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Tres dictadores y un testículo

Tres dictadores y un testículo

Tres dictadores y un testículo / PI

Lara de Armas Moreno

Lara de Armas Moreno

La figura de los dictadores más temidos de la historia siempre ha estado rodeada de curiosidades, rumores y leyendas urbanas. En los últimos años han ganado fuerza algunas teorías que aseguran que Franco, Hitler e incluso Napoleón padecían monorquidia, es decir, que solo tenían un testículo.

En el caso de Hitler, fue el investigador Peter Fleischmann, de la Universidad de Erlangen-Núremberg, quien examinó el documento que recoge el reconocimiento médico al que el Führer fue sometido durante su estancia en la prisión de Landsberg, donde escribió Mein Kampf. En aquel informe, el médico que lo atendió dejó constancia de que padecía una «criptorquidia del lado derecho», es decir, que uno de sus testículos no había descendido correctamente.

La investigación de Fleischmann también desmiente una vieja teoría que sostenía que Hitler había perdido un testículo a causa de una explosión de metralla durante la batalla del Somme, en la Primera Guerra Mundial. Según el investigador, el líder nazi no sufrió ninguna herida de guerra, sino que su glándula estaba «mal desarrollada» desde el nacimiento. Esta anomalía, sin embargo, fue utilizada como motivo de burla y propaganda por los soldados británicos durante la Segunda Guerra Mundial.

A Hitler y Franco los une algo más que su condición de dictadores. Según recoge el historiador José María Zavala en su libro Franco, el republicano, la nieta del caudillo habría afirmado que su abuelo perdió un testículo a causa de una herida sufrida cerca de Ceuta en 1916. La andróloga Ana Puigvert, nieta del urólogo Antonio Puigvert, contó que su abuelo había sido testigo directo de la monorquidia de Franco. De haber sido cierta la tesis que sostenía que Hitler habría perdido el testículo durante la batalla del Somme, ambos dictadores habrían perdido parte de sus gónadas en el mismo año.

Otro personaje histórico sobre el que también se ha especulado es Napoleón Bonaparte, aunque en su caso no existen pruebas que confirmen la supuesta monorquidia. Lo que sí es cierto, y bastante curioso, es que su pene se conserva actualmente en Nueva Jersey, convertido en una de las reliquias más insólitas de la historia.

Tras su fallecimiento en 1821 en la isla de Santa Elena, Napoleón fue sometido a una exhaustiva autopsia por parte de médicos británicos. Varias partes de su cuerpo fueron extraídas y, dado el aura mítica que ya rodeaba al emperador, algunos de sus restos se convirtieron en auténticas reliquias. Entre ellas, una de las más controvertidas fue su pene, que con el tiempo habría llegado a ser comercializado. Al parecer, el urólogo estadounidense John Latimer, fallecido en 2007, lo había adquirido en 1977 y lo conservó hasta su muerte, cuando lo dejó como herencia, pero no se tiene constancia documental de que ese miembro fuera ciertamente el de Napoleón.

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