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Cómo explicar el franquismo a los escolares de 2025

Los manuales de Historia de la ESO dedican hoy más páginas que antes a explicar la dictadura, pero los historiadores echan en falta más información sobre la represión. Los profesores se quejan de falta de tiempo para impartir una materia delicada a unos adolescentes que consumen discursos revisionistas en las redes sociales

Aula del antiguo colegio de La Salle de Arucas, en una imagen de 1950.

Aula del antiguo colegio de La Salle de Arucas, en una imagen de 1950. / Fedac

Juan Fernández / Helena López

Una generación entera de españoles creció ciega y sorda ante la historia vivida inmediatamente antes de ellos en su país, como si no hubiera ocurrido, pero este caso de desmemoria colectiva no tuvo lugar en tiempos remotos, sino hace apenas 40 años. La generación de la EGB, gran parte de ella nacida —o al menos educada— en democracia, completó su currículo escolar sin haber recibido información alguna en las aulas sobre la dictadura franquista que habían soportado sus padres. Los manuales de historia de los años 80 apenas dedicaban una o dos páginas a tratar esa etapa y a menudo el curso terminaba antes de llegar a ellas. Esos escasos párrafos solían estar dedicados a destacar los cambios socioeconómicos que experimentó España desde la guerra civil, pero apenas aparecían referencias políticas ni análisis críticos de lo que había supuesto para los españoles vivir 36 años bajo un régimen autoritario. Tampoco se echaban de menos. España acababa de pasar una de las páginas más lamentables de su historia y había más interés en mirar hacia adelante que en explicarles a los menores lo que acababa de suceder en su país.

Cuatro décadas más tarde, el abordaje de la etapa del franquismo que hacen los libros de texto es muy diferente al de entonces en volumen y contenido, pero también lo es el ambiente que se respira en los colegios y los institutos, hoy poblados por chicas y chicos acostumbrados a convivir en las redes sociales con mensajes que les ofrecen versiones manipuladas del pasado. Hoy es raro encontrar un manual de Geografía e Historia de 4º de la ESO —el curso en el que se da esta materia— que dedique menos de ocho páginas a explicar la dictadura franquista, en las que ahora sí se habla de «represión política», «régimen fascista», «sistema totalitario» y «lucha antifranquista», elementos que habrían sido impensables en los libros de hace unas décadas.

Tampoco entonces era imaginable que los menores discutieran en los pasillos de los colegios sobre «las cosas buenas que tiene vivir bajo un régimen autoritario», como discuten hoy con asiduidad, ni que algunos de ellos se apuntaran al reto viral difundido en TikTok de gritar en plena clase delante del profesor: «¡Viva Franco!». La historiografía moderna y los actuales métodos didácticos han facilitado a los docentes la tarea de explicar este delicado pasaje de nuestra historia, pero los encargados de cumplir esa misión se quejan de la dificultad que entraña atenderla en tiempos de fake news y revisionismos históricos.

La libertad de cátedra no evita que los libros de texto sigan siendo hoy las principales guías utilizadas por los profesores para dar el temario. El manual de la editorial Santillana de Geografía e Historia de 4º de la ESO dedica 12 páginas a explicar el franquismo, que incluyen epígrafes como Control y propaganda o La oposición antifranquista. El libro de Vicens Vives, uno de los que trata con mayor tono crítico este período histórico, le dedica 18 páginas, en las que aborda cuestiones como La inspiración fascista del régimen, La mujer sumisa y en casa o La oposición al régimen.

Por su parte, la edición del manual de Anaya trata el franquismo en otras 18 páginas —en dos de ellas habla de La oposición a la dictadura y su represión—, y el de la editorial SM lo despacha en ocho hojas, en las que reconoce: «La dictadura franquista acabó con las libertades logradas en la Segunda República e instauró un modelo de sociedad definido por el conservadurismo y la represión».

Contenidos ‘ligeros’

Este despliegue didáctico es mucho mayor del que ofrecían los libros de texto de los años 90, acogidos a la LOGSE, o los de la primera década de este siglo, que seguían las pautas marcadas por la LOE. Sin embargo, algunos historiadores, como Julián Casanova, echan en falta «más profundidad en los contenidos» que se enseñan a los adolescentes. «Ya no son niños, pueden y deben manejar conceptos más desarrollados. A menudo, los manuales se limitan a proporcionarles datos propios de preguntas de Trivial, pero dudo que así entiendan lo que supuso vivir casi 40 años bajo una dictadura», señala el autor de Franco, la biografía más ambiciosa editada sobre el dictador, publicada esta pasada primavera.

En opinión de Miguel Ángel del Arco, catedrático de Historia de la Universidad de Granada y autor del ensayo La hambruna española, los manuales actuales son «bastante buenos», pero advierte: «Aprender historia no va de memorizar, sino de comprender el pasado para mirar el presente de forma crítica, y esto no siempre se consigue en los institutos en relación a esta etapa histórica».

Las editoriales se defienden alegando que se limitan a aplicar el currículo educativo vigente, y este es, precisamente, uno de los déficits que señalan quienes han analizado el tratamiento del franquismo en los libros de texto: la actual ley educativa, la LOMLOE, que entró en vigor en 2020, define los contenidos de la asignatura de Historia de España de 2º de Bachillerato, que sí ofrece un análisis en profundidad de la dictadura, pero no delimita los temas que deben darse en la asignatura de Geografía e Historia de 2º de la ESO, que aparte de la española incluye la universal.

«Esto ha movido a la mayoría de las editoriales a publicar manuales neutros y asépticos, meramente descriptivos y carentes de crítica. Muchos dedican el mismo espacio a hablar del Seat 600 que a la represión política», observa Carlos Fuentes, profesor de Historia de la Universidad de Valencia y coautor de una investigación sobre el abordaje del franquismo en los manuales de los institutos. Su conclusión es que los materiales didácticos que manejan los adolescentes de hoy siguen pecando de «superficialidad y falta de análisis». «Ponen demasiado acento en describir el desarrollo económico y reinciden en tópicos como que hubo un franquismo malo al principio y otro bueno al final que casi nos trajo la democracia», apunta el historiador.

La Ley de Memoria Democrática, aprobada en 2022, indica en su artículo 44 que «el sistema educativo debe incluir el conocimiento de la historia de la lucha por las libertades democráticas, desarrollando en los libros de texto y materiales curriculares la represión que se produjo durante la guerra y la dictadura». «Esto no se está cumpliendo. Menos de la mitad de los textos hablan de la represión y muy pocos mencionan las exhumaciones de las fosas comunes o la reparación a las víctimas», señala Enrique Javier Díez, catedrático de Educación de la Universidad de León. Tras analizar 42 libros de 4º de la ESO y entrevistar a 610 profesores de Secundaria, publicó el ensayo Asignatura pendiente, cuyo título anticipa la relación que, en su opinión, España mantiene con el franquismo. «Este país decidió construir su democracia sobre el olvido de su pasado y hoy, 50 años después de la muerte del dictador, los escolares continúan conviviendo con el tópico de que contar lo que pasó supone reabrir heridas», analiza.

En los institutos, los docentes conviven a diario con esta realidad, a la que añaden la presión por las limitaciones de tiempo. En muchos centros, las Ciencias Sociales han pasado de tres horas semanales a dos, lo que obliga a los profesores a centrarse en lo prioritario. «Y lo prioritario, en el contexto actual, es que aprendan a discernir qué es verdad y qué es mentira», reflexiona Isabel Burgas, profesora del instituto Cendrassos de Figueres y miembro de un grupo de docentes dedicado a que la memoria histórica llegue a los menores.

Hay consenso entre los profesores en que el temario es «inabarcable», señala Miquel Carceller, profesor de Historia y jefe de estudios del instituto Joncar de Barcelona. «Las Ciencias Sociales sirven para entender el presente, y es imprescindible un sustrato para fundamentar un pensamiento crítico real ante discursos como los de Trump, Abascal o Alvise», añade Carceller, quien apunta que el problema no es que no puedan ganar al Trivial, sino que sean incapaces de detectar comportamientos que provocaron desastres en la historia.

A ojos de Burgas, dejar el franquismo para el tercer trimestre de 4º de la ESO es demasiado tarde. Como tiene poco tiempo para explicarlo, además del libro de texto —en su centro usan el de Vicens Vives— les muestra el documental valenciano Fills del silenci (Hijos del silencio), que recoge testimonios de represaliados del franquismo.

Para combatir las carencias de los manuales, en algunos centros impulsan proyectos como el que prepara para el 20 de noviembre el grupo de trabajo Guerra Civil, Exilio y Memoria Democrática: un recurso pedagógico en el que desmienten, a través de 50 tarjetones, los bulos que sostienen quienes defienden que «con Franco se vivía mejor». En una cara aparece la frase falsa —como «Franco creó los pantanos» o «Las fosas comunes son mentira»—, y en el reverso la explicación contrastada de la mentira. ¿Sirve de algo? «Hay que quedarse con la imagen del profesor lanzando semillas en el desierto. Algún día lloverá y de esas semillas saldrán frutos», pronostica un docente.

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