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Los tomateros se abren a nuevos cultivos ante su baja rentabilidad

El sector del tomate busca nuevas salidas para garantizar la viabilidad de sus negocios

Imagen de archivo de una recepción de tomate canario en el puerto de Rotterdam.

Los tomateros miran a otros cultivos para diversificar sus explotaciones. El incremento de costes del tomate, de un 10% en las dos últimas campañas, ha situado al sector en una situación límite. Sobre este segmento no solo se ciernen las sombras del brexit -a Reino Unido va a parar casi un 50% de su producción-, sino también las incertidumbres que genera la pandemia del coronavirus. El tiempo apremia y los productores, ante el incierto futuro, han decidido ponerse manos a la obra.

Colocar un kilo de tomates en el punto de venta en destino europeo costaba entre 1,10 y 1,12 euros en las campañas que van de 2008/2009 a 2017/2018. El incremento de costes laborales en las dos últimas temporadas ha elevado dicho gasto a casi 1,20 euros y a más de 1,21 en las campañas de 2018/2019 y 2019/2020, que hace poco acaba de finalizar, según el informe Evolución reciente de los costes de producción de tomate canario de exportación: una aproximación elaborado por el Grupo de Investigación Economía Agroalimentaria en Canarias de la ULL a petición del Ejecutivo regional.

Los tomateros se enfrentan a la tormenta perfecta y buscan una salida rápida al laberinto en el que se encuentran inmersos. El sector no quiere abandonar los canales de exportación abiertos desde hace más de un siglo ni dar un portazo a las relaciones consolidadas con los clientes británicos y europeos, sino aprovechar las sinergias creadas para dedicar parte de sus explotaciones a nuevos cultivos -tanto hortofrutícolas como subtropicales- y no depender tanto de los envíos de tomate. El estudio apunta al aumento de los costes laborales como la principal causa del incremento de costes en la producción del tomate. "En la medida que se pueda mantener, se mantendrá, pero hay que buscar alternativas", apunta el portavoz de la Federación de Exportadores Hortofrutícolas de Las Palmas (Fedex), Gustavo Rodríguez. El objetivo es implantar otros cultivos que no sean muy intensivos en mano de obra. Cada hectárea de tomate requiere cinco trabajadores, explica Rodríguez, frente a los 0,9 que son necesarios para el cultivo de una hectárea de plataneras.

Varios frentes abiertos

El grupo de investigación de la ULL, integrado por José Juan Cáceres, Gloria Martín, Dirk Godenau y José Ignacio González, recuerda que el brexit no solo podría cambiar las relaciones comerciales del sector con Reino Unido, sino que también pone en entredicho la percepción de las ayudas al transporte y comercialización en los envíos fuera del territorio comunitario. Precisamente el 8 de este mes Fedex y la Asociación de Cosecheros y Exportadores de Tomate de Tenerife (Aceto) expusieron ante el presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, y su consejera de Agricultura, Alicia Vanoostende, sus temores en caso de que no se alcance un acuerdo en torno a ellas y se pierdan por la consideración de Reino Unido como tercer país. El Gobierno canario se comprometió a dar su apoyo en caso de que se produzca el peor de los escenariospara que el sector cuente con las subvenciones de enero a junio de 2021, que abarca el último tramo de la campaña.

"Estamos en contacto directo y coordinados con el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del Gobierno de España para defender las ayudas europeas para el transporte", expone Vanoostende, quien también destaca el compromiso del Ejecutivo canario para realizar un estudio del sector tomatero a futuro y valorar las posibles alternativas al cultivo. Este informe ya se encuentra en fase de preparación y será presentado en los próximos meses.

El documento ya elaborado por el grupo de expertos de la ULL también señala como una de las principales amenazas la entrada en escena del Covid-19 por su posible impacto en los mecanismos de funcionamiento de las navieras en términos de condiciones de transporte y frecuencia de las conexiones entre Canarias y Europa "Cabe suponer que podrían traducirse en incrementos de costes, o bien, en pérdidas de calidad de la fruta", afirma. Estas circunstancias propician, a juicio de los especialistas, que se acentúen las desventajas en costes para la producción canaria. Este escenario requiere, bajo su punto de vista, reflexionar sobre la capacidad de sostener una estrategia competitiva en los costes unitarios de producción.

El estudio hace hincapié en que la coyuntura de mercado ha situado a muchas de las explotaciones exportadoras "al borde de su desaparición". Si Canarias llegó a contar con 52 empresas exportadoras de tomate, ahora solo quedan seis. Una cifra que podría reducirse a la mitad el próximo año, según advierte Rodríguez, de persistir las condiciones actuales. Con un aumento de costes que no llega acompañado de un incremento de precios -debido, en buena medida, a la voraz competencia que lideran países con costes de producción y de mano de obra inferiores-, las cuentas no salen.

Ni siquiera las ayudas articuladas para compensar los gastos derivados de cultivar en un territorio ultraperiférico y fragmentado contribuyen a competir en igualdad de condiciones. El informe sostiene que las subvenciones establecidas, como la ayuda por hectárea introducida en el Programa Comunitario de Apoyo a las Producciones Agrarias de Canarias (Posei), parecen apenas capaces de eliminar las pérdidas asociadas al desarrollo de la actividad.

En 2018 la ayuda por hectárea subió a 15.000 euros, después de que en 2016 y 2017 el importe fuera de 11.000 euros. Ahora, en pleno debate sobre la negociación de los presupuestos europeos, el sector aspira a lograr un aumento de la subvención que sobrepase los 20.000 euros. Un anhelo complicado de conseguir con la merma que supone para las arcas europeas el divorcio británico y el empuje de varios estados para dar prioridad a otras políticas -como la inmigratoria, de defensa o medioambiental- frente a la agraria.

Con este trasnfondo, al sector le resulta difícil avanzar. Más aún cuando a la oferta de sus competidores tradicionales en Europa se suman la de otros como Turquía o Polonia y las producciones del norte de Europa se extienden en el tiempo por la ayuda de la tecnología y la subida de las temperaturas derivada del cambio climático. El Archipiélago ya no cuenta, tal y como indica el informe, la exclusividad estacional de antaño. La seguridad alimentaria y las mejores condiciones laborales del sector canario son dos factores que los expertos recomiendan poner en valor para lograr captar consumidores dispuestos a pagar un mayor precio por el producto. Pero ante la dificultad del camino, el grupo de investigación recomienda diseñar una estrategia integral para la producción agraria de Canarias que busque aportar rentas a los agricultores a través de la diversificación de su oferta con una gama de productos y mercados más amplia.

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