Grecia y sus acreedores alcanzaron ayer de madrugada, tras una maratoniana noche de negociaciones, un "acuerdo técnico preliminar" que pone las bases para el cierre de la segunda evaluación del programa de rescate y abre paso a nuevas conversaciones para aliviar el peso de la deuda pública helena. "Hay fumata blanca, hemos llegado a un acuerdo sobre todos los temas", dijo el ministro de Finanzas griego, Euclides Tsakalotos.

La cuádriga que forman la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el Mecanismo Europeo de Estabilidad y el Fondo Monetario Internacional, por un lado, y el Ejecutivo griego, por otro, han acordado el enésimo paquete de reformas y recortes. Entre ellos, el decimotercer tijeretazo en el sistema de pensiones. Las prestaciones se reducirán en 2019, con mermas de entre el 9% y el 18%. Recientemente, Atenas activó otra reforma que reduce los ingresos de los nuevos jubilados. Asimismo, en 2020 se bajará el umbral de ingreso que está libre de impuestos para ampliar bases y recaudar más; y habrá cambios el sistema energético.

Entre los aspectos positivos para el Gobierno griego se encuentra que no deberá aplicar medidas adicionales de recorte en 2018 y que algunas empresas públicas pasarán al nuevo superfondo de privatizaciones y no al actual, lo que permitirá al Estado evitar su privatización total. El ministro Tsakalotos también destacó que no habrá una mayor liberalización de los despidos.

Este acuerdo es solo el primer paso de muchos hasta que Grecia pueda recibir el desembolso de 7.000 millones que le permita hacer frente a sus obligaciones de deuda en julio.