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El pergamino de Clío

El origen español de los ‘cowboys’

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Lara de Armas Moreno

En el imaginario colectivo perdura la icónica estampa de los westerns, en la que aparece un cowboy cabalgando por el desierto del Lejano Oeste, mientras el sonido de sus espuelas marca el ritmo de cada paso, pero lo que no muchos saben es que detrás de esa imagen se esconde un origen español. Los investigadores han podido encontrar evidencias de que los primeros cowboys tienen su referencia primigenia en las marismas del río Guadalquivir. A partir del siglo XVI, estos jinetes viajaron a América en donde se establecieron como ganaderos. Allí llevaron su estilo de vida y su indumentaria.

Según los historiadores, entre los siglos XVII y XVIII, los vaqueros mestizos trabajaban junto a soldados y misioneros españoles en la fundación de los primeros ranchos a orillas del Río Grande, en lo que hoy corresponde a los territorios de Texas, Nuevo México, Arizona y California. Antes de que llegaran a América las grandes rutas ganaderas, los vaqueros españoles ya movían hasta 20.000 cabezas de ganado desde Luisiana hasta Mississippi.

La figura del vaquero español no solo se expandió hacia los territorios que hoy conforman Estados Unidos, sino que también viajó hacia el sur del continente, transformándose con el tiempo en el gaucho argentino y el llanero colombiano.

El atuendo tradicional del cowboy estadounidense deriva de una mezcla entre la estética española y mexicana. Se ha podido demostrar que el clásico sombrero de ala ancha fue utilizado primero por los vaqueros andaluces y después por los charros mexicanos, antes de llegar a territorio norteamericano.

Otra pieza fundamental de esta indumentaria con clara huella hispana son las chaparreras, conocidas en inglés como chaps, derivadas de las tradicionales chaparreras españolas que son piezas de cuero colocadas sobre las pantorrillas para proteger las piernas de los arbustos espinosos.

Pero no fue solo la vestimenta lo que heredaron los vaqueros estadounidenses. El oficio del cowboy, basado en manejar grandes rebaños de ganado en extensos espacios abiertos, no es más que la continuación de las prácticas ganaderas que España introdujo en el Nuevo Mundo.

Pero más allá del atuendo o del oficio, la gran aportación española a América fue la introducción del caballo y del ganado vacuno y ovino doméstico. Fue Cristóbal Colón quien llevó los primeros caballos al continente americano en 1493 y, poco después, comenzaron a llegar las primeras reses bovinas procedentes de Andalucía y Canarias.

Las razas originarias de las Islas Canarias aportaron una parte fundamental del material genético que dio forma al ganado criollo americano. Especialmente desde La Gomera se trasladaron al Nuevo Mundo especies europeas y africanas previamente adaptadas a la climatología del Archipiélago, convirtiendo a Canarias en un puente clave en el proceso de adaptación de estas especies al clima americano.

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