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Día Internacional de la Mujer El largo camino hacia la igualdad

De mantenidas a mantenedoras

Los hogares sostenidos por mujeres aumentan con la crisis

Fátima Mendez, María Antonia Ruano, Juana Artiles y María Jesus Sanchez, mujeres trabajadoras de la empresa exportadora Juliano Bonny.

Fátima Mendez, María Antonia Ruano, Juana Artiles y María Jesus Sanchez, mujeres trabajadoras de la empresa exportadora Juliano Bonny. Santi Blanco

Contaba el alcalde de San Bartolomé de Tirajana, Marco Aurelio Pérez, que cuando la mujer comenzó a incorporarse al sector turístico en su municipio "llegó a hablarse hasta con el cura y el maestro de turno para que las dejaran ir a trabajar, porque limpiar la cama donde dormía el extranjero era considerado pecado". Aquellas jóvenes que en la pasada década de los sesenta dieron, con autorización previa, el salto del mundo rural al turismo, fueron las protagonistas del primer cambio importante del inconcluso proceso de equiparación laboral. Dejaron de realizar faenas agrícolas, ganaderas o pesqueras sin remuneración, o tareas domésticas sin reconocimiento social, para integrarse en el mercado de trabajo aunque clara condiciones de desigualdad. Aquellas jóvenes de ayer son hoy abuelas, personas mayores que, gracias a sus pensiones, sostienen en no pocas ocasiones al resto de la familia en crisis. Sus nietas, las jóvenes de hoy, no necesitan ya autorización alguna para incorporarse al mercado de trabajo: simplemente no tienen la oportunidad de trabajar.

Este es el panorama laboral que viven las mujeres canarias y españolas en 2015. Hoy celebran su gran día: una conmemoración surgida inicialmente para celebrar su incorporación al mundo del trabajo pero que, dada la amplitud y diversidad de aspectos que implica la lucha por la equidad de género, ha terminado transformándose de forma genérica en el Día por la Igualdad. Durante esta jornada, mujeres y hombres de todos los países, colectivos de diversa índole y organismos locales e internacionales, públicos y privados, tienen muy presente este día en sus agendas.

En Canarias en particular, el 8 de marzo de 2015 está marcado por el impacto de la crisis en el empobrecimiento de las mujeres, una población integrada por 905.000 niñas, adolescentes, jóvenes, no tan jóvenes y mayores, que en circunstancias personales y sociales muy distintas afrontan el reto de superar las diferencias que las separan de la otra mitad de los habitantes de las Islas.

Por ejemplo en el mercado de trabajo, donde la brecha laboral entre hombres y mujeres se ha reducido algo en los últimos años, pero no porque la mujer haya alcanzado el ansiado objetivo de mejorar sus condiciones, sino por el empobrecimiento generalizado que también le ha afectado a él. Las mujeres siguen estando peor pagadas y ocupan los empleos más precarios pero, pese a ello, sostienen económicamente cada vez más un mayor número de hogares. Es decir, han pasado de ser mantenidas a mantenedoras.

Es un fenómeno nuevo que ocurre tanto en el conjunto del Estado español como en Canarias, según ha puesto de manifiesto el último Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en España 2014, elaborado por Foessa: "Entre 2007 y 2013, el porcentaje de hogares encabezados por una mujer crece 6,7 puntos porcentuales (desde el 26,5% hasta el 33,2%). La crisis económica ha impactado de tal forma en sectores masculinizados que ha convertido el salario de la mujer, antes secundario, en el sueldo principal del hogar".

La crisis ha provocado también otros cambios de patrones de conducta,y hasta la inversión de algunas tendencias. Por ejemplo, las prestaciones por maternidad se han ido reduciendo: entre 2005 y 2011 en un 14,75%, mientras se van incrementando las percibidas por paternidad hasta un 33,7%.

Además, un porcentaje cada vez más reducido de mujeres sostiene no estar dispuesta a incorporarse al mercado de trabajo a causa de responsabilidades familiares o razones personales, como atender a enfermos, niños y ancianos. En 2007, el 30,8% de las mujeres estaba inactiva por esta razón; en 2013, el porcentaje se redujo hasta el 1,1%, según el informe Foessa. Queda por despajar la incógnita de si estos nuevos patrones de comportamiento laboral y social de los hombres y mujeres de nuestro país responden solo a la coyuntura o apuntan a un cambio estructural de tendencia que se consolide tras la crisis.

Doblemente desiguales

España es uno de los países de la OCDE donde más ha crecido la brecha de la desigualdad entre los que tienen y los que no tienen: el 20% de la población de mayor renta tiene 6,8 veces más que el 20% de menor renta. "La lógica de la acumulación -añade el citado informe- supone la desposesión de los que tienen menos recursos hacia los que tienen más". Y concluye: "Los mayores costes de los ajustes para la denominada salida de la crisis han recaído, sin duda, en los hogares con menos recursos".

En Canarias, esta sociedad polarizada cuenta ya con un 35% de su población en riesgo de exclusión (ingresos por hogar inferiores a 14.784 euros): nada más y nada menos que 752.131 personas. De ellas, 183.820, el 19,6%, ya son pobres. Algunos lo son incluso con trabajo y reciben, en las estadísticas, la denominación de "pobres con empleo". De este colectivo en riesgo de exclusión, hasta un 25% no recibe ninguna ayuda.

Pero hasta en este empobrecimiento general de la población española y canaria, hay matices de género. Dobles desigualdades que encierran el agravante de que la precarización laboral de la mujer se proyecta en el hogar y en el bienestar de las familias de forma más acusada que la de los hombres.

Sin el calor del hogar

"Somos precisamente las mujeres quienes debemos explicarle al resto de la familia por qué hay poca comida sobre el plato", explicaba recientemente la bloguera Yoani Sánchez. Y aunque la disidente cubana se refería evidentemente a su país, este rol de la mujer es perfectamente extrapolable a la mayor parte de sociedades actuales. EnCanarias, las cabezas de familia tienen que dar ese tipo de explicaciones, como mínimo, en los 52.000 hogares que están en situación de pobreza severa.

La primera víctima de esa escasez es la infancia: "Pobre es el niño que siente la tristeza en casa, la falta de esperanza, sentimientos que dificilmente puede soportar", explicaba en una entrevista televisiva un sociólogo al analizar el incremento de la pobreza infantil en España. Según los últimos datos de Eurostat, 2,2 millones de niños españoles están afectados por las situaciones de precariedad. Canarias es, junto a Murcia y Andalucia, la región con mayor porcentaje de menores en riesgo de exclusión: el 38% de sus menores. De ahí, la apertura de los comedores escolares en más de 160 colegios en verano, para cubrir las necesidades básicas alimentarias de más de 6.000 alumnos. Estas medidas de choque del Gobierno de Canarias contribuyen sin duda a paliar las necesidades materiales, pero en ningún caso el impacto de las tensiones que se viven en los familias y que "condicionarán el itinerario vital de estos menores en el futuro".

Pero no son los menores, sino sus hermanos mayores o sus tíos el principal colectivo en el que se ha cebado la crisis: las personas menores de 30 años han triplicado su presencia en la zona de la exclusión social y representan ya al 44% de este colectivo. Algunos siguen buscando empleo, pero otros muchos han pasado ya a formar parte del nuevo colectivo abierto en las estadísticas bajo el eígrafe de "inempleables", "parados desanimados" o "inactivos desanimados". Ellos y ellas están, en esta franja, tristemente equiparado por una realidad que bloqueo sus procesos de autonomía y crea tensiones nuevas en el seno de los hogares.

El informe Foessa constata que "esta pérdida de empleo de los jóvenes ha tenido un impacto considerable en la intensificación de los procesos de precariedad y de exclusión de sus familias". Hasta el punto que se han dictado sentencias en España que hace diez años habrían resultado insólitas: progenitores obligados judicialmente a pagar pensiones a sus hijos mayores de edad y con carreras.

Una vejez menos protegida

También la protección del Estado al final de la vida laboral es desigual para hombres y mujeres. Al tener carreras de cotización más largas y con bases más altas, ellos tienen más y mejores pensiones. De forma que muchas menos mujeres perciben prestaciones por jubilación y solo en el caso de las pensiones de viudedad son abrumadora mayoría: 2,1 millones de mujeres por 172.000 hombres. Este dato es el que provoca que en el conjunto del sistema haya más mujeres pensionistas que hombres: 4,7 frente a 4,5. Pero las prestaciones más altas las reciben ellos por los conceptos de jubilación y de incapacidad permanente, hasta el punto que la diferencia entre las pensiones que perciben los hombres y las mujeres es bastante grande: 1.083 por 671 euros al mes.

La situación se agrava aún más en Canarias porque el sistema de cobertura estatal que ha permitido paliar en gran medida la pobreza en este período de crisis, es menor que en la mayoría de regiones españolas. En los últimos 20 años, Canarias ha aportado a la Seguridad Social 12.000 millones de euros más de los que ha recibido.

Hoy, cotizan unos 750 trabajadores canarios frente a los 290.000 que reciben alguna prestación. Pero esta relación ha sido aún mayor en décadas pasadas, hasta el punto que el propio Gobierno estatal reconoció recientemente, en su pulso financiero con Cataluña, que Canarias es, junto a Baleares y Madrid, las únicas regiones que aportan a la Seguridad Social más de lo que reciben.

Pensionistas, madres sostenedoras de familia, jóvenes desanimadas y niñas entristecidas conmemoran hoy su día internacional, con la esperanza de que la igualdad deje de ser, pronto, objeto de reivindicación.

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