Warwick McKibbin, director del Banco de la Reserva de Australia y autor, junto con Jeffrey Sachs, del mundialmente famoso modelo global económico salido de Harvard, predijo el otro día en Melbourne el mayor descarrilamiento del bienestar desde la década de los 70. Según McKibbin, la economía mundial se enfrenta a un choque de trenes por causa de la deuda, y la situación crítica que atraviesa Grecia sólo sería el comienzo de lo que se avecina. Al final del túnel, la inflación alcanzaría porcentajes que no se recuerdan.

El profesor McKibbin advirtió de que la deuda pública de muchos países europeos está ya en vías de superar el 60 por ciento de su PIB (Producto Interior Bruto). En Japón, las previsiones se sitúan por encima del 200 por ciento, y en los Estados Unidos, del 100 por ciento.

Para el prestigioso economista, la situación podría sostenerse con una tasa de interés cero, pero no teniendo que dedicar todos los años un 5 por ciento del PIB sólo para pagar la deuda.

Pero en esta tierra de penumbra hay, a la vez, rincones todavía más oscuros. Grecia, Portugal e Irlanda no sólo tendrían que equilibrar sus deudas e ingresos, sino también llevar adelante una depreciación del 30 por ciento al 40 por ciento de sus tipos de cambio, según McKibbin. Para el profesor, sólo hay dos maneras de hacerlo: saliendo del euro y devaluando la moneda un 40 por ciento o ir a una deflación similar en los próximos doce meses. Pero, a su juicio, ninguna sociedad podría sobrevivir fácilmente con ese tipo de deflaciones.

La carrera inflacionista

También arrastran dificultades los países vinculados al dólar como son los casos de China, India y algunos de Latinoamérica, expuestos a inflaciones similares a las que padecieron en los años setenta. MacKibbin explicó cómo en India el nivel de los precios está ya en el 9 por ciento, y en China ronda el 6 por ciento. "Los precios de las materias primas están subiendo y tendrán que estar bajo control cuando las tasas de interés sean mucho más altas", subrayó. Su pronóstico, temible, es que la inflación se extenderá a todo el mundo.

La demanda mundial de materias primas está afectando a los precios en todas partes. El Banco Central Europeo se ha mostrado preocupado más de una vez por la inflación. La independencia de la libra frente al euro ha permitido a Gran Bretaña afrontar el problema de manera distinta, con depreciaciones, en cuanto al comercio, y ello ha contribuido a que el debate sobre la moneda única se pueda plantear desde el ejemplo de los países que han decidido mantenerse al margen y aquellos otros a los que el vínculo con el euro los deja sin capacidad de maniobra para salir del atolladero en que se encuentran.

La crisis griega es la primera de las tragedias de la segunda década del siglo XXI y aunque los propios griegos reconocen que sus males tienen profundas raíces sociales, en la ética (el fakelaki, los sobres para sobornar) o incluso la estética, en la Hélade la causa más reciente de lo que les toca sufrir la buscan en la moneda única europea. Debido a los planes de rescate, lo que ahorran los ciudadanos, en Grecia o fuera de Grecia, se lo come el Estado. El problema del euro es que no todos entraron en él cuando debían. La realidad de las economías fundadoras más importantes de la UE, o la política monetaria dirigida por el Banco Central Europeo, establecieron una situación de partida desigual. Grecia, Portugal, Irlanda o España seguramente no debieron haber entrado a formar parte del exigente club, pero no porque el euro o la unidad monetaria sean fuente de inestabilidad, sino porque sus gobiernos, antes, durante y después, no han sabido acomodar el gasto y las decisiones al orden al que se estaban adhiriendo.