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Nito, del campo a las redes

No visten de gala, no se codean con celebridades, no hacen retos extremos ni se juegan la vida para conseguir un ‘like’. El secreto de estos ‘influencers’ rurales es su sencillez, su naturalidad y su devoción por la tierra o los animales

Nito, del campo a las redes

Nito, del campo a las redes / La Provincia

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Vikram Jetley

En el momento en el que Canarias se pregunta quién dará de comer a sus próximas generaciones por la falta de relevo en el campo, una serie de actores inesperados ha traspasado la barrera del algoritmo.

El primer protagonista es Sergio Rodríguez Gutiérrez, más conocido como Nito. Un agricultor de Tenerife que bajo el paraguas de la cuenta @nitofrutasyverduras atesora casi medio millón de seguidores entre todas las plataformas. En sus vídeos habla desde cómo identificar si un aguacate está maduro hasta cómo es un día echando estiércol de gallina o, como dice él, «un día de mierda».

El éxito de Nito

Precisamente ese lenguaje directo y sencillo es el que atrapa y engancha a su legión de seguidores, pero no se confundan, Nito no es solo naturalidad, combina ese don con el conocimiento que le otorga toda una vida, es decir, 30 años ligado al campo, 11 de forma profesional. Esa información precisa y clara que además va acompañada, en muchas ocasiones, de acción trepidante. Porque ver a una persona mover una carretilla y abonar el campo a ritmo de una melodía pegadiza y a cámara rápida es hipnótico y más si ves cómo el protagonista disfruta manchándose las manos de compost mientras asegura que esa labor es «pura vida» esbozando una gran sonrisa.

Los vídeos de Nito además han llegado en el momento en el que la sociedad está buscando fórmulas para practicar el culto al cuerpo, algo que no solo se hace desde el gimnasio, sino con una alimentación sana y nutritiva. Y qué puede ser más nutritivo que un producto kilómetro cero como «el mejor tomate de Canarias» o la miel de abejorro que muestra desde sus fincas.

Este tipo de contenido está consiguiendo reparar una relación rota desde hace varias generaciones, el divorcio entre el campo y la ciudad nos ha dejado huérfanos de conocimientos que son básicos para la supervivencia de nuestra especie. Nito es consciente de que las redes sociales están ayudando a dejar atrás esa desconexión, él anima con su ejemplo a que las próximas generaciones ocupen un nicho de mercado que se irá agrandando aún más en los próximos años con la jubilación de los agricultores veteranos.

El tinerfeño ha aprovechado esa carencia en el sistema gracias al impulso de las redes y jornadas de trabajo maratonianas que empiezan a las cuatro de la mañana y terminan a las nueve de la noche. Además de sus fincas, ha abierto una frutería exprés con lotes de primera calidad seleccionados por profesionales que permiten hacer la compra en menos de dos minutos, por eso ha bautizado este negocio, ubicado en un local situado en Tejina, en San Cristóbal de La Laguna, Frutas y Verduras Nito Pa’ Ya.

Aunque la joya de su corona es el Mercado de Nito, situado en Tegueste, un espacio privado que apuesta por el producto local y que vende desde flores hasta bollería tradicional y que cuenta con una cafetería única, un espacio de restauración en el que asegura que «a bocadillos raros no les gana nadie». Una de sus últimas creaciones es el de pota en salsa con papas fritas que él mismo anima en sus publicaciones a pedirlo a domicilio junto con un batido de naranja y jengibre que, además, asegura que es bueno para la tos.

Pero el negocio de Nito no se queda en la isla picuda: su éxito en las redes le ha proporcionado clientes en todo el Archipiélago, por eso se ha visto obligado en abrir una tienda online para poder dar respuesta a todos ellos. A día de hoy, tiene cuatro mil pedidos mensuales. Para poder llegar a esas cifras también ha tenido que comprar más fincas. El empresario agrónomo ha tenido que triplicar su superficie cultivada en apenas tres años. Y gracias a este modelo de negocio, ha podido emplear a más de 40 personas.

El idilio de Nito con sus seguidores no se queda en lo virtual, el empresario asegura que en muchas ocasiones le paran en la calle para darle las gracias por su labor divulgativa. Ese cariño es la gasolina que le ayuda a seguir con su desempeño laboral y virtual ya que, como él mismo asegura, no es fácil compaginar las horas de desempeño con la vida personal y familiar.

Él éxito en las redes también tiene una cara b. Ni siquiera una cuenta blanca como la suya se libra del hate, es decir, del odio y los comentarios negativos. De momento lo lleva bastante bien, bloquea al que se pasa de frenada y centra su tiempo y energía en quienes siguen su contenido con fascinación genuina.

La conexión docente de Jaime

A las redes también ha llegado Jaime Rodríguez Monzón, hasta hace cinco años profesor de español en Estados Unidos que decidió regresar a su isla, Gran Canaria, para comenzar un proyecto ilusionante, la Ecofinca Selva Doramas. Un espacio para la permacultura, es decir, la cultura y la agricultura permanente, para que conocimientos históricos y descubrimientos científicos modernos se integren en un mismo espacio que dé respuesta a un modelo de desarrollo sostenible.

Esta visión filosófica no es incompatible con una cuenta lúdica y didáctica para aprender sobre el medio ambiente. En sus vídeos podemos ver cómo Jaime arranca hojas de una vinagrera para que las gallinas se alimenten de sus vitaminas o el canto sinigual de la perdiz roja que vive con tranquilidad en su terreno situado en el municipio grancanario de Santa María de Guía, en el norte de la isla. Aunque en ocasiones Jaime abandona ese espacio para darse pateos por el monte y contar a sus seguidores que antiguamente nuestros antepasados utilizaban el incienso canario para alejar a los insectos de las cuevas o incluso para regular el ciclo menstrual de la mujer.

Ese vergel de conocimiento ha conseguido crear una gran comunidad, solo en Instagram la cuenta @ecofinca_selva_doramas ha logrado ganarse el cariño de cerca de 40.000 seguidores. Lo que ha supuesto un altavoz al que cada vez prestan más atención docentes, alumnos y ciudadanos dispuestos a formarse en la concienciación medioambiental. Es más, este proyecto ha devuelto a Jaime a las aulas, en este caso las de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, donde imparte como profesor asociado, en un curso para mayores, la asignatura de Ecohuertos.

El cariño no solo se queda en las aulas y en las redes, una cuenta con tanto alcance le da notoriedad. Jaime confiesa que en ocasiones escucha en la calle eso de «ese chico me suena de algo» o incluso que en lugares insospechados, como en un concierto, termina hablando con una seguidora sobre cómo mantener su finca.

Pese al alcance y la difusión de su día a día junto a cultivos exóticos como el kumquat, un cítrico de origen chino, o el kale, Jaime considera que no es suficiente para garantizar el relevo generacional que está pidiendo a gritos el sector. El docente asegura que cuentas como la suya ayudan a la autogestión de un pequeño terreno para uso propio, pero para poder impulsar el sector se deben abordar asuntos como el uso de los terrenos abandonados que hay en el Archipiélago.

Una granja de conocimiento

Más positiva en cuanto al relevo generacional es Anabel Calderín Castro, la cabeza pensante detrás de un precioso proyecto de emprendimiento que tiene dos caras: por un lado La Jaira de Ana, una granja escuela situada en Agüimes, Gran Canaria, y por otro, Los Quesitos de Anabel, que elabora y vende el queso que elabora de forma artesanal en la granja.

Esta trabajadora social de 33 años no ha llegado a las redes por casualidad, fue una decisión consciente y buscada, ella se apoya de un equipo de marketing y desarrollo web que le ofrece un asesoramiento para llegar a más público. Un público que sabe perfectamente que las grandes protagonistas de su cuenta son las cabras majoreras que Fermín, uno de sus trabajadores, se encarga de ordeñar «siempre que no estén sequitas», es decir, que no puedan ser ordeñadas porque están en avanzado estado de gestación. Fermín nos muestra las diferencias entre unas cabras y otras, así como el día a día de estos ejemplares en sus traslados o lo felices que son cuando comen a ritmo de afrobeat del artista colombiano Beele y su pegadizo estribillo que dice «si te pillara».

Pequeñas historias que han ido encontrando su hueco y han formado parte del algoritmo de los cerca de 15.000 seguidores que tiene entre Tik Tok e Instagram en la cuenta @lajairadeana. Su público aprecia el amor que muestra Fermín a sus «niñas de papá», las cabritas Tomasa y Lucera, a quienes acaricia y besa de forma instintiva. Pero no solo hay cabras en La Jaira de Ana, en sus redes también vemos a el gallo Colombo recibir un masaje mientras su plumaje rojo iridiscente brilla con intensidad o un paseo de Rosita, la burra que interactúa con algunos de los perros de la granja.

Además de animales, en sus vídeos también aprendemos a arrancar las hierbas invasoras que van apareciendo en el terreno de la mano de Diego, el padre de Anabel, que es uno de los pilares que ha construido literal y figuradamente este proyecto familiar. El otro pilar es Beni, la madre de la empresaria, que ha llevado la parte legal del negocio, aunque de momento no se ha atrevido a situarse delante de las cámaras.

La propia Anabel también sale, aunque, sobre todo, la vemos en la cuenta secundaria @losquesitosdeanabel. Allí ofrece los mejores consejos para elaborar queso, cómo cortar adecuadamente un buen curado o con qué otros ingredientes combinarlos, porque, como bien explica ella, detrás de una tabla de quesos hay todo un arte.«Hay que colocarlos desde los más suaves hasta los más curados, con sumo cuidado, para que los unos no estropeen a los otros».

Anabel asegura que dedica cinco horas cada día solo a las redes. Esa inversión de tiempo es fundamental para que luego decenas de personas decidan visitar su granja o hacer cada semana talleres como el de elaboración de queso, el de ordeño o, simplemente, degustar los productos que tiene en ese espacio.

Ese posicionamiento también le ha servido para atraer a estudiantes de Erasmus llegados desde Francia, Alemania o Eslovaquia que han elegido hacer sus prácticas en un entorno único y rodeado de ejemplares autóctonos.

Un rancho al estilo yanqui en el Archipiélago

Nuestro último protagonista es Lorenzo Galli, un cowboy rubio de ojos claros que se pasea por su rancho con un sombrero texano. Es inevitable ver los vídeos que sube a su cuenta (@Lorenzo_Galli_domador) sin transportarse al sur de Estados Unidos o incluso a una de esas telenovelas latinas como Pasión de Gavilanes que paralizaron nuestro país a principios de los 2000.

Y si nos preguntamos, como decía el inicio de la sintonía de dicha serie, «¿quién es ese hombre?», la respuesta es que Lorenzo es un hombre a punto de cumplir los 34 que lleva casi 15 años en las Islas, adonde llegó desde Italia. Su pasión le viene de familia, su padre le enseñó desde bien pequeño a escuchar y sentir el latido de los caballos. En su rancho, situado en el sur de Gran Canaria, lo conocen como «el vaquero» o el «hombre que susurraba a los caballos». No ha perdido del todo ese acento italiano aunque lo combina de una forma única con el canario.

Detrás de su estética, hay ética, hay trabajo y mucha disciplina. Galopando a través de sus redes, vemos vídeos de diversa índole: sementales tratando de zafarse de la cuerda en su primera sesión de doma; cómo hablarle al animal para que obedezca; tutoriales para saber qué herramientas usar para atemperar al caballo, y abrazos entre el domador y el ser domado que reflejan el misticismo y la conexión entre ambos.

Lo que puede apreciar cualquiera que se da una vuelta por su perfil es que Lorenzo desarrolla el arte de la doma de una forma más respetuosa, menos violenta y más psicológica que la tradicional. El influencer equino recuerda que un animal de estas características no es un vehículo motorizado. Al igual que nosotros, siente y padece, por eso es necesario saber leer y escuchar al caballo para poder entrenarlo correctamente: «Hay días en los que hay que escuchar al animal, relajarse, cambiar el chip y pensar que mañana será otro día».

Esa forma de conectar con el caballo es la que le ha permitido ganar notoriedad en redes. Entre sus casi once mil seguidores en instagram, hay numerosos clientes que han ido surgiendo en gran parte del mundo, sobre todo, en Latinoamérica.

Cuando tiene la ocasión, se desplaza hasta allí, pero también transmite sus conocimientos a través de mentorías online. Viaja menos de lo que puede porque sus caballos exigen dedicación y cuidados plenos.

Lorenzo repite una y otra vez la idea de que los animales no son un capricho, que no están para fardar en redes sociales, son seres extremadamente sensibles que necesitan un compromiso por parte de los dueños. De nada le sirve a él domar a un ejemplar durante meses para que termine desatendido por su dueño.

Esa dedicación plena tiene un importante coste, el domador asegura que ha tenido que sacrificar oportunidades laborales, amistades y hasta relaciones sentimentales porque los caballos no entienden de vacaciones y de días libres, ellos necesitan cuidados diarios, por eso más que un trabajo, lo suyo es una forma de entender la vida.

Además de las horas en el rancho, hay que sumar las horas en las redes, para ello va buscando huecos en las comidas, antes de dormir y entre tareas. Lorenzo es el hombre de los caballos desde las seis de la mañana hasta que se va a dormir, eso es innegociable.

Ese trabajo ha sido reconocido por profesionales de todo el mundo, por eso agradece el cariño que le brindan cuando viaja a algún evento del sector por las Islas. Y espera que esa pasión que él transmite con sus redes se le pegue a las próximas generaciones para seguir con el milenario y noble arte de la cría de caballos.

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