Hombres a contracorriente
Conocemos a bomberas, policías, ingenieras, mecánicas y militares, ¿pero qué ocurre con los maestros de infantil, matrones, cuidadores o nadadores artísticos? No son un mito, existen y luchan cada día para que su vocación no esté vinculada a ningún género

Hombres a contracorriente
Vikram Jetley
Todos nos acordamos de nuestras maestras de infantil, ellas fueron el primer contacto que tuvimos fuera del confort de nuestro hogar y la protección de nuestros progenitores. El primer salvavidas al que nos aferramos para no naufragar en el mundo real. Y aunque es feo generalizar, podemos decir que casi todas ellas compartían el candor, la paciencia, la energía y el amor por su profesión y por unos infantes, vírgenes de conocimiento, a los que recibían, y siguen recibiendo, con los brazos abiertos cada curso. Parece que todas están hechas con el mismo molde, y no solo por la personalidad, sino también por su género. En España, el porcentaje de hombres profesores en Educación Infantil es de apenas el 2,2%, según los datos del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.
La enseñanza infantil, la primera parada
En ese reducto encontramos a José Carlos Sosa González, un profesor de 35 años que desempeña su pasión en el CEIP La Paredilla, en la isla de Gran Canaria. A este profesional le picó el gusanillo de la docencia a los 16 años, cuando empezó como entrenador de fútbol en las categorías inferiores del Club Deportivo Lomo Blanco. Según dice, esa experiencia tan positiva puso la primera piedra de la que sería su gran obra profesional. Una construcción que iba a darle las tablas suficientes para poder desempeñar otro de sus grandes objetivos vitales, la paternidad.
Para llegar hasta esas metas, antes tuvo que recorrer un camino dispar desde el principio, José fue uno de los diez varones de su promoción frente a las 65 mujeres que iniciaron la carrera de Educación Infantil con él. Precisamente por ser conscientes de esa realidad, tanto sus compañeras como sus profesores los arroparon desde el minuto cero, porque valoraban la incorporación de hombres en este campo.
Una vez terminada la etapa académica, el sistema educativo le ha brindado el mismo apoyo, de hecho son muchos los centros que se han interesado en su figura porque pretenden que haya claustros más plurales. Aunque asegura que también ha sufrido episodios de discriminación. Recuerda, por ejemplo, cuando no pudo hacer las prácticas de final de carrera en el centro que deseaba ya que no querían a un hombre.
Afortunadamente la tendencia está cambiando, pero es inevitable que muchos se asombren cuando ven a un hombre heterosexual y de barrio que se dedique a esta profesión: «Muchos se sorprenden al verme porque piensan que un maestro infantil tiene que ser un perfil más afeminado».
En el caso de los padres, José cree que tristemente muchos están más alerta al ver a un hombre frente a los pupitres de sus hijos. Es por eso que, desde el inicio del curso escolar, este docente realiza un sobreesfuerzo y celebra numerosas reuniones extra para que las familias puedan tener confianza en su profesionalidad y en su carácter.
Y para que no haya lugar a dudas ni sospechas, tiene la política de puertas y ventanas siempre abiertas, además, en su centro, cuando los alumnos necesitan asistencia en el baño, son los progenitores los que deben acudir al auxilio, en lo que llega esa asistencia, José, se encarga de que esté todo el grupo unido y no tenga que estar a solas con nadie o con un grupo reducido. Aunque sabe que poner cámaras en todas las aulas de Canarias es algo utópico por su alto precio, le encantaría que pudiesen ponerlas para que su profesionalidad no quede nunca en entredicho.
A pesar de las pequeñas piedras que ha podido encontrar en su camino, agradece el cariño de las familias y, sobre todo, de su alumnado. Pasar lista cada mañana y ser recibido por un carrusel de sonrisas genuinas es algo terapéutico: «En nuestras clases no hay pena, nada más que alegría. Hay gente que tiene problemas y va al psicólogo o a la psicóloga, pues yo voy al trabajo».
Es por eso que espera que la sociedad vaya cambiando para que en lugar de mirar el género del profesor, se vele por los recursos que tiene cada maestro para formar a las futuras generaciones. En este aspecto pone el foco en la mayoría de sus compañeras que trabajan en centros concertados, donde los salarios son peores mientras que la ratio de alumnos por docente es mayor.

El matrón Francisco Manuel Suárez Sánchez. / LP
Cambiando moldes desde antes de la concepción
Si hablamos de profesiones feminizadas, no nos podemos olvidar de las matronas. Solo tenemos que irnos a la raíz etimológica, viene del latín matrona, que significa «mujer casada y respetable» o «madre de familia». A su vez, esta palabra nace de mater (madre). En la antigua Roma, las matronas eran expertas que ayudaban a otras mujeres a dar a luz. Es decir, desde su concepción, nunca mejor dicho, el hombre ha estado alejado de los roles que involucran el cuidado o acompañamiento de las embarazadas.
Ya no estamos en la antigua Roma, pero lo cierto es que no andamos muy lejos de esa realidad casi 15 siglos después. En España solo hay 674 enfermeros hombres con este título frente a las 9.627 mujeres, según los datos del INE. O lo que es lo mismo, solo uno de cada 15 titulados es varón, uno por cada siglo que ha pasado desde entonces.
Uno de ellos es el lanzaroteño Francisco Manuel Suárez Sánchez, quien no solo está enamorado de su profesión, sino también de su nombre. Asegura que en alguna ocasión le han llamado patrón, pero prefiere que le digan matrón, porque no quiere que el foco pase al hombre sino que resida en la mujer que cuida y acompaña en una etapa tan bonita.
Para llegar hasta aquí, Francisco tuvo que estudiar enfermería primero, una carrera que también está históricamente asociada a la mujer, pero que conoce de primera mano ya que su madre, Teresa, también es enfermera y además su referente. En este caso, el hijo ha querido ir un paso más y conseguir una de las especializaciones más codiciadas dentro del sector.
Andar este camino es difícil, independientemente del género, por su gran exigencia, pero una vez obtenido el puesto, Fran encara su día a día con mucha naturalidad. Es normal que muchos de sus pacientes se sorprendan ante su figura, pero asegura que la mayoría de las reacciones son positivas, de hecho, en ocasiones le ha dado cierta ventaja ser varón: «Me ha beneficiado ser hombre porque he sido el diferente y en ocasiones ser diferente también puede llegar a ser positivo».
También hay quien prefiere ser tratada por una mujer, pero él siempre antepone el bienestar de la paciente. «Algunas mujeres prefieren ser atendidas por una matrona mujer, ya sea por cuestiones culturales o religiosas… Y yo, de todas maneras, lejos de tomármelo como algo personal o una discriminación, lo vivo desde el respeto, al final nuestro trabajo es hacer que la mujer esté bien y que se sienta en un entorno seguro. Y si para su seguridad o su comodidad, prefiere que la atienda una compañera, la verdad es que al final la prioridad absoluta es la paciente».
Esa abnegación es clave en una profesión que no se mide por objetivos ni por ver quién vende más ni quién es el número uno, aquí la prioridad primordial es la paciente a lo largo de su vida. «Estamos con ella desde que nace hasta el final. Y somos quienes acompañamos también en educación afectivo-sexual, pues también ayudamos en la preconcepción, que es en la búsqueda antes del embarazo; seguimiento prenatal; posparto; en la lactancia; en la menopausia, que es un tema muy olvidado; realizamos las citologías para el cribado del cáncer de cérvix; cada día estamos también más presentes en la búsqueda de infecciones de transmisión sexual y, en general, acompañando a la mujer a lo largo de su vida».
Precisamente por todo esto, Fran anima a que cada vez más hombres se unan al gremio, porque el género es lo menos importante. «Hablamos de la enfermería como el arte del cuidar, en el que se mezcla un poco arte y ciencia, pues al final lo más importante no es si eres hombre o mujer, es la vocación y la humanidad», resume.

Cristian Rodríguez, cuidador / LP
El arte de cuidar
Quienes comparten con los enfermeros y matrones esa pasión por cuidar son los cuidadores profesionales, aquellos trabajadores que se convierten en el pilar de personas que, por su edad, enfermedad, discapacidad o situación de dependencia, necesitan ayuda para realizar actividades de la vida diaria. En este caso las mujeres vuelven a ganar por goleada, solo el 13% de los cuidadores de larga duración en nuestro país son varones, según el INE.
Cristian Rodríguez es cuidador en la isla de Gran Canaria, a sus 47 años, lleva 30 en la profesión, aunque confiesa que se siente del gremio desde mucho antes, ya que desde que tenía ocho años tuvo que ayudar en casa a atender a bisabuelos y tatarabuelos.
En estas tres décadas, hay algo que no ha cambiado, los hombres siguen escaseando en el gremio, y a día de hoy, aún son muchos los que se sorprenden al ver a un varón dedicado a asistir a los demás. El grancanario afirma que, en muchas ocasiones, los familiares de las personas dependientes sienten recelo por su género, los que le dan la oportunidad de trabajar, rápidamente quedan encantados por su dedicación y su entrega, pero hay ocasiones que esa oportunidad nunca llega.
Precisamente por eso, Cristian agradece que se dé visibilidad a su lucha. Él quiere ser ejemplo para que las próximas generaciones no sigan cayendo en estos mismos clichés: los hombres tienen mucho que aportar en este gremio porque su condición física facilita ciertas tareas como levantar a las personas dependientes, transportarlas o cargarlas en determinados momentos.
«Tenemos que dejar de pensar que hay trabajos de hombres y trabajos de mujeres», reclama. «Lo importante es la vocación, la preparación y las ganas de hacer bien las cosas. Cuidar a una persona no entiende de género».
Como dice Cristian, la preparación es la clave, es un sector altamente demandado y hay quien prefiere no pagar a un profesional cualificado. «Prefieren pagar en negro a una mujer inmigrante sin cualificar, porque les sale más barato». En estos casos no solo hay discriminación, sino que también hay explotación.
Tampoco es que un cuidador tenga un sueldo millonario, la mayor recompensa es la gratitud, explica Cristian. «Recuerdo especialmente a una familia que me dijo que su familiar había vuelto a sonreír y a tener ilusión desde que empezamos a trabajar juntos. Ese tipo de cosas son las que realmente te llenan el corazón».
Sin embargo, no se puede dejar de mostrar la otra cara de la moneda: «Tienes que tener mucho estómago, observar cómo una persona enferma vomita y luego asistirle, o ver cómo se cae y sentir mucho miedo porque eres responsable de su bienestar».
Como todo empleo, tendrá sus ventajas y sus desventajas, pero es más necesario que nunca debido al envejecimiento paulatino de la población, el desarrollo de la ciencia y el descenso de la natalidad que afecta a muchas comunidades autónomas como Canarias, que tiene la tasa de fecundidad más baja de España con solo 0,82 hijos por mujer, muy lejos de los 1,10 de media nacional.
En esta tesitura no solo es necesario dejar de discriminar por género porque es lo moralmente correcto, sino porque estamos todos destinados a que nosotros o alguien de nuestro círculo termine solicitando los servicios de profesionales como Cristian.
El hombre históricamente no solo se ha desentendido del acompañamiento y el cuidado, también ha dejado libres ciertos espacios artísticos. Dentro de esas disciplinas, hay una que ha dado muchos éxitos al medallero olímpico español y canario. Si hablamos de natación artística o sincronizada pensamos en Thais Henríquez, en Gemma Mengual u Ona Carbonell, pero si hacemos el ejercicio de pensar en algún hombre dentro de esa modalidad, lo cierto es que cuesta mucho, ya no solo a nivel profesional, también a nivel amateur.

Ehedey García Acevedo, nadador artístico. / LP
De profesión… ¿sireno?
Ese mismo ejercicio hizo una y otra vez Ehedey García Acevedo, un joven tinerfeño de tan solo 18 años que entrena en Real Club Náutico de Tenerife. Hasta hace cuatro años practicaba natación, pero siempre con un ojo puesto en las maravillosas coreografías que hacían, a solo unos metros, las chicas del equipo de natación artística. Una historia de Instagram en la que una de sus amigas presumía del trofeo ganado en una competición fue el detonante que lo llevó a dar el paso definitivo y unirse al equipo que tanto admiraba.
Allí lo recibieron con los brazos abiertos, tanto sus compañeras como el club y sus seres queridos le brindaron el apoyo necesario para que esa transición fuera natural, de hecho hasta las contrincantes a las que se ha enfrentado han contribuido con su buena actitud a que el proceso sea lo más armónico posible.
En este caso, todas las partes han ayudado a que haya una integración dulce y pese a que nunca ha recibido un comentario discriminatorio, hay veces que Ehedey se sigue poniendo nervioso cuando pasa una persona joven nueva a su lado mientras entrena. Además, confiesa que le sigue costando decirle a personas que no son de su entorno que practica esta modalidad.
¿Es posible dejar atrás del todo esos roles de género que se han asignado incluso a los deportes? El joven atleta es tajante: «Creo que es muy complicado ahora mismo cambiar el pensamiento de la sociedad para dejar atrás los estereotipos porque ya desde hace muchísimo se ha inculcado que, por ejemplo, el ballet es más para chicas y el fútbol más para chicos».
Aun así mira el futuro con optimismo. «Lo que hay que hacer es atreverse a hacer lo que le guste a cada uno, si cada uno hace lo que le gusta y educamos desde pequeños a que no existen los deportes para hombres o mujeres, los estereotipos desaparecerán».
También aplica esa esperanza a su futuro en la disciplina, pese a haber empezado más tarde, cree que hay una posibilidad real de seguir compitiendo y creciendo en la natación artística para convertirse en profesional y cumplir el sueño de representar a España en unos Juegos Olímpicos o en un Campeonato del Mundo. Lo consiga o no, su lucha, entrega y sacrificio diario ya son un ejemplo para todos aquellos niños que sueñan con cambiarse de piscina y hasta ahora no tenían referentes que les sirvieran como espejo.
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