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El mal tiempo reduce a tres capturas el inicio de la zafra del atún rojo

Cerca de cien barcos zarpan de Los Cristianos en una jornada de frustración

Arte de pesca en manos de un trabajador del mar.

Arte de pesca en manos de un trabajador del mar. C. W. L.

El fuerte viento jugó en contra de los intereses de los pescadores canarios en la apertura de la veda para la captura del atún rojo. Apenas tres piezas, todas en Tenerife, picaron en las artes que desplegó una flota que tuvo que regresar pronto a puerto ante el negro cariz que tomaba el estado de la mar. Las quejas por la escasa cuota que un año más asignó el Gobierno central -140 toneladas- centraron el primer día en busca del preciado pescado.

Ocurrirá, como siempre desde hace ya demasiados años, que un día de los próximos entrará un denso banco de atún rojo y habrá que echar la persiana hasta 2017. No fue ayer, pero una jornada de faena o, a lo sumo, media más bastará para alcanzar el límite. La Unión Europea exige a los estados miembros que primen a las embarcaciones artesanales a la hora del reparto, pero Madrid, como quien oye llover.

Los barcos grandes esquilmarán buena parte de las existencias en su viaje hacia el sur por el Mediterráneo, Cádiz -única flota que se maneja a la vieja usanza como la canaria- recogerá su parte en el estrecho de Gibraltar y lo que quede será para los trabajadores del mar isleños. O eso quisieran, porque lo cierto es que, como queda dicho, en pocas horas coparán su exigua cuota.

Están decepcionados pero no les queda otra que echarse a la mar. Y así lo hicieron, sobre todo en el puerto tinerfeño de Los Cristianos, desde donde partió un centenar de barcos de distintos lugares del Archipiélago con destino a los canales entre dicha isla, Gran Canaria y La Gomera. Era por donde, a priori, iba a circular mayor número de unidades de este tipo de túnido, pero la meteorología no estuvo colaborativa e hizo difícil faenar.

En cualquier caso, Islatuna, agrupación de productores de túnidos y pesca fresca de Tenerife, confirmó durante la tarde que tenía en tierra ya dos ejemplares y otro viajaba a bordo de uno de los barcos integrado en la organización. Del suroeste grancanario partieron entre ocho y nueve barcos más, según confirmó el secretario de la Cofradía de Arguineguín, Francisco Jiménez; cinco soltaron amarras en Arguineguín y otros "tres o cuatro" hicieron lo propio en Mogán. "Nada", señaló Jiménez sobre la presencia de atún rojo en la cubierta de alguna de las naves, "solo nortes", como en el argot se conoce a los bonitos o barrilotes.

"Se ríen de nosotros"

El ambiente en Los Cristianos era el propio de tener que jugar una partida sabiendo que las cartas están marcadas. "Es una tomadura de pelo", afirmó Leocadio Marcelino sobre las malditas 140 toneladas y zanjó rotundo: "Se están riendo de nosotros. Esa cantidad es una limosna comparada con la riqueza que tienen en el resto de país". A pesar de ello, el pescador preparaba la embarcación sin otro remedio.

En las primeras horas de la madrugada, las embarcaciones más tempraneras se hicieron a la mar. "Salimos a las dos de la madrugada en busca de la carnada", detalló Marcelino. Su barco, La Margarita, tuvo que regresar antes de lo previsto. "Sufrimos una avería en el motor así que retornamos para arreglarlo. Ya no volveremos a salir hasta mañana" [hoy para el lector], explicó el pescador.

La tripulación de La Margarita no tuvo tiempo ni de lanzar las artes. "Las primeras horas del día y las últimas de la tarde son las mejores para pescar el atún. A mediodía, con el calor, suele costar más", apuntó mientras supervisaba la reparación del motor. El patrón del barco, Vicente Dorta, dirigía la operación y describió la faena como "laboriosa. Puedes pegarte tres o cuatro horas para coger una pieza y, a veces, se te escapa", afirmó.

Cada atún llega a pesar hasta 500 kilogramos y lo normal es que la embarcaciones regresen a tierra con dos o tres piezas. "Si hay pescado, cada día traemos entre mil y dos mil kilos de atún, pero hay jornadas en que volvemos con las manos vacías", lamentó Marcelino. Quienes viven del mar asisten cada día a una especie de lotería. "Hay que pagar sueldos, gasolina y material con lo que, en ocasiones, no te llega", añadió el marinero.

Según el tipo de barco con el que trabajen, podrán alcanzar una distancia mayor o menor, por lo que las embarcaciones dependen de que el pescado no pase muy lejos de la costa. Los de La Margarita han tenido suerte este año, porque el atún está a unas 24 millas, dentro de su radio de acción. Sin embargo, el mal tiempo truncó esa buena noticia.

Loli Guedes, propietaria de un atunero con base en Gran Canaria, confirmó el efecto de la meteorología sobre la faena. "Todos los barcos, incluido el nuestro, han tenido que volver: la mar se lo comía". "El viento nos está matando", añadió Vicente Dorta. Hoy el tiempo seguirá revuelto y la situación no mejorará hasta el fin de semana. Sin embargo, pero el protocolo acordado les impide trabajar en esas fechas. "No nos va a quedar otra que frenar la faena hasta el lunes", indicó el patrón de La Margarita.

A su lado, otra embarcación iniciaba la maniobra de atraque. Javier Delgado, a bordo, explicó que el motivo de su regreso era un problema personal. "Salimos anoche, cogimos carnada y hemos retornado. Partiremos de nuevo sobre las siete de la tarde", detalló el pescador.

A su juicio, "hay pescado pero tienes que salir a buscarlo", porque el atún "se mueve. Puede que un día esté a una distancia y la semana siguiente ya se haya alejado unas buenas millas. Tenemos que ir siguiendo su rastro", detalló. En su embarcación hay siete personas, incluido un cocinero. El trabajo en el mar lo define como "muy fastidioso. Trabajamos mucho tiempo fuera de casa. Acabamos de llegar de estar doce días en el barco, descansamos uno y volvimos a partir", comentó.

Sobre las siete de la tarde comenzó a llegar el grueso de la flota llenando el puerto de Los Cristianos de luces, voces y el ajetreo que precede al desembarco de la mercancía. "La mayoría del atún que pescamos aquí se vende en la Península, en grandes capitales como Madrid, Barcelona o Valencia", explicó Leocadio Marcelino. Eso cuando logren capturarlo.

A vueltas con la escasez de la cuota asignada por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Vicente Dorta reitera que "es insuficiente e injusta". El patrón de La Margarita explicó que por cuestiones históricas a los canarios les corresponde "una cuota mayor" y culpó a "los políticos. No siempre lo han hecho todo lo bien que deberían", criticó. Delgado compartió su opinión: "Lo lógico es que, como mínimo, la cuota llegue hasta las 500 toneladas", enfatizó.

Este año se da por perdido y crece la desconfianza del sector con respecto a lo que pueda ocurrir el próximo. El Gobierno canario ha reservado un capítulo principal en su agenda a este asunto, pero no es la primera vez que sucede así e, invariablemente, una flota que llegó a situarse por encima de las 1.000 toneladas anuales ven cómo los contactos, que se libran también en Bruselas, no aportan ninguna novedad.

Además, la regulación de la pesquería del atún rojo dictada por Madrid este año excluyó a cerca de un centenar de barcos canarios. En concreto, vetó a todos aquellos que no han hecho ninguna captura de esta especie entre los años 2008 y 2015. Otro absurdo, ya que es precisamente la raquítica cuota la que desanima a muchos a salir para pelear por un par de ejemplares.

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