Cincuenta años después: Heisenberg y el Principio de Incertidumbre
El físico alemán reescribió las leyes fundamentales de la Naturaleza a través de la mecánica cuántica y obligaría a confrontar límites epistemológicos impensables

Cincuenta años después: Heisenberg y el Principio de Incertidumbre / PI
Fernando Hernández Guarch
«Diderot tuvo que soportar los más furibundos ataques porque había osado introducir el azar en el corazón del Universo. Mejor hubiera sido ver allí a un diablo, pues éste, a su manera, resulta al menos predecible, necesario y consecuente». (Tomado de ‘Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía’, de Rüdiger Safranski).
Werner Karl Heisenberg, físico teórico alemán, nacido en 1901 y fallecido el 1 de febrero de 1976, hace ahora cincuenta años, se erige como una de las figuras más trascendentales y polarizantes de la ciencia moderna. Heisenberg no solo reescribió las leyes fundamentales de la naturaleza con su desarrollo de la mecánica cuántica, sino que también obligó a la comunidad científica a confrontar límites epistemológicos hasta entonces impensables.
La figura de Heisenberg encierra una dualidad profunda. Por un lado, fue el genio que, a la edad de 25 años, dotó a la física de un marco teórico fundamental para comprender el mundo subatómico, culminando en la formulación del célebre Principio de Incertidumbre (1927), en el que dio carta de naturaleza al azar en el desarrollo de la Física. Por otro lado, fue el científico líder del proyecto nuclear nazi Uranverein, una mancha en su currículo que ha generado décadas de debate sobre la moralidad, la intención y la viabilidad técnica de la ciencia bajo regímenes totalitarios.
El gran salto conceptual de Heisenberg se produjo en 1925 con la formulación de la Mecánica Matricial (MM). Este enfoque representó una desviación radical de los modelos visuales y mecanicistas de la física clásica. La MM se caracterizó por ser un método puramente algebraico que empleaba la técnica de operaciones con matrices para describir las transiciones atómicas que demandaba la física cuántica. En este formalismo, las magnitudes físicas observables, como la posición y el momento lineal, no se tratan como números escalares sino como operadores u observables representados por matrices.
La consecuencia matemática más crucial de la MM, y el catalizador de la revolución cuántica, es que al no ser conmutativo el producto de matrices los operadores que representan pares de variables conjugadas (como los citados posición y momento) tampoco lo son. En términos simples, esto significa que el resultado de medir primero la posición y luego el momento no es necesariamente el mismo que si se miden en orden inverso. Esta estructura matemática sentó las bases para el posterior Principio de Incertidumbre, demostrando que la indeterminación no era un fallo experimental, sino una característica intrínseca de la realidad subatómica codificada en la misma álgebra de la teoría. Es decir, la formulación del Principio de Incertidumbre (PI) en 1927, establece una limitación fundamental a la capacidad humana del conocimiento preciso. Heisenberg fue galardonado con el Premio Nobel de Física de 1932 (otorgado en 1933).
La naturaleza probabilística de la mecánica cuántica provocó una reacción vehemente en Albert Einstein, un defensor inquebrantable del realismo y el determinismo clásicos. Su famosa frase, «Dios no juega a los dados», expresada en una carta a Max Born en 1926, manifiesta su convicción de que el universo debía operar bajo leyes deterministas y comprensibles, no por puro azar. Niels Bohr, en defensa de Heisenberg, le contestó: «Albert, no le digas a Dios como tiene que hacer las cosas». No era un debate nuevo. Laplace (1749-1829) creía en la hipótesis del «relojero» capaz de predecir el futuro a partir del conocimiento de un estado inicial del Universo, mientras que Diderot (1713-1784) mantenía que la organización de la materia, la formación de la vida e incluso la estructura del cosmos no son el resultado de un plan divino, sino de la combinación fortuita o de las reordenaciones aleatorias de los acontecimientos. Volveremos a encontrar la discusión con Jacques Monod (1910-1976).
En 1939, Heisenberg fue forzado (o eso dijo él) por el régimen nazi a aceptar la dirección del proyecto alemán para obtener un arma atómica, asumiendo la dirección del Instituto Kaiser Wilhelm de Física entre 1942 y 1945. El proyecto alemán, conocido como Uranverein, se centró primordialmente en la construcción de un «motor de uranio» (reactor nuclear). El papel exacto de Heisenberg en el fracaso del Uranverein ha sido objeto de intensos debates. El análisis histórico demuestra que la tesis que atribuye el fracaso a la incompetencia técnica de Heisenberg es muy débil, dado que, habría sido «fácil» para Heisenberg obtener una estimación aproximada de la masa crítica. Esto sugiere que quizá este fracaso se debió a un acto ético de contención deliberada frente al régimen nazi. Nos quedamos con la duda. En todo caso, no fue el único. Basta citar a Wernher von Braun para obtener un ejemplo paradigmático.
Acabada la guerra, Heisenberg regresó a Alemania tras un tiempo retenido en Inglaterra y en 1955, junto con Born y con Bohr, realizan la llamada «Interpretación de Copenhague» para referirse a las ideas sobre la mecánica cuántica desarrolladas por los tres. No fue aceptada por todos los físicos y aún hoy algunas cuestiones están en duda. Más tarde escribió Física y Filosofía (1958), una obra fundamental en la epistemología de la Ciencia. En 1970 le fue conferido el Premio Sigmund Freud de Prosa Académica.
A los 50 años de su fallecimiento, el legado de Werner Heisenberg permanece indisolublemente ligado a la revolución de la mecánica cuántica y sus profundas ramificaciones filosóficas. Científicamente, Heisenberg forzó una redefinición radical de lo que significa «realidad» y «conocimiento» en la ciencia. Su Mecánica Matricial y el Principio de Incertidumbre obligaron a la física a aceptar una limitación inherente al determinismo, estableciendo que la incertidumbre es una propiedad fundamental de la naturaleza, y no un mero artefacto instrumental.
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