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Los aeropuertos canarios ganan 8,3 millones de pasajeros desde 2010

En los once primeros meses, las Islas han vuelto a superar los 300.000 despegues y aterrizajes

Los aeropuertos canarios ganan 8,3 millones de pasajeros desde 2010

En los once primeros meses de este año los ocho aeropuertos canarios registraron el paso de 36,9 millones de pasajeros. La cifra supera en 8,3 millones a la registrada en el mismo periodo de 2010, cuando la crisis ya había restado a los aeródromos isleños una notable cantidad de viajeros internacionales, nacionales e isleños. El avance no es proporcional al aumento que se ha producido en el número de operaciones -despegues y aterrizajes-, lo que denota un reajuste de la oferta en el Archipiélago.

Según las estadística de AENA, el crecimiento de las operaciones desde 2010 es del 8,1%, mientras que el de pasajeros alcanza el 29%. Es más, los números del operador público-privado español reflejan que tanto en 2008 (341.748) como en 2007 (338.456) se superó el número de aviones que han utilizado las pistas de los aeropuertos canarios en lo que llevamos de año, 324.659.

Menos aeronaves y ausencia prácticamente total de asientos vacíos. En esos dos ejercicios en que se superó el número de operaciones de este año aún existían Spanair, en el mercado nacional, e Islas Airways, en el interinsular. La oferta se ha reajustado también por efecto de la irrupción de las aerolíneas de bajo coste. Ryanair comenzó a operar en las Islas en la última parte de 2009 y poco más de un año más tarde lideraba los despegues y aterrizajes, exceptuando a Binter.

Cambio en el mercado

Esa llegada de las low cost originó un notable cambio, hasta el punto de que hasta la misma aerolínea de bandera española, Iberia, creó su propia compañía paralela, Iberia Express, y protagonizó una polémica fusión con British Airways.

Además, el aumento de la competencia originó notables y generalizados reajustes de plantillas y salarios en las compañías tradicionales, que se vieron desplazadas por la política de precios de la compañía irlandesa que comanda Michael O'Leary y otras como la británica Easyjet, con menor implantación en Canarias.

Además, ese cambio de las reglas del juego en el sector contó con la dificultad añadida de la crisis económica. Los principales mercados europeos para el negocio turístico del Archipiélago, Gran Bretaña y Alemania, altamente sensibles a la inestabilidad económica, comenzaron a contraerse. El paro crecía a ritmo de galope en el conjunto de España y la merma salarial era moneda corriente, por lo que el número de viajeros llegados desde la Península cayó de forma abrupta. Lógicamente, el deterioro de las condiciones salariales y sociales del conjunto del Estado se trasladaron, y con más intensidad si cabe, a las Islas, por lo que el barco comenzó a ganar adeptos entre los canarios, en detrimento del avión, para los traslados entre islas.

Entre enero y noviembre de 2009 utilizaron los aeródromos canarios 27,4 millones de pasajeros, la menor cantidad de la serie que arranca en 2007 y un 13,8% menos que dos años antes. Justo en ese mismo porcentaje retrocedieron las operaciones, hasta las 291.480. Fue en ese momento en el que el Gobierno canario, entonces presidido por Paulino Rivero, diseñó una política de bonificaciones aéreas que primaba a las aerolíneas que inauguraban nuevas rutas, aumentaban el número de veces que cubrían los trayectos y lograban incrementar la cantidad de pasajeros transportados.

Las aerolíneas tradicionales clamaron por el traje a la medida realizado para Ryanair, pero lo cierto es que la medida funcionó. El repunte llevó a que tanto en 2010 como en 2011 -siempre para los once primeros meses- se volviera a superar la barrera del número 300.000 en la suma de despegues y aterrizajes.

La llegada del Partido Popular (PP) al Gobierno central supuso el fin de ese régimen de incentivos. Esta decisión y el apogeo del segundo golpe crítico contra la economía española determinaron el recorte de las operaciones y pasajeros en los dos años siguientes.

La caída se vio, sin embargo, amortiguada primero y revertida después por el estallido de la Primavera Árabe. Sobre todo cuando los departamentos de exteriores alemán, británico y de los países nórdicos -Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia- decidieron declarar como no recomendables las visitas a Egipto.

El cierre de dicho destino y Túnez por la falta de seguridad derivada de la inestabilidad política, a los que se unió Turquía, obligó a los principales turoperadores a variar sus operativas. En los inviernos de los últimos años, los ciudadanos europeos que huyen del frío solo cuentan con Canarias como destino cercano y seguro, y los TUI o Thomas Cook, por ejemplo, necesitan tener sus aviones volando para rentabilizar esa importante parte del negocio.

Dicha circunstancia ha determinado que en los últimos ejercicios el número de operaciones se haya situado nuevamente en el umbral de las 300.000, cifra rebasada en este 2016 y que ha permitido que hasta el cierre del mes pasado, las Islas se hayan anotado el récord absoluto de 36,9 millones de pasajeros.

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