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Sin dinero para regenerar el litoral

La inversión en zona pública cayó con la crisis

El alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, ha puesto el dedo en la llaga en un asunto que trae también de cabeza a los ayuntamientos turísticos de Canarias: la regeneración de sus costas. Es una larguísima batalla que mantienen con el Estado legislatura tras legislatura, sin lograr avances significativos.

Por ella, Bermúdez ha llegado a echar (una vez más) un pulso a su propio partido, Coalición Canaria, planteando incluso no apoyar los Presupuestos Generales del Estado 2017. La razón estriba en que el proyecto de construcción de la futura playa de Valleseco en la capital tinerfeña vuelve a quedar sin financiación. El alcalde santacrucero apuntaba así a la línea de flotación del discurso, rayano en el triunfalismo, de los nacionalistas canarios: "El acuerdo que hemos alcanzado es histórico", insistió esta semana su portavoz en el Congreso Ana Oramas. Y añadió que, con el apoyo de dos diputados (en referencia a Pedro Quevedo, de Nueva Canarias) o más, "seríamos los reyes del Mambo".

Actuaciones fundamentales

Pero los alcaldes de diversos ayuntamientos turísticos no comparten en absoluto la euforia de la diputada nacionalista y de los miembros del Gobierno de Canarias. Menos aún en el caso de la inversión en la regeneración del litoral, por las que el propio Bermúdez se ha plantado, y en la que el Estado prevé invertir tan solo dos millones de euros.

La mejora de los paseos marítimos, la regeneración de playas, la creación de piscinas naturales, la aportación de arena de yacimientos de fondos marinos locales, etcétera, son "actuaciones fundamentales" para mejorar la oferta turística en Canarias. Pero sacar adelante cualquier iniciativa de este tipo es un calvario para los municipios del litoral. O no cuentan con los recursos necesarios mínimos o con el visto bueno a sus proyectos, por parte de una Dirección General de Costas que suele darles las misma respuesta que a José Manuel Bermúdez.

Los alcaldes argumentan que "pocas partidas económicas dan mayores beneficios al destino que las efectuadas en estos entornos", por tratarse de "inversiones de indudable rentabilidad ambiental, económica y social".

El atractivo de una zona turística y la cualificación de su oferta, nunca es un proceso de la iniciativa privada o pública exclusivamente. Cada vez más se impone el criterio de que la colaboración público-privada es la única fórmula capaz de afrontar renovaciones integrales, frente a las acciones dispersas e inconexas que se han llevado a cabo hasta ahora. Y no para suplir la inversión privada, sino para establecer sinergias que cualifiquen el destino, mediante el adecentamiento de la zona, la instalación de dotaciones o equipamientos y la creación de oferta alternativa pública de ocio, que aprovechen el reclamo turístico que las empresas realizan.

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