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Sector primario La lucha biológica en agricultura

Minibomberos de la tierra

Canarias importa de países como Holanda, Kenia o Israel más de 70 millones de insectos al año para erradicar las plagas de los cultivos

"Si hay sarantontones en la tierra es que el pulgón está cerca". En la sabiduría popular se encuentra muchas de las claves para combatir parte de los males que asedian a la agricultura de las Islas. Los campesinos de más edad conocen la faceta depredadora de este insecto: inocente en apariencia por su atrayente color rojo y singulares puntos negros pero feroz con sus presas. Las mariquitas, como también se llama a estos artrópodos, se alimentan del pulgón que daña las producciones de plátano, fresas o rosas. El uso de la lucha biológica, un arduo enfrentamiento entre enemigos naturales, ha crecido en los últimos años en el sector primario para combatir las plagas más dañinas. Las Islas importan al año más de 70 millones de insectos -en su mayoría ácaros, avispas parasitoides y chinches- procedentes de Holanda, Kenia, Israel o Murcia, unos 'bichos con pasaporte' que aterrizan en Canarias con el objetivo de equilibrar el entorno y socorrer a los agricultores de las plagas.

El sector primario aportó en 2015 un 1,4% al PIB del Archipiélago, tres décimas por debajo del pico más alto registrado en 2011 durante el último lustro (1,7%), según los datos más actualizados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Los irreductibles labradores de ahora se aferran a los nuevos sistemas para sostener su actividad. Solo un 18% de la superficie de las Islas es terreno cultivable y, de esta pequeña porción, 41.400 hectáreas están trabajadas. Las técnicas de cultivo para sacar un mayor rendimiento a esas parcelas se han ido perfeccionado y reforzando con el paso del tiempo, pero también las plagas que arrebatan la paz de los agricultores canarios que temen que todo su trabajo se vaya al traste por la cruel acción de algunas especies.

La araña roja (Tetranychus urticae), la mosca blanca (Bemisia tabaci y Trialeurodes vaporariorum), el pulgón (Myzus persicae y Aphis gossypii), el minador (Liriomyza spp.), el gorgojo de la vid (Heterorhabditis bacteriophora), el picudo de la platanera (Cosmopolites sordidus) o la polilla guatemalteca de la papa (Tecia solanivora) son algunos de los insectos que amenazan con echar por tierra el trabajo de muchas horas, mermando la producción y sostenibilidad del cultivo si no se controla y erradica la plaga a tiempo.

El empuje de la agricultura ecológica -la superficie dedicada a ella se ha duplicado en seis años, pasando de 3.078,9 hectáreas en 2010 a 6.436,7 hectáreas el pasado ejercicio- y la aprobación en 2012 del Plan de Acción Nacional para el uso sostenible de productos fitosanitarios explican la creciente importación de agentes de control biológico, según señala la investigadora del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA) Ana Piedra Buena. La normativa española prioriza la gestión integrada de plagas, que combina medidas culturales, soluciones alternativas y tratamientos químicos "dando prioridad, cuando sea posible, a los métodos no químicos".

En este punto entra en juego la lucha biológica, que consiste en introducir organismos en el ecosistema, ya sean depredadores -insectos que se alimentan de otros bichos (presas) que son más pequeños o débiles que ellos mismos-, parasitoides -que viven y crecen asociado a otro artrópodo (huésped) hasta causarle la muerte en poco tiempo-, y patógenos -microorganismos (bacterias, virus u hongos) que causan una enfermedad en su víctima-.

En Canarias existen cuatro empresas dedicadas a la importación de insectos, según datos de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas. Fuentes de este departamento indican que el permiso para introducir pequeños invertebrados del exterior lo concede el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, que consulta a la correspondiente consejería de cada comunidad para que el servicio de Sanidad Vegetal verifique que los bichos ya están presentes en el medio y no generen desequilibrios. Llegan, así, con una doble función: aumentar la población de las especies que mantienen las plagas por debajo de los umbrales establecidos y garantizar la rentabilidad económica de las explotaciones.

Viaje en una botella

Koppert Biological Systems es una de las cuatro empresas que se dedican a traer insectos para la lucha biológica. El negocio de esta multinacional holandesa crece anualmente en torno a un 12% a nivel mundial. En Canarias el alza es del 5%, según expone el director de la delegación en las Islas, Rafael Alonso. A lo largo de este ejercicio prevé importar más de 73,6 millones de bichos, a los que se suman 281,6 billones de microorganismos.

Los artrópodos viajan en botellas rellenas con serrín y llegan a las Islas cada semana a través de los aeropuertos. Pese a que la empresa tiene permiso para traer hasta 31 especies diferentes, no siempre las importa todas porque depende de la demanda de los agricultores de las Islas y las plagas activas en cada momento.

Hasta que los insectos se entregan a las explotaciones correspondientes, éstos deben estar a baja temperatura -entre 7 y 9 grados- para que permanezcan inactivos y no comiencen a reproducirse. "Se tiene que mantener una temperatura homogénea en la cadena de transporte; cualquier fluctuación es muy dañina", explica Alonso en la sede de la empresa situada en Arinaga, en el sureste de Gran Canaria.

¿Y qué es lo que más demanda el mercado? Los ácaros depredadores. "Son más efectivos, hacen frente a numerosas plagas y, una vez sueltos ya tienen nietos a la semana", expone. Por este motivo se usan cada vez menos los sarantontones, puesto que tardan mucho en reproducirse y sus plagas enemigas se multiplican con mayor rapidez. El coste que implica la lucha biológica para el agricultor varía en función de la extensión a tratar. Así, por ejemplo, el precio en una explotación de tomates -que puede verse afectada por plagas de araña roja, minador, mosca blanca u orugas- puede alcanzar entre los 1.500 y 2.000 euros por hectárea. En la floricultura, en cambio, el coste es mayor: para esa misma superficie dirigida a la producción de rosas el coste asciende a los 6.000 euros.

Las liberalizaciones de insectos no solo se hacen para controlar plagas activas, sino también como acción preventiva o curativa. Ana Piedra Buena apunta que la lucha biológica no genera problemas de contaminación al medio ambiente, ya que no produce residuos, pero como desventaja presenta un "impacto menos inmediato" que los productos fitosanitarios, por lo que en muchas ocasiones se utiliza como complemento y no como sustitutivo.

Los controles e inspecciones en el aeropuerto para la recepción de los insectos y microorganismos que llegan de otros países o de la Península son muy estrictos. Agentes de la Guardia Civil tienen que estar presente para levantar la mercancía y comprobar el contenido de cada envío. En caso de que exista algún error y se reciba una especie para la que no se existe permiso, los insectos se incineran de inmediato en el mismo recinto aeroportuario.

Pero Canarias no solo mira al exterior para potenciar la fauna que contribuye a erradicar las plagas, sino también para polinizar. Los agricultores demandan numerosas colmenas de abejorro canario (Bombus canariensis) para colocarlas tanto al aire libre como en el interior de invernaderos. Pese a ser una especie endémica, existen empresas como Koppert que las crían en el exterior, en este caso en Eslovaquia, para exportarlas hasta Canarias por una cuestión de reducción de costes.

Estos insectos velludos se transportan en nidos y, tras unas semanas de maduración en la que la población de cada envase crece a 18 grados de temperatura, se traspasan a las colmenas en las que se entrega al agricultor. Al igual que los agentes de control biológico, se trata de incrementar el número de ejemplares existentes en el Archipiélago porque en condiciones naturales no se encuentra el nivel de población óptimo para reforzar su tarea.

Investigaciones

La doctora Rositta Rizza, investigadora del ICIA, trabajó en la plaga de las llamadas moscas blancas espirales que afecta a plantas ornamentales y plataneras. En el transcurso de ese proyecto se liberaron en 2006 colonias del Nephaspis bicolor en El Hierro, La Palma y Tenerife, un coccinélido originario de América Central y el Caribe. Su acción, combinada con otros enemigos naturales del objetivo, dio como resultado un rendimiento satisfactorio.

El ICIA también busca virus y hongos entomopatógenos que causan enfermedades en los insectos. En concreto, el instituto trata de identificar microorganismos que combatan la lagarta de la platanera (Chrysodeixis chalcites) y la polilla guatemalteca de la papa. Piedra Buena indica que en el primer caso ya se ha constatado que hay virus presentes en la naturaleza, mientras que en el segundo continúan haciendo prospecciones en el suelo para encontrar alguno que lo ataque.

Los ensayos para erradicar el picudo de la platanera se está haciendo con variedades (cepas) del hongo Beauveria bassiana, disponible ya en el mercado para contrarrestrar otro tipo de plagas. Las pruebas para determinar cuáles son más efectivas en el control del insecto se efectúa aún en laboratorio y no en campo. "De momento, para el picudo de la platanera el uso de trampas de feromonas de agregación es una alternativa bastante efectiva, pero siempre es bueno combinar diversas medidas de manejo", incide la investigadora.

¿Pero existe algún tipo de peligro por potenciar la presencia de estos microorganismos en el ecosistema canario? La respuesta es contundente: No. Piedra Buena subraya que los virus y hongos que se buscan para su posterior uso "son exclusivamente patógenos de insectos", incluso de una única especie, por lo que no afectan ni a otros bichos benéficos, ni al hombre, ni a los animales, ni a las plantas. "Son muy, muy, muy seguros", concluye.

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