El pergamino de Clío
Mocha Dick

Un grupo familiar de ballenas jorobadas en las aguas del Pacífico panameño. / EFE / Alejandro Balaguer
Durante las primeras décadas del siglo XIX se vivió un auge en la caza de ballenas ya que el aceite de este mamífero estaba siendo demandado como combustible para lámparas y como lubricante para las relucientes máquinas que nacieron de la Revolución Industrial.
Nantucket, una pequeña isla de Massachussets, dedicaba la mayor parte de su actividad a la caza de grandes cetáceos, convirtiendo a la localidad en una de las más ricas de todo Estados Unidos. Sesenta fueron las naves que partieron en busca de ballenas y cachalotes. Uno de los barcos balleneros más longevos era el Essex, que, además, no había sufrido ningún accidente en las dos décadas que llevaba surcando los mares.
Su capitán fue George Pollard y el primer oficial Owen Chase, que partieron el 12 de agosto de 1819 rumbo al Pacífico tras las manadas de cetáceos. El Essex se hundiría el 20 de noviembre de 1820 después de ser atacado por un gran cachalote blanco. Al parecer, este espécimen ya era conocido por los cazadores de ballenas con el nombre de Mocha Dick. Decían que era blanco como la lana y que tenía la cabeza cubierta de cicatrices y percebes. Algunos afirmaron que tenía clavados varios arpones. Terminó siendo cazado en 1838 mientras protegía a una hembra a la que los balleneros habían dejado sin crías.
Los cachalotes tienen un tamaño medio de 16 metros, el cadáver de Mocha Dick medía 24 y el Essex tenía 27 de eslora.
Tras ser embestidos por el gigantesco animal, 21 de los marineros subieron a los botes sin comida ni agua hasta que, fortuitamente, consiguieron arribar a las costas de la isla Henderson, británica y deshabitada. Se alimentaron de aves y pescado, pero al cabo de una semana agotaron los recursos naturales de la pequeña isla.
Todos los náufragos menos tres se embarcaron de nuevo con la intención de ser encontrados en alta mar por otro pesquero o de ser arrastrados hasta otra orilla con más recursos. Todos fueron muriendo de desnutrición y deshidratación. Los tripulantes, antes de morir, fueron crueles entre sí, demostrando la bajeza humana a la que se llega cuando se carece de los recursos básicos para sobrevivir.
En uno de los botes decidieron matar a un tripulante para poder comérselo. La decisión se tomó por sorteo y el perdedor fue un primo del capitán Pollard al que este había jurado proteger. El asesino también se eligió por sorteo, Charles Ramsell. Pollard y Ramsell fueron los únicos supervivientes de ese bote.
En otro bote sobrevivieron tres tripulantes que fueron rescatados por el mercante británico Indian. Los tres que se habían quedado en la isla fueron rescatados a punto de morir el 5 de abril de 1821.
Los cálculos finales dan un total de ocho supervivientes. Se sabe que al menos siete tripulantes fueron devorados para que el resto pudiera sobrevivir.
Pollard viviría otro dramático naufragio en el ballenero Two Brothers en Hawái, al que también sobrevivió.
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