El Hierro: «¡Viva la Virgen, viva!»
Este es el vítore más repetido en cada Bajada y ya van 71, si bien la anterior edición no se celebró por el covid, aunque sí se contabiliza. Los actos comienzan este año el 6 de julio y se prolongan hasta el 2 de agosto, cuando regresa la Virgen de Los Reyes a su Santuario

Bailarines herreños durante la Bajada de la Virgen de los Reyes. / LP/DLP
Cada cuatro años, la isla del Hierro se transforma. Su geografía abrupta se convierte en un inmenso camino de fe por el que transita la Virgen de los Reyes, patrona de los herreños, desde su santuario en la Dehesa Comunal hasta la iglesia matriz de Valverde. Es la Bajada de la Virgen, una de las tradiciones más arraigadas y simbólicas del archipiélago canario. En esta edición de 2025, se celebrará la Bajada número 71, después de que en 2021 fuera suspendida por la pandemia. El herreño Venancio Acosta Padrón, profundo conocedor de esta fiesta religiosa y cultural, realiza un recorrido por su historia, rituales y significado. Acaba de presentar su último libro, La Virgen de los Reyes, que incrementa el legado histórico que ha puesto en valor en otras obras ya publicadas.
La Bajada tiene su origen en un voto popular realizado en 1741 por el pueblo herreño ante una dura sequía. En aquella ocasión, se decidió trasladar la imagen de la Virgen desde su ermita en la Dehesa hasta Valverde para rogar por lluvias. La plegaria surtió efecto, y en agradecimiento, se instauró el compromiso de repetir este traslado cada cuatro años. Así lo recuerda Acosta: «La primera bajada del voto se hizo en 1745, y desde entonces se ha mantenido con una regularidad admirable, salvo en dos ocasiones: durante la Guerra Civil (1937) y por la pandemia del COVID-19 en 2021».
Sin embargo, la devoción por la Virgen se remonta aún más atrás. Su historia comienza en 1546, cuando unos pastores la encontraron a bordo de un barco que recaló en la costa suroeste de la isla, en el Mar de las Calmas. A cambio de alimentos, los navegantes dejaron la imagen, que fue acogida con fervor por los isleños. Su nombre, Virgen de los Reyes, obedece a la fecha de llegada al Hierro: el 6 de enero, día de la Epifanía.
La Bajada comienza de madrugada, a las 5:00 h, con una eucaristía en el Santuario de la Virgen de los Reyes, en plena Dehesa. Antes, el pueblo de Sabinosa solicita la «venia», un gesto simbólico de respeto. Tras la misa, los pastores, en homenaje a aquellos primeros guardianes de la Virgen, la trasladan desde el templo hasta el exterior, donde la entregan a las autoridades de la isla. Desde ese momento, se inicia un recorrido lleno de emoción, simbolismo y tradición que dura todo un día y en el que participan todos los pueblos del Hierro.
Cada tramo del recorrido, conocido como «raya», está asignado a un pueblo diferente. En cada raya, se produce un acto lleno de simbolismo: la entrega de la Virgen de un pueblo a otro, acompañado de danzas, música tradicional y estrictos protocolos. «Hay dos acepciones de la palabra ‘raya’», explica Venancio Acosta. «Una, el tramo que recorre un pueblo; otra, el punto exacto donde se produce la entrega entre pueblos».
El recorrido comienza con Sabinosa, que lleva a la Virgen hasta la Raya de Vinto, donde la recoge El Pinar, continuando hasta el Cruce de los Reyes, uno de los puntos neurálgicos del evento. Allí se celebra la «venia general», una emotiva ceremonia en la que todos los pueblos presentan sus imágenes patronales y bailan juntos.
A partir de ahí, la imagen pasa por El Golfo, que históricamente no tenía raya propia y recibió una cesión del Pinar en los años 70. Luego es recogida por Isora en la Raya de la Mareta, uno de los puntos con más simbolismo histórico, y más tarde por San Andrés y, posteriormente, por los pueblos del norte: Erese, Mocanal y Guarazoca. Finalmente, en Tejegüete, la recoge Valverde, cuyo alcalde entrega simbólicamente el bastón de mando a la Virgen antes de acompañarla hasta su entrada en la iglesia de la Concepción, ya al anochecer.
La Bajada no es una romería al uso. «Aquí no se va con guitarras ni a beber vino. Aquí se va con recogimiento y con la idea clara de lo que se está viviendo», insiste Acosta. Todo el recorrido está regulado con precisión y cada raya debe respetar la cadencia del baile y el toque del tambor y la chácaras del grupo que trae la imagen. De no hacerlo, el pueblo que entrega puede impedir el relevo hasta que se iguale el ritmo. «Estas ‘picardías’ han generado muchas polémicas, sobre todo en la Raya de la Mareta entre El Pinar e Isora».
Los bailarines o danzarines también tienen su protagonismo, vistiendo trajes que, aunque han evolucionado, conservan la esencia de los utilizados por los antiguos castellanos. Cada pueblo se distingue por su gorro característico, que permite identificar de dónde procede cada grupo.
El símbolo por excelencia es la imagen de la Virgen de los Reyes, para muchos, como para Acosta, la «Madre Amada», una figura que representa mucho más que la religión: «Es un símbolo de unidad, de identidad, de herreñidad», afirma con emoción.
Aunque la Bajada como tal es un evento de un solo día, las celebraciones religiosas y populares continúan durante un mes entero, hasta el 2 de agosto, fecha en la que se realiza la Subida de la Virgen, momento en que retorna a su santuario. Durante esos días, la imagen recorre todos los pueblos de la isla, recibiendo homenajes, novenarios, procesiones y encuentros que reafirman la devoción del pueblo herreño.
Acosta insiste en la necesidad de que quienes deseen asistir a la Bajada se informen antes: «No es una fiesta cualquiera. Hay que saber a qué se va, entender los ritos y estar preparado para caminar mucho por caminos que, en algunos casos, son estrechos y polvorientos». Recomienda como momento especialmente significativo la Cruz de los Reyes, punto de encuentro y descanso a mediodía, donde los pueblos comparten alimentos y emociones.
Una tradición viva que une a toda una isla
A pesar del paso del tiempo y de los desafíos contemporáneos, la Bajada de la Virgen de los Reyes se mantiene como una manifestación viva de la fe, la identidad y la cultura del pueblo herreño. «Es la fiesta que nos une a todos, creas o no creas. Representa lo que somos», concluye Acosta.
La edición de 2025 volverá a ser un reencuentro entre la isla y su Virgen, entre el pasado y el presente, entre el esfuerzo y la devoción. Un viaje por el corazón del Hierro que, más que caminarse, se siente.
Cuatro momentos inolvidables de una tradición centenaria
Cada cuatro años, El Hierro se pone en pie. Sus montañas, caminos y pueblos se convierten en escenario de uno de los actos religiosos y culturales más antiguos, sentidos y espectaculares del Archipiélago Canario: la Bajada de la Virgen de los Reyes, patrona de la isla. En 2025, los herreños celebran la Bajada número 71, tras un paréntesis forzoso en 2021 por la pandemia. Para vivirla con plenitud, el investigador y escritor José Vicente González Bethencourt, autor de Historias de El Hierro y la Bajada de la Virgen, señala cuatro momentos esenciales que ningún visitante —ni herreño de corazón— debería perderse.
1- El alba milagrosa
La salida de la Virgen desde la Dehesa. Poco antes de las seis de la mañana del 5 de julio, la Virgen de los Reyes abandona su santuario en la Dehesa Comunal. El aire es fresco, la niebla se enrosca entre los sabinares, y un silencio sobrecogedor se rompe con los primeros sones de tambores y chácaras. La imagen, cargada por los pastores, inicia un recorrido que recuerda un episodio ocurrido hace más de cuatro siglos.
Fue un 26 de marzo de 1614, durante una sequía devastadora, cuando unos pastores desesperados forzaron la puerta del templo y sacaron a la Virgen en procesión clandestina hacia unas cuevas cercanas a Valverde. La depositaron allí, implorando lluvia. Avisado el cura, celebró misa, repicaron campanas… y llovió. Las cosechas se salvaron. De ese gesto desesperado y milagroso nació una devoción perpetua.
Desde entonces, la isla entera camina con ella cada cuatro años, rememorando esa promesa. La imagen, de factura flamenca del siglo XVI, llegó al Hierro de forma igualmente providencial: la madrugada del 5 al 6 de enero de 1546, unos pastores la hallaron en un barco que recaló en la costa suroeste camino de América. La acogieron y la guardaron en una cueva. Allí comenzó todo.
2- Un pueblo en marcha
28 kilómetros de fe, baile y tradición. El camino de la Bajada no es solo geografía: es identidad en movimiento. Un total de 28 kilómetros une el santuario con la iglesia matriz de Valverde. El trayecto lo recorren miles de personas: cargadores, mayordomos, camareras, abanderados, bailarines, tocadores y fieles, acompañados por las autoridades civiles y religiosas. Cada tramo está cuidadosamente regulado y asignado a los pueblos de la isla: Sabinosa, El Golfo, Isora, San Andrés, El Pinar, El Norte y Valverde.
En los puntos de entrega, conocidos como rayas —en-tre ellas la de Binto, El Cepón, La Llanía, La Mareta, Cruz del Niño, Las Cuatro Esquinas y Tejegüete—, se realiza el traspaso ceremonial de la imagen de un pueblo a otro. Cada relevo está acompañado de bailes ancestrales, oraciones, música tradicional y un estricto protocolo que asegura la continuidad del rito.
Uno de los momentos más esperados del día es la parada en la Cruz de los Reyes, símbolo de la unidad insular. Allí, los pueblos bailan juntos, ofrecen alimentos, recitan loas y realizan una emotiva venia a la Virgen Amada. Se trata de un instante de fraternidad profunda en el que se diluyen los límites geográficos para reafirmar el alma colectiva del Hierro.
3- Tiñor
El caserío donde se funde la historia. Al pasar por el pequeño caserío de Tiñor, se siente la historia palpitando bajo los pies. Es el único núcleo de población que atraviesa directamente el recorrido de la Bajada. Y no es un detalle menor: se cree que allí se celebró la primera misa cristiana en la isla tras la conquista normanda por Jean de Bethencourt, a comienzos del siglo XV. Este dato convierte a Tiñor en un punto de especial simbolismo y recogimiento para quienes acompañan a la Virgen. Su paso por estas calles estrechas y empedradas se vive con una emoción serena y profunda.
4- La entrada en Valverde
La entrada en Valverde: fervor, promesa y bendición. Al caer la tarde, la comitiva llega a Tejegüete, donde el alcalde de Valverde entrega el bastón de mando a la Virgen, en señal de sumisión institucional ante su patrona. Desde allí, la entrada en la Iglesia de la Concepción es un estallido de fervor popular. Los pitos, tambores, chácaras y aplausos marcan el ritmo mientras la multitud se agolpa para verla llegar.
Es tal la intensidad de ese momento, que se mantiene viva la creencia de que quien toque el manto de la Virgen recibirá su bendición para toda la vida. La emoción es tan profunda como el sonido que la acompaña, y muchos lloran al verla entrar en el templo, donde permanecerá durante un mes visitando los pueblos, hasta su retorno en la Subida, el 2 de agosto.
Vivir la Bajada de la Virgen de los Reyes no es solo presenciar una tradición religiosa. Es participar en la historia viva de un pueblo que ha sabido conservar sus raíces, su fe y su identidad. Como recuerda José Vicente González Bethencourt, «la Bajada no se mira, se camina; no se escucha, se siente; no se olvida, se vive».
Si tienes la oportunidad de estar en El Hierro este 5 de julio, sigue la estela de la Virgen, escucha el retumbar de los tambores, observa los rostros de los danzarines, y, sobre todo, abre el corazón. El milagro no es que llueva. El milagro es estar allí.
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