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Crisis del coronavirus Los pequeños comercios levantan la persiana

El reto de volver a empezar en Tenerife

Cinco propietarios de negocios del sector de la peluquería y la restauración desvelan sus miedos e inquietudes

Óscar Rocío, socio del restaurante Dios los cría y el viento los amontona, tras la barra con mascarilla.

Óscar Rocío, socio del restaurante Dios los cría y el viento los amontona, tras la barra con mascarilla. DELIA PADRÓN

Onelia Martín, con su Peluquería Onepelu, en La Laguna; Nelsa Melián, centro de belleza El Suculum; David López, con su peluquería Loman o Cristóbal Ramos, Restaurante Doña Parte, afrontan el volver a empezar -establecimientos de menos de 400 metros cuadrados-. Saben que la primera semana es de transición, ajustar los horarios y fijar nuevas costumbres como Óscar Rocío, socio del restaurante Dios los cría y el viento los amontona, en La Orotava.

Explica que tras aplicar un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) a sus siete empleados, solicitar la ayuda del cese de actividad para afrontar problemas de liquidez, han tenido que volver "sólo con los socios".

"Aún tenemos que hacer frente a la mitad de las nóminas de marzo, que están pendientes, y no ha quedado alternativa que volver al trabajo de esta manera". Es su primera experiencia con reparto.

Respecto a los planes de desescalada, afirma que "sanitariamente" parecen "lógicos", pero "económicamente medio-inviables".

La próxima apertura de la terraza, con un 50% de capacidad, podría ser un alivio a partir del 11 de mayo. "Dentro está previsto abrir con muchas menos mesas, quizás cinco, pero eso puede ser una condena", teme el empresario.

Para volver a la situación anterior, Rocío plantea que "por lo menos se permita a las empresas una recuperación del personal acogido a ERTE también de una forma escalonada y proporcional al trabajo que exista. Esa ayuda sería fundamental". Cree que debería tenerse en cuenta la facturación para arbitrar otras ayudas: "Esto no es matemático; abrimos, pero si no se factura a niveles parecidos al periodo previo a la alarma, también se tendría que pensar en ayudas. En España hay una fiscalidad desproporcionada".

"Nosotros no podemos mantener un negocio sin endeudarnos, así que lo que más nos preocupa es el incremento de esa deuda, que la pelota siga creciendo sin control. El crédito ICO es una medida paliativa", advierte. En el lado positivo, la comprensión del propietario del local y del beneficiario del traspaso, "que nos han dado margen y no podemos estar más agradecidos", o la buena acogida de los clientes en el primer día.

Transición en La Laguna

Oneida Martín afronta con optimismo la etapa. Onepelu, una peluquería ubicada en la plaza Víctor Zurita Soler -el Cuadrilátero lagunero-, coincidiendo con la declaración del estado de alarma. "La primera semana va a ser de transición, pero ya podemos iniciar la actividad", celebra.

Según explica, debe tener cierto control en su establecimiento, como utilizar medidas de protección. Solo podrá haber una persona dentro de su salón de belleza y con cita previa. "En una peluquería solapamos un cliente con otro: mientras uno tiene un tinte puesto, hago un corte, o depilo, o hacemos unas manos?", señala. "Ahora solo vamos a poder trabajar de uno en uno", confiesa con un talante crítico.

"Las vacaciones se van a quedar en el tintero; llevo casi dos meses parada y ni me planteo coger vacaciones",confiesa. Las peluquerías son más que necesarias. Se acabaron los experimentos.

"Hay clientes que se han hecho peinados comprando productos en el supermercado, que se han dejado canas o que se han cortado el pelo con trasquilones".

Las chicas de oro

Nelsa Melián regenta en el barrio santacrucero de El Suculum Peluquería Melipáez. "Pero todo el mundo nos conoce como las chicas de El Suculum", puntualiza. Aún no tiene día fijo para la reapertura: "Estoy indecisa".

Melián trabaja junto a una compañera que, por el momento, no podrá regresar a su puesto de trabajo. Sigue en el ERTE. "Llevo días dándole vueltas", suspira.

El reloj de la protección. "Ahora tienes que buscar más tiempo para recibir al cliente, para darle los medios de protección y hay que desinfectar entre uno y otro. Tendremos que ampliarlo". La empresaria reconoce que falta información. "Rentabilidad no vas a tener ninguna. No hay seguridad, no tienes nada", lamenta.

"No sé cómo voy a gestionar esto, no quiero priorizar a nadie".La principal petición parece repetirse: todo el mundo quiere teñirse el pelo. "Todas me hablan de lo mismo, de las canas y las raíces", detalla. A la inseguridad hay que añadir un importante desembolso económico que no hace sino echar más peso sobre las espaldas de los pequeños empresarios. "He tenido que comprar geles desinfectantes, capas, toallas, mascarillas, soluciones alcohólicas para las manos... Acaban de traerme una alfombrilla especial para poner en la puerta con desinfectante que me costó casi 60 euros. Es una inversión grandísima que no sé de dónde va a salir", concluye.

Domar al miedo

Le toca a David López. Abrió su centro de belleza en El Pozo de Candelaria hace dos años. Ha preparado con las medidas higiénicas fijadas por el Gobierno para la fase inicial del desconfinamiento en el retorno a la vida laboral. "La gente está desesperada por volver a la peluquería; hasta el punto que el deseo por regresar y logra vencer el posible miedo", comenta de forma jovial.

David recuerda que trabajaba en otro centro por cuenta ajena hasta que decidió emprender su aventura. Entre los retos de su reapertura, admite que debe de cambiar sus formas de trabajar.

"Ya tengo la agenda llena para los dos o tres primeros días; calculo que estaré con una hora por clienta, dado que hay que desinfectar entre la entrada de una y otra persona. Además, de forma simultánea no puede estar sino la persona que demanda el servicio, por lo que doy cita por teléfono".

Túnel de ozono: 2.500 euros

'Doña Pata', entre mamparas o túnel de ozono. Restaurante cercano, comida casera y corazón. Cristóbal Ramos adquirió en julio del pasado año el restaurante, en la céntrica calle de La Arena, en la Villa de Candelaria, que tiene en total siete trabajadores, incluyendo al propietario.

Estos días se prepara para recuperar su actividad, que pasa por preparar comidas que podrán llevar a domicilio o que las puedan recoger en la puerta del establecimientos. Es la máxima.

Muestra su preocupación por cómo será la adaptación en las siguientes fases que prepara el Gobierno y en particular en el desembolso que le supondrá.

Y saca cuentas. Todo son gastos. "El establecimiento tiene una barra de doce metros, imagínate el desembolso que tengo que hacer si cada mampara de metacrilato cuesta 69 euros el metro, y luego para que, cuando se levanten las medidas de control, dentro de unos meses, todo el dinero invertido en plástico acabe en la basura". La cifra suma 700 euros.

Se pregunta por la viabilidad del negocio, porque tiene 14 mesas y al principio solo podría tener en servicio cinco, a lo que se suma el túnel de ozono que le acaban de ofrecer para desinfectar a los clientes cuando entren por unos 2.500 euros. Gasto añadido después de 50 días sin un ingreso.

Historias y facturas. Entre la desazón y la melancolía. La curva económica del virus desde el alma desde la primera línea. Más allá de las cifras, hay rostros. Cuentos de superación. Un viaje por la crudad realidad de un escenario repleto de incógnitas."Es ilusionante pero también inquietante, tenemos que superarlo". Buscan la experiencia y el calor del cliente. Los emprendedores de la fase 0.

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