritu se nota en algunas de sus grandes obras de larga duración y piezas compuestas, desde La cantata del Mencey Loco o La polka frutera al Himno a la lucha canaria, pasando por las Folías de la libertad, por citar solo dos ejemplos. Sus coplas y canciones están recogidas en más de ochenta grabaciones discográficas que se han editado en España, Alemania, Portugal, Italia, Francia, Suiza, y países latinoamericanos como Colombia, Venezuela, Chile, Estados Unidos, Argentina y Cuba, entre otros.

«Una buena parte de mis sueños se van cumpliendo cuando observo la situación de Canarias hoy en día. Las mejoras sociales y las conquistas de autogobierno han sido muy estimables. Lógicamente, todavía queda mucho por hacer. Pero las Islas estaban dejadas de la mano de Dios. Canarias ha pasado de ser un pueblo que de emisor de emigrantes se ha convertido en receptor».

¿A qué dedicamos las coplas ahora? «Las coplas siempre estarán ahí y no siempre responden a un momento determinado de nuestra historia, porque muchas se construyen a partir de la idiosincrasia de nuestro pueblo. Las modas son pasajeras e importan poco», prosigue Elfidio Alonso. «No podemos perder de vista que somos de un espacio singular con una idiosincrasia histórica y cultural particular», añade Olga Cerpa. «En el corto marco temporal de 70 años hemos pasado de una sociedad rural y ancestral a convertirnos en una sociedad atlántica moderna, inserta en un mundo globalizado, pero ahora nuestras islas se enfrentan a problemas muy complejos que están recayendo sobre las nuevas generaciones y que necesitan consenso y liderazgo social para abordarlos», añade.

«Me gustaría dejar un legado», avanza Elfidio Alonso. «Una herencia musical que son mis canciones». De igual manera se expresa Olga Cerpa. «Me quedaría contenta si pudiera saber que dentro de algunos años unos jóvenes se arrancan a cantar con uno de nuestros temas, sin necesidad de que se sepa su autoría». La conversación se va apausando y termina con unos cafés y unos dulces de López Echeto servidos por la anfitriona de la casa donde se produce el encuentro. Mientras, Los Sabandeños les esperan para iniciar los ensayos del primero de los conciertos donde lo mejor de sus repertorios se darán la mano.

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