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Un sector en auge

El precio del lujo: ¿Cómo atraer al turismo de élite?

El modelo de sol y playa tan explotado en España busca virar hacia la exclusividad con profesionales formados para conocer las necesidades de los clientes más exigentes

Los hoteles en España buscan la excelencia. Shutterstock

"Cuando venía el rey Fahd desde Arabia Saudí, toda Marbella se cerraba para él y su enorme séquito, pero ahora, con su hijo, las cosas han cambiado porque es mucho más comedido", me cuenta el chófer, mientras me conduce al Hotel Meliá Don Pepe, el exclusivo e histórico cinco estrellas ubicado en el centro de la ciudad del lujo.

Tras la quiebra de Thomas Cook, el gigante de las ofertas de viajes, vuelo a Marbella para conocer cuál es el secreto de este enclave, motor del turismo de lujo en España, y para descubrir cómo el ya agotado modelo de sol y playa puede virar con éxito hacia la exclusividad. Es mi primera vez en la ciudad y, movida por la curiosidad, me pregunto: "¿Es cierto que a Marbella sólo viene la gente rica, guapa y famosa?". Diego, que así se llama mi guía por carretera, se ríe y me cuenta que ciertamente, el plan diseñado por Gil convirtió la ciudad en un auténtico epicentro de la élite, consolidándose, al igual que Ibiza, como parada indispensable en el selecto itinerario de vacaciones de las mayores fortunas del mundo. El turismo del sol y playa de la Costa del Sol española no tiene cabida en este pequeño reducto paradisíaco de playas sin fin.

Miro por la ventanilla y me siento como Isabel Preysler a bordo de una elegante y brillante berlina de color negro y asientos tapizados en piel color camel. Al llegar me abren la puerta y el servicio me acompaña hasta mi habitación, una Red Level con terraza particular y vistas al mar desde la quinta planta. Ya estoy pensando en quedarme a vivir aquí, pues al natural el paisaje es todavía más espectacular que en la página web, pero entonces mi interlocutora me sorprende diciendo: "Tenemos una carta de almohadas para garantizar su descanso y además puede aromatizar el ambiente con un perfume de su gusto". No se hable más. "Aroma a té blanco, por favor".

El plan de Gil convirtió la ciudad en un auténtico epicentro de la élite, consolidándose como parada indispensable en el itinerario de vacaciones de las mayores fortunas del mundo

En la cena me reúno en el restaurante de moda, el Nobu, del chef Nobu Matsuhisa, que aúna la cocina tradicional japonesa con sabores peruanos, situado en la glamourosa plaza del Hotel Puente Romano, el preferido de las estrellas. Cuando viene Lady Gaga o Madonna se hospedan en una de las villas de este hotel, valoradas en 5.000 euros por noche, me cuentan. En la esquina de enfrente diviso el nombre del Restaurante de Dani García, el conocido chef malagueño que cuenta con tres estrellas Michelín en su delantal.

Vista de las lujosas embarcaciones del puerto de Marbella, Puerto Banús.Shutterstock

En mi mesa se sienta el director general de Les Roches Marbella, Carlos Díez de la Lastra, que me explica cómo ha evolucionado el sector del turismo en los últimos años y qué es lo que piden las cadenas hoteleras más prestigiosas del mundo. "En nuestra escuela -conocida como el Harvard de las universidades de dirección y gestión hotelera- estamos al tanto de lo que solicitan las mejores empresas y formamos líderes expertos en hotelería con un método totalmente distinto al tradicional. Mañana lo verás", me adelanta. Lo cierto es que la fama precede a esta escuela privada, que nació en Suiza en 1954 y que decidió abrir su segundo campus en Marbella en 1995.

Al día siguiente, con pena por no poder quedarme a disfrutar de la puesta de sol desde mi fabulosa habitación, me desplazo a las instalaciones del centro para asistir al roll-call (ronda de presentación) que se celebra todas las mañanas. Como si de un servicio militar se tratase, Mister Djeebet se encarga de comprobar que todos los alumnos van correctamente vestidos. Uno a uno va supervisando su aspecto. Las uñas sucias o la camisa sin planchar, restan puntos. "Cuando pierden dos puntos se avisa a sus padres y con tres repiten curso", me cuenta Mano Soler, director de Operaciones y Servicios de Atención al Estudiante.

"Lavar los platos, tirar la basura, hacer la cama de una habitación, doblar las servilletas, cocinar... hacen absolutamente todas las tareas que es necesario desempeñar en un hotel"

Su uniforme indica la labor que desempeña cada alumno: limpieza, cocina, administración... Porque a pesar de ser una escuela de élite -cuyos estudios superan los 150.000 euros- cada uno de ellos aprende "desde abajo", resalta. "Aquí no importan sus orígenes, a pesar de que procedan de familias ricas, de importantes empresarios, banqueros o incluso casas reales", añade, después de mencionar que "el chico que acaba de cruzar el jardín es hijo del dueño de Mateus, el vino rosado más vendido del mundo". "Lavar los platos, tirar la basura, hacer la cama de una habitación, doblar las servilletas, cocinar... hacen absolutamente todas las tareas que es necesario desempeñar en un hotel", explica. ¿Pero por qué? "Porque para nosotros lo más importante es la humildad", advierte. Una cualidad muy valorada por los recruiters de los hoteles y firmas más importantes del mundo.

He de esperar unos minutos antes de que se libere la consulta de Sandra Becerra, Student Counseler del centro, que siempre tiene sobre su mesa una caja de kleenex. "Son indispensables", asegura. Allí trata de ayudarles a que resuelvan los problemas que genera a los estudiantes el estar fuera de casa. "Muchos vienen de muy lejos y echan de menos a su familia. Otros son hijos de familias ricas y sienten rabia al venir aquí y tener que lavar los platos", detalla. Entre los miles de casos que resuelve cada año, recuerda uno que le llamó especialmente la atención. "Mientras algunos tratan de no ser reconocidos hay otros como un chico que estaba mal porque se sentía invisible en la escuela, pues era famoso en su país y le sorprendía que aquí nadie le reconociera ni le pidiese autógrafos. Estudiar aquí fue como una bofetada de realidad para él", cuenta con una sonrisa.

En la escuela hacen un roll-call todas las mañanas a primera hora para comprobar su aspecto.Les Roches Marbella

Más tarde me reúno para comer con algunos de los alumnos del centro. Víctor Redondo, de Madrid, Redouane Sadouni, de Casablanca, y los portugueses José Balau y Miguel Pinto aspiran a convertirse en embajadores de Les Roches Marbella. Los cuatro disfrutan al máximo de la experiencia de convivir con jóvenes de más de 85 nacionalidades distintas, hacer contactos y tener la oportunidad de elegir dónde trabajar. "Somos conscientes del esfuerzo que han realizado nuestras familias para que estemos aquí, así que lo aprovechamos al máximo y estamos seguros de que recuperaremos esta inversión en los primeros años de trabajo", coinciden.

Y es que "antes de acabar sus estudios, reciben una media de tres ofertas de empresas de primera línea interesadas en cada uno de ellos", según asegura Makrina Hernández, directora de Marketing y Admisiones. De hecho, nada más terminar la comida, da comienzo la presentación de un directivo de la cadena Hilton, que ha viajado directo, desde Inglaterra al campus marbellí, interesado en captar talento de Les Roches, atraído por su modelo de enseñanza suiza basado en la 'global hospitality'.

La filosofía suiza como base

Para conocer los orígenes de su filosofía, decido viajar a la escuela madre, situada en la bella localidad de Bluche, en los Alpes suizos. Allí me recibe su directora, Christine Demen. Nos explica el por qué de la excelencia suiza. "Todo empezó en 1881, cuando se modernizaron los palacios con electricidad, ascensores... y se convirtieron en hoteles", relata.

No encontramos a ningún estudiante español en el campus suizo, a pesar de que aquí se reúnen jóvenes de más de un centenar de nacionalidades distintas. Los españoles prefieren estudiar en Marbella, puesto que el coste de los estudios en España es inferior. Charlo con Tomás Oliveros, un joven de Colombia que me cuenta que su sueño es dirigir su propio hotel. Por los pasillos nos saluda Pablo García. "Lo mejor que tenemos los españoles de cara al turismo es nuestro carácter abierto y extrovertido", advierte este barcelonés. Abandonó los fogones de un restaurante con estrella Michelín para estudiar en el campus de Marbella y cuando le surgió la oportunidad de trabajar como profesor compartiendo sus conocimientos con los alumnos en Suiza, no quiso dejarla pasar, relata.

Acabada la tournée me alojo en el hotel Chetzeron, un lugar con mucho encanto situado a 2.112 metros de altitud, entre las montañas que rodean Crans-Montana y a dos pasos del telecabina. Una enorme pared de cristal me invita a disfrutar de la bruma de este espectacular paisaje desde la cama de dos metros que preside mi habitación. Nos recibe Élodie Hamard, ex alumna de esta escuela. "Decidí aplicar todo lo aprendido trabajando en un proyecto que me cautivara y así encontré esta antigua estación de ski convertida en un lujoso hotel con 16 exclusivas habitaciones", cuenta esta joven francesa. Antes de regresar al aeropuerto, madrugo para disfrutar de un desayuno de alta montaña y bañarme en el jacuzzi exterior -a 35 grados de temperatura- con la bruma de la mañana como telón de fondo. Un baño de auténtico lujo antes de regresar a la realidad.

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