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Jacques Bulchand y Santiago Melián | Doctores en el ámbito de la Economía y la Empresa de la ULPGC

“Es probable que en próximos años haya más quiebras de aerolíneas”

De izquierda a derecha, Jacques Bulchand y Santiago Melián, en el despacho del primeros del campus de Tafira. | | ANDRÉS CRUZ

De izquierda a derecha, Jacques Bulchand y Santiago Melián, en el despacho del primeros del campus de Tafira. | | ANDRÉS CRUZ

Jacques Bulchand (1969) y Santiago Melián (1967), ambos nacidos en Las Palmas de Gran Canaria y profesores de la ULPGC, acaban de alumbrar en ‘Annals of Tourism Research’, una de las principales publicaciones internacionales en el ámbito del turismo, el artículo titulado “Post-COVID-19 behavior change in purchase of air tickets”. En él concluyen que en torno a un tercio de los ciudadanos -obtuvieron 638 encuestas válidas- van a cambiar durante los próximos tres o cuatro años su costumbre de contratar vuelos y estancias con mucha antelación. Ese será el tiempo que dure el daño que la pandemia ha provocado en este ámbito. 

¿Cómo surge la idea de anticipar lo que puede ocurrir en el mercado de los viajes cuando pase la pandemia?

Jacques Bulchand: Muy sencillo. Al surgir el problema ya tenía comprados los pasajes para mis vacaciones del verano de 2020, con casi seis meses de antelación. Me surgió la reflexión desde esa circunstancia particular en torno a si yo volvería a hacer lo mismo y cómo se comportaría el resto de los ciudadanos. La hipótesis es que los imprevistos iban a generar cambios en los hábitos de los consumidores y quisimos confirmarlo. Cuando volvamos a la normalidad, la incertidumbre que antes no existía no habrá abandonado el interior de cada ciudadano.

Comprar con antelación nos permitía acceder a mejores precios. ¿Y ahora qué?

Santiago Melián: Esa antelación se ha convertido ahora en un factor de riesgo. Antes había seguridad en que la compra se iba a materializar, pero ahora ya todo el mundo sabe que puede haber una cancelación y el consumidor queda a expensas de si le devolverán o no el dinero y qué grado de dificultad entrañará ese proceso. Normalmente compramos en base a la confianza y la pandemia ha erosionado eso precisamente.

Señor Bulchand, ¿tenía alguna cláusula para protegerse de una eventualidad como esta?

J. B.: Evidentemente no atendíamos a estas cuestiones y tampoco yo tenía ninguna cláusula, eran pasajes sin derecho a devolución. A pesar de todo ello, hay una normativa europea que obliga a la compañía a devolver el dinero si no presta el servicio. Pero claro, con la que estaba cayendo, las aerolíneas fueron muy lentas. Hay que tener en cuenta que dejaron de facturar de golpe, los vuelos se pararon y tuvieron grandes dificultades para retornar esas grandes sumas de dinero.

¿Cómo se llega a la conclusión de que el temor a lo que pueda pasar va a permanecer?

S. M.: Preguntamos a los participantes en el estudio por cuál será su comportamiento en este ámbito cuando retomemos la normalidad. El resultado es que un tercio de la muestra prevé cambiarlo, mayoritariamente aplazando la compra a un momento cercano al viaje. Nosotros solo preguntábamos qué creen que harán en el futuro, ellos mismos han configurado la respuesta. Teniendo en cuenta los cierres perimetrales o las exclusiones por países, por ejemplo, es lógico que exista el miedo a lo que puede pasar.

J. B.: Curiosamente un estudio publicado esta misma semana señala que dos tercios de los europeos están absolutamente decididos a viajar en cuanto puedan hacerlo y también un tercio son muy reacios a subirse a un avión o a alojarse en un hotel. Confirma lo que ya estábamos viendo nosotros.

Eso reduce el tamaño del negocio. Se acabó esa progresión casi geométrica de la demanda.

J. B.: En una pequeña parte creo que se traducirá en una reducción y, por otra, en un cambio de tendencia, de modelo. No meterse en un avión no significa no hacer turismo, pero quizá ahora sean más los que se decanten por un desplazamiento en coche a un destino más cercano, más local.

¿Para ese tercio de la demanda se acabó la anticipación?

S. M.: La clave que manejan ellos es la de aplazar la compra para no incurrir en riesgos.

¿Eso daña a las empresas del negocio turístico?

S. M.: Claro. Anticipar ventas les garantizaba la rentabilidad de sus servicios. Conocían la ocupación y los ingresos, y ahora tienen que arriesgar más o modificar su estrategia de ventas.

¿Y qué pasa con esos grandes turoperadores que compran en invierno miles de camas para el invierno del año siguiente?

J. B.: En general todo el sector turístico, el que opera en Canarias desde luego, se basaba en grandes volúmenes de compras con mucha antelación. En todo: camas, vuelos, incluso actividades paralelas... Eso en tres o cuatro años no va a ser posible.

¿Y los hoteles cómo sobreviven sin esa ocupación garantizada a la que están habituados?

S. M.: No hay más que ver las declaraciones de los hoteleros pidiendo que la vacunación vaya rápida, necesitan estabilidad.

J. B.: Se firmarán muchos contratos condicionales que vinculen el pago a la inexistencia de problemas como el que estamos viviendo u otros que puedan surgir.

“Un tercio de los consumidores se decanta por aplazar la reserva de sus vacaciones”

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¿Tres o cuatro años durará en la memoria colectiva el temor a lo que pueda venir?

J. B.: Ojalá que lleguemos pronto no solo a la normalidad, sino a hablar de la pandemia como un suceso del pasado. Tres o cuatro años sin que ocurra nada extraño es plazo suficiente para volver a la dinámica habitual y dar por cerrado este capítulo.

¿Y qué hacen hasta entonces los negocios?

S. M.: Adaptar su actividad a las circunstancias actuales. Por ejemplo, garantizando la seguridad de los viajeros. Se habla del pasaporte o de asegurar una rápida y sencilla devolución del dinero, sin barreras ni complicados procesos, por ejemplo. Los negocios han superado ya crisis graves y la inventiva de los empresarios volverá a servir para dar con la fórmula que les permita hacerlo una vez más.

Siendo cierto, ¿habrá una reducción de la oferta? ¿Desaparecerán muchos negocios?

J. B.: Esperemos que no. El objetivo es buscar la fórmula que impida esa reducción de un tercio adoptando esas medidas que les den tranquilidad. En cuanto se compruebe que todo funciona correctamente, volverán a entrar en la rueda y a participar en el turismo. Y digo que ese es el objetivo, pero no solo de las empresas, también de los poderes públicos.

La demanda puede acostumbrarse fácilmente a tener esas garantías, ¿pero qué hacemos con ese nicho que no sabe hacerlo sin planificar?

S. M.: El consumidor también tendrá que adaptar sus hábitos durante este tiempo a las características del entorno. Yo soy optimista y pienso que en cuanto el nivel de vacunación se eleve, las personas van a volver a consumir turismo y a hacer crecer las cifras año tras año. La seguridad sanitaria es el punto de inflexión y permitirá retornar con cierta facilidad al nivel de consumo previo a la irrupción de la pandemia.

Las aerolíneas ya venían teniendo dificultades en la última década por el cambio de modelo, con la aparición del bajo coste. ¿Podemos pensar en nuevas desapariciones de compañías?

J. B.: Parece claro que el cambio de la estructura va a ser importante en todos los segmentos del turismo. Es muy probable que veamos quiebras en los próximos meses y años, o consolidaciones, es decir, movimientos importantes. Ya se estaban produciendo antes de la pandemia, esta solo actúa como acelerante. ¿Y por qué no? Como decía Santiago, la inventiva del empresariado alumbrará nuevos modelos. A lo mejor no tan low cost ni tan estándar, quizá intermedios, que den unas cosas y otras no, con precios un poco más altos y menor tasa menor de rentabilidad para ellos, pero garantizando el retorno inmediato del dinero. Eso, por ejemplo, generaría la necesaria confianza.

¿Recortar más el servicio?

S. M.: (Risas) Por ahí no irá la inventiva, seguro.

¿Si no vuelve el negocio turístico este año, empezamos a ver problemas serios?

S. M.: No contemplo otro escenario, es el único que se me ocurre. Lo contrario sería una catástrofe. Con la vacunación extendida crecerá el consumo y dejará de ser esencial una asistencia pública que hoy es absolutamente necesaria. No hay soluciones mágicas, esto tiene que reactivarse sí o sí.

J. B.: Se está proponiendo ya dar prioridad en la vacunación a los trabajadores del sector turístico. Reino Unido, por ejemplo, va muy avanzado y es de esperar que puedan empezar a llegar antes de la próxima temporada de invierno y para eso aquí tendremos que tener una situación estable. De ahí que se empiece a pedir la vacunación prioritaria para los trabajadores que atienden a los visitantes.

Lo que ocurre es que luego se mira la tasa por países y España empeora las cifras de Canarias.

J. B.: El peor caso nuestro ha sido probablemente similar al mejor de otras comunidades autónomas. No sé si por la insularidad o el clima, pero la gestión que se ha hecho desde lo público ha sido bastante buena.

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