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Inversión pública El peso económico y el poder político

El turismo, el gran olvidado en los PGE

El Estado destina a este sector solo 319 millones, un 3,1% menos que en 2016. Varios ayuntamientos turísticos buscan incrementar la inversión vía enmiendas

El turismo, el gran olvidado en los PGE

Las partidas presupuestarias destinadas al turismo son "irrisorias". Este es al menos el sentir del sector turístico, según los alcaldes de diversos municipios turísticos de Canarias y varios representantes empresariales. Algunos han llegado a calificar de "un escándalo" que el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el 2017 rebaje un 3,1% la cantidad que se destinó al sector turístico en 2016, ya considerada muy baja. En total 319 millones para impulsar, desde el sector público, el reto de afrontar la renovación integral de los principales destinos del país.

El preámbulo de la propia ley presupuestaria reconoce que "el turismo es el principal motor de la economía española", "un sector clave del PIB" y "el que genera mayor empleo". Sin embargo, es el gran olvidado de la inversión pública, que apenas destina en las Islas siete de los 50 millones comprometidos en la agenda canaria para el nuevo Plan de Infraestructuras.

Esta contradicción, que no se limita a Canarias sino que es extrapolable el conjunto del Estado, ha llevado a algunos ayuntamientos turísticos a plantear la necesidad de promover iniciativas encaminadas a mejorar en el periodo de enmiendas las partidas destinadas al sector. Hace ya meses que se viene promoviendo, tanto en los ámbitos regional como nacional, la unión de ayuntamientos turísticos desde planteamientos que apuntan a la necesidad de lograr financiación supramunicipal.

El nuevo tiempo turístico, con destinos emergentes pisando fuerte y clientes con una perfil cada vez más exigente, junto a la necesidad de renovación de sus núcleos "maduros", ha dado lugar a la constitución de dos uniones: la Asociación de Municipios Turísticos de Canarias (AMT Canarias) y la Alianza de Municipios de Sol y Playa. La primera está integrada por "los sures" de Gran Canaria y Tenerife (Adeje, Arona, Guía de Isora, Mogán y San Bartolomé de Tirajana) y la segunda, promovida por Calviá, tiene mayoría representativa de Canarias (tres de los ocho municipios que la integran).

Desde estos ámbitos se analiza la correlación entre la economía y la política y se concluye que el peso económico de estos municipios no es proporcional a su influencia política. Y como botón de muestra se refieren al trato presupuestario que se da al turismo. La queja no es de ahora, se remonta a legislaturas anteriores, y no la realizan sólo desde las corporaciones locales. Éstas en realidad se están sumado al sentir de las organizaciones empresariales turísticas, que siempre han considerado escasa la dotación destinada a su sector desde el ámbito público.

De hecho, el turismo no sólo no aparece dibujado en las cuentas. La ausencia del debate entorno a la política turística es ya un clásico en el Congreso de los Diputados, sobre todo si se le compara con el tiempo y medidas que sí se han dedicado a otros sectores económicos como el agrícola, el minero o el automovilístico.

En el fondo, la escasa atención presupuestaria al turismo responde a una anacrónica concepción del sector como una actividad que nace y se mantiene gracias a la iniciativa privada, que obtiene además amplia rentabilidad de sus inversiones. Pero la realidad es que la degradación de los espacios públicos es hoy uno de los grandes problemas de los destinos españoles, y corresponde al ámbito público su mantenimiento y mejora. Pero la inversión para la mejora de las infraestructuras en los espacios públicos cayó durante la crisis, y desde entonces no se ha invertido prácticamente en ellos.

¿Medio lleno o medio vacío?

El Estado tiende a entender que el sector turístico no necesita, precisamente por el dinamismo de la iniciativa privada, inversión pública salvo en promoción, que es donde concentra su mayor esfuerzo. Y considera que, en cualquier caso, las intervenciones en dotaciones, equipamientos y restantes infraestructuras son competencia fundamentalmente de los ayuntamientos turísticos. Pero éstos insisten en que no tienen fondos suficientes para cubrir esa creciente necesidad.

La novedad en este viejo debate es que estos municipios se están uniendo y han comenzado a plantear iniciativas para cambiar el estado de la cuestión. Y lejos de la satisfacción con que el Ejecutivo canario ha cerrado su acuerdo con el Gobierno de Mariano Rajoy para apoyar los Presupuestos Generales de 2017, ven el vaso presupuestario medio vacío y no medio lleno. Y no sólo porque el turismo apenas recibe inversión pública, sino porque el resto de las principales partidas con impacto en el sector tampoco reciben el impulso que deben (conectividad, transporte, obras hidráulicas...).

De ahí que aspiren a que, tras el debate a la totalidad de los presupuestos que tendrá lugar la primera semana de mayo, la foto final de los Presupuestos del Estado para 2017 mejore las inversiones turísticas. Y que, del mismo, la inmediata negociación del siguiente ejercicio presupuestario dote, sobre todo al Plan de Infraestructuras, con las partidas comprometidas.

El plazo de presentación de enmiendas parciales ofrece, de hecho, una oportunidad para mejorar la ficha financiera para Canarias. Una región que se ha convertido en el centro de las miradas de todo el país en estos presupuestos por dos razones: por ser la comunidad autónoma más favorecida en los presupuestos en trámite y porque depender su aprobación del disputado voto del diputado 176, de Nueva Canarias.

Lo que no ha destacado la prensa nacional, ni las comunidades autónomas en sus respectivas quejas, es que las Islas siguen a la cola de la inversión per cápita. Y que, representando Canarias el 4,5% de la población española, durante el periodo de crisis recibió tan sólo el 2,1% de media. Es decir, acumulando durante estos años un déficit de unos 300 millones de euros al año en inversión pública, es decir, 2.400 millones menos de lo que debió recibir en todo el periodo. Otro triste récord "histórico" que acumula el Archipiélago.

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