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Análisis La puerta de Dakar

Tal vez África

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En la tarde de ayer se presentó en Casa África la nueva novela de Pablo Martín Carbajal, titulada Tal vez Dakar. El actual director general de África del Gobierno de Canarias es, además, un interesante novelista que ha escrito ya cuatro novelas, entre ellas La felicidad amarga. "Aunque mi novela más compleja y madura es Tal vez Dakar -reconoce Martín Carbajal-, me he ido preparando con mis anteriores novelas para poder afrontar este proyecto más ambicioso que aspira a ser el principio de una trilogía".

El acto fue presentado por Arianne Hernández, secretaria general de Casa África, que, junto a su director Luis Padrón, ha protagonizado el notable impulso que esta institución ha logrado en los últimos años. Y a continuación intervino Antonio Lozano, como presentador de la novela, y también autor de libros relacionados con África. El ex concejal de Agüimes ha sido durante estos años el director del Festival del Sur (Encuentro Teatral de Tres Continentes), que sin duda se ha convertido en el más importante acontecimiento cultural que resalta la tricontinentalidad de Canarias.

Anoche, en el lugar más adecuado, dos de nuestros intelectuales más interesantes, Lozano y Martín Carbajal, mantuvieron un interesante diálogo sobre las relaciones Canarias-África. Allí habló el autor de Me llamo Suleiman con el autor de Tal vez Dakar.

Dos representantes muy cualificados de una nueva generación de escritores canarios a la que llaman Generación-21. Y aunque parece un grupo disperso, que trata temáticas y géneros diferentes, hay algo que los une, algo nuevo en la literatura canaria: el afán de abrirse al mundo, de romper los muros de aislamiento y de conectar lo local con lo global.

El protagonista de la novela de Lozano es Suleiman, un africano de Mali, que después de una durísima peripecia alcanza por fin, en patera, las costas de Canarias. El protagonista de la novela de Martín Carbajal es Álvaro, hijo de un pequeño empresario de Tenerife que quiere hacer negocios con África. Empujado por su padre, el joven canario viaja a Dakar en una misión comercial y, sin esperarlo, recibe el deslumbramiento de África. La luz, el color, el olor y el caos de Dakar, una de las ciudades más interesantes del África negra. Y a la que los canarios podríamos llamar "la puerta de África". Igual que a Canarias muchos africanos la llaman "la puerta de Europa". Aunque hay que reconocer que esa puerta casi siempre ha estado cerrada.

Por eso, las experiencias de Álvaro y Suleiman son distintas y hasta opuestas. Pero con un elemento común: ambos quieren atravesar la enorme muralla que la historia, y no la geografía, ha levantado entre Canarias y África. Hay pocos territorios en el mundo tan cercanos, que resultan en realidad tan lejanos. Entre estos dos mundos, hay poco más de cien kilómetros, apenas un pequeño brazo de mar. Pero están separados por un abismo tan profundo como el de las Marianas. El abismo social entre un pueblo con una renta anual de 20.000 ? y otros que no rebasan los 1.000 ?. Una relación de 20 a 1, un abismo inmenso, de los más altos del planeta, entre riqueza y miseria.

Encima del abismo social se ha fabricado también una enorme muralla de incomunicación cultural de las más altas del mundo. Frente a la Canarias europea viven otros pueblos, tan cerca y tan lejos, con otra historia, cultura, religión y costumbres. Pueblos condenados al atraso por el colonialismo europeo y que ahora empiezan a despertar. Por eso, en el diálogo que se produjo anoche en Casa África no solo hablaban Martín Carbajal y Lozano, sino también Álvaro y Suleiman.

Dialogaron sobre un continente a descubrir, del misterio de una máscara y la búsqueda de la identidad. De poemas africanos que recitó Juancho Aguiar. Nuestros dos escritores dialogaron también de los efectos terribles del colonialismo y el racismo. Sin máscaras ni falsas justificaciones. Como dice Cesaire, "Europa es incapaz de justificarse a sí misma, ya sea ante el tribunal de la razón o ante el tribunal de la conciencia".

Los dos escritores canarios hablaron con admiración del extraordinario fenómeno cultural de "la negritud" en los poemas de Senghor o en los desgarrados discursos de Aimé Cesaire. De la influencia enorme de los artistas africanos de principios del siglo pasado en los intelectuales o artistas europeos. En Picasso, Sartre, en los cubistas, surrealistas y dadaístas. Del fértil encuentro entre dos culturas, entre dos formas distintas de ver el mundo y que, sin embargo, lo que parecía primitivo ayudó a revolucionar el arte europeo.

Todos estos acontecimientos viven en Tal vez Dakar, lo que nos ayuda a entender y descubrir África. Pero quizás también a descubrir una parte de nuestra historia como pueblo, y encontrar algunas de nuestras raíces perdidas. En el diálogo de anoche en Casa África se encontraron, no por casualidad, dos canarios de nuestro tiempo, que en su afán de abrirse al mundo tropezaron con las dos Áfricas, la árabe y la negra. Con sus fracasos, sus logros, sus retos y esperanzas, que quizá en el futuro sean parte de las nuestras.

Antonio Lozano, en una de sus preguntas, pidió a Martín Carbajal que explicara el significado del título Tal vez Dakar. En la respuesta se mezcló ambigüedad y esperanza. Martín Carbajal dijo que el título indicaba la búsqueda de una realidad nueva, que tal vez nos pueda cambiar. Que de hecho había cambiado al protagonista de la novela. Así está escrito: "Pero la realidad cambia, ¡y lo está haciendo tan rápido en estos años! La realidad, las necesidades, quizás también la identidad de cada uno, la mía misma, la identidad como un proceso que vamos construyendo día a día, semana a semana, mes a mes, año a año? La realidad cambia y ahí estamos nosotros, o quizás debería decir y ahí estábamos nosotros, porque parece que hay un tiempo de antes y un tiempo de ahora".

Pero ese cambio de las personas y su evolución se produce también en los pueblos. Se están produciendo en Canarias, en estos años en que las Islas se abren al mundo y de forma cada vez más intensa al continente vecino. En las próximas décadas, Canarias va a encontrarse con Tal vez África. Lo que significará para nuestra sociedad un gran desafío, que nos obligará a adaptarnos y a cambiar. Tal vez nos ayude a progresar y tal vez a mejorar.

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