En las Islas Canarias son numerosos los atractivos que enamoran al visitante. Los turistas pueden ver desde centros turísticos como Costa Adeje o Costa Teguise, hasta importantes cascos históricos, como los de La Orotava, La Laguna, Santa Cruz de La Palma, o Las Palmas de Gran Canaria; pasando por innumerables lugares de gran interés ecológico y espacios naturales protegidos como el Parque Nacional Garajonay, La Caldera de Taburiente, el Parque Nacional de Timanfaya o el Parque Nacional de El Teide; playas de ensueño como Playa de Las Teresitas, Playa de Las Canteras, Playa el Cofete, o las Playas del Papagayo; parques temáticos como Loro Parque, Pueblo Chico o Siam Park, ; y centros de arte y cultura como El Jardín del Cactus, el Museo Monumento al Campesino, el Museo Castillo de la Fortaleza, el Auditorio de Tenerife, o el Auditorio Alfredo Kraus.

La fama y los eslóganes turísticos de las Islas Canarias han ayudado a que nuestro archipiélago se asocie directamente con el sol eterno, la playa.

Sin embargo, cuando se deja a un lado la bendición geográfica se encuentran algunas sorpresas que se salen del imaginario común y con las que armarse de argumentos para dejar a un lado la vida pirata.

Por islas, a diferencia del resto, en la Gomera no se ha sentido una erupción volcánica en los últimos dos millones de años, por lo que en vez de los lajiales y campos de escorias que modelan Lanzarote o El Hierro, lo que verán los visitantes son profundos cañones y barrancos tallados por la erosión del agua sobre el viejo edificio volcánico.

Hasta la invención de las carreteras los gomeros se movían por su torturada isla aprovechando multitud de caminos y sendas que se pegaban literalmente a las curvas de nivel. Esa red de caminos reales y sendas permanece aún hoy activa y en buena parte señalizada y permite unir los cuatro puntos cardinales, desde los palmerales de Valle de Gran Rey hasta las plataneras infinitas que cubren el valle de Hermigua para descubrir La Gomera más recóndita.

La medianía también define a Canarias, donde los castellanos construyeron los primeros asentamientos urbanos de las islas para protegerse de los ataques de los piratas. En las medianías está la mayoría de localidades históricas, las que conservan en encanto de la piedra volcánica y la cal, casas solariegas canarias de grandes balconadas de madera o viviendas humildes de muros recios de piedra negra.