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El jardín de los caprichos

Bravo Murillo, Juan XXIII, la avenida Marítima y el paseo de Chil delimitan el área con la renta media más elevada de la capital - Los vecinos se sorprenden al saber que viven en la 'zona rica' de la ciudad

Viandantes en la esquina de la calle Perojo y Cebrián

Viandantes en la esquina de la calle Perojo y Cebrián

"¿Esta zona?", pregunta Paula para cerciorarse de que no se trata de un error la afirmación de que vive en el área de la capital grancanaria en la que el informe Indicadores Urbanos sitúa las rentas más altas de las Islas. Bravo Murillo, al sur; Juan XXIII, al norte; el Atlántico, al este, y el paseo de Chil, a occidente, la delimitan. Los hogares contenidos en ella disponen de una media anual neta de 37.573 euros.

El trabajo incluye un análisis por barrios para los municipios españoles que cuentan con más de 250.000 habitantes y no toma los distritos tal y como se conocen, sino que hace una agrupación propia. De ese modo, sucede que núcleos a priori con mayor concentración de ingresos elevados, como puede ser Tafira, se agrupan con otros que rebajan la media.

Paula estudió Derecho, es funcionaria, tiene 32 años y camina hacia casa con tres bolsas de conocidas tiendas de ropa. "Un capricho de vez en cuando no hace mal", afirma a la vez que ensancha su sonrisa y aclara que no se ha escapado del trabajo, sino que ha pedido el día libre porque llega una amiga de Alemania.

No tiene hijos -"dentro de cuatro o cinco años ya veremos"- pero sí pareja, vive sola y en cuanto suba las compras sale para el aeropuerto. Luego, comerán las dos juntas "por Triana". Hace cinco años que se mudó a un barrio del que destaca la tranquilidad y el tener "todo cerca", en referencia "al trabajo, las tiendas, los restaurantes, el cine". De los vecinos sabe muy poco. "Hombre, a la de enfrente sí la conozco, se llama Dori y es un encanto", señala como queriendo enviar un saludo.

Eladio Perdomo confirma que no hay mucho roce entre los habitantes en esta zona de la ciudad. Está jubilado y lleva más de 50 años habitando una de las numerosas viviendas situadas en una calle adyacente a Tomás Morales. "Antes sí nos conocíamos todos", aclara y sitúa en el rápido crecimiento urbanístico la causa de que hoy esté rodeado de desconocidos.

A pesar de ello y durante años, los que llegaron antes que las grúas se juntaban en un bar cercano próximo a Casa África, "pero ya solo quedamos dos vivos", lamenta. En cualquier caso, afirma estar encantado con vivir en esta parte de la ciudad. "Todas tienen sus cosas bonitas, pero yo no cambio esta por otra", afirma con rotundidad.

En su mesa abundan los platos canarios, "también por salud, porque un potaje o un rancho no pueden hacer mal a nadie", pero de vez en cuando se da una alegría. "Siempre he sido de carne y el solomillo una vez al mes no lo perdono". ¿Que si mira el precio? "Claro, como todos", pero todavía no ha llegado el día en que el dinero haya frustrado sus intenciones. Tiene una pensión "buena", no para hacer todo lo que le gustaría, pero suficiente para que "no falte de nada".

Unas calles más abajo, José Vivancos, 58 años, se dispone a entrar en el portal. Es la hora de la comida y le gusta quitarse el hambre en casa siempre que el trabajo se lo permite. "No soy mucho de comer fuera". Es comercial y lleva 40 años en el barrio, desde que a su padre lo trasladaron desde la Península. "Al principio no quería venir, tenía ya 18 años, estaba estudiando y dejé allí muchos amigos", rememora. Sin embargo, ahora "ni loco" se plantea hacer el camino de vuelta.

Asegura que no se le ocurre otro lugar de la ciudad mejor para vivir. "Quizá Las Canteras", concede, "pero la primera línea de playa y eso cuesta mucho dinero". Está casado y tiene tres hijos, la mayor le ha dado incluso un nieto y los dos restantes volaron hace tiempo del nido.

"Un buen viaje al año" es su capricho y no se refiere a "que tenga que ser lejos", solo que se trate de un lugar que deseen conocer él y su mujer. Cuando fijan el objetivo, ahorran "para hacerlo más posible" y el apretón del cinturón es mayor o menor en función de lo que vaya a costar esa "inversión", recalca.

Tanto él como Eladio se suman a Paula en la sorpresa por saber que viven en la parte de la ciudad en la que, siempre según el estudio, los ciudadanos viven de una manera más holgada. "Tampoco es que se vea mucho lujo por aquí", zanja Vivancos.

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