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La productividad avanza, aunque poco, porque no todo el PIB deriva en empleo

La economía creció en España el 8,9% entre 2014 y 2016 y los ocupados el 10%, pero el empleo equivalente lo hizo el 7% y las horas trabajadas apenas el 6%

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, afirma desde hace tiempo, y lo repitió en los últimos meses, que España ha conseguido, como gran logro nacional, que la totalidad del crecimiento económico se traslade a la creación de empleo, por lo que ambas magnitudes estarían evolucionando con la misma intensidad, de modo que el mercado laboral estaría siendo capaz por vez primera de aprovechar al 100% las posibilidades que le ofrece la recuperación económica para generar ocupación.

Este aparente mayor virtuosismo de la economía española obedecería a que, merced a las reformas realizadas (abaratamiento del empleo, flexibilidad del mercado laboral y otras), basta un mínimo impulso económico para generar ocupación cuando tradicionalmente la economía española necesitaba un crecimiento de al menos el 2% del PIB.

Sin embargo, de ser totalmente cierto el análisis del Gobierno, supondría que ese efecto inmediato benéfico, producto de la urgencia de sofocar como sea y a la mayor brevedad la elevada tasa de paro (18,6% a fines de 2016, la segunda más alta de la OCDE, 24,9% en Canarias), estaría obligando a desatender y a aplazar otro de los grandes desafíos nacionales: la mejora de la productividad, que es un imperativo para la sostenibilidad futura del modelo de crecimiento.

De ello es consciente el Gobierno. La ministra Báñez sostuvo el 26 de enero en el Senado que el "crecimiento de la productividad de la economía" es la "garantía del empleo de calidad" y "del Estado del bienestar", caso del sistema público de pensiones.

Pero la realidad no es exactamente la descrita. No todo el crecimiento está yendo a generación de carga de trabajo (otra cosa es el empleo) y esto está permitiendo una leve mejora de la productividad aunque insuficiente, por lo que ambas asignaturas pendientes (el paro y la productividad) deberán seguir concentrando los desvelos.

El Gobierno sostiene que todo el crecimiento se traduce en creación de empleo recurriendo a los datos de aumento del número de ocupados, bien según la encuesta de población activa (EPA) o la afiliación a la Seguridad Social. Pero en un país con una elevada contratación temporal y a tiempo parcial en las nuevas incorporaciones al mercado laboral, esto dice poco de cuál es la capacidad real de demanda del factor trabajo, dado que, a la vez que la economía crece y genera empleo, se está produciendo un racionamiento o reparto de la oferta de trabajo entre más demandantes de ocupación.

De hecho, desde que España empezó a crecer y a crear empleo en 2014, la afiliación a la Seguridad Social creció más que el PIB en 2014, avanzó lo mismo que la economía en 2015 y sólo evolucionó por debajo en 2016. Sin embargo, en términos de contabilidad nacional (puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo o carga efectiva de trabajo que genera la economía), el empleo ha evolucionado siempre, entre 2014 y 2016, tres décimas por debajo del PIB real.

Desde el cierre de 2013 y hasta fines de 2016 el PIB aumentó en España el 8,93% y los ocupados, el 10,44%, pero el empleo equivalente a tiempo completo creció menos (el 7,03%) y las horas trabajadas lo hicieron el 6,31%.

Productividad

Esto permitió que sí haya habido un ligero avance en la productividad, aunque, como señaló el Banco de España en su boletín económico del primer trimestre, escaso. Todo ello repite un mal endémico nacional. Porque, como apunta el propio supervisor bancario en ese mismo documento, el "elevado ritmo de generación de empleo" está "dando lugar a avances relativamente reducidos de la productividad aparente del trabajo, acordes con la experiencia histórica referida a los periodos de expansión de la economía española".

Esto guarda relación con rasgos estructurales de la economía española, con la tipología de los sectores productivos predominantes, con la tradicional insuficiencia de la inversión en innovación e investigación, el tamaño medio de la empresa española y otros factores distintivos, a lo que se suma la vía de salida de la crisis por la que se optó.

Al priorizar la urgencia de crear empleo y no poder recurrir a la devaluación monetaria, la opción de competir en costes mediante la devaluación de salarios y de las condiciones contractuales favorece un modelo basado en empleo abundante y barato en sectores intensivos en mano de obra y con escaso valor añadido, lo que es coherente con un escenario de baja productividad. De hecho, hostelería, turismo, comercio y actividades ligadas al consumo han sido desde 2014 las más dinámicas creadoras de empleo.

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