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El lío de faldas en Londres ayuda a las Islas

El sustituto del dimisionario Matt Hancock en el Ministerio de Sanidad del Reino Unido se muestra partidario de recuperar la normalidad «lo antes posible»

El hasta ahora ministro de Salud británico, Matt Hancock

El hasta ahora ministro de Salud británico, Matt Hancock Victoria Jones/PA Wire/dpa

Dice el proverbio chino que el aleteo de una mariposa en un extremo del mundo puede causar un huracán en el otro extremo. El extraño vínculo entre un lío de faldas en Londres y el sector turístico canario está a punto de corroborarlo.

El sábado, el hasta ese día ministro de Sanidad del Reino Unido, Matt Hancock, dimitía de su cargo. A Hancock lo habían pillado con el carrito del helado. El viernes, el tabloide inglés The Sun –uno de los periódicos sensacionalistas más influyentes del mundo– había difundido un vídeo, en concreto la grabación de una cámara de vigilancia, en el que se ve al ya exministro –casado y con tres hijos– abrazándose y besándose con Gina Coladangelo. Dos ingredientes más contribuyeron a la dimisión de Hancock: el primero fue que Coladangelo, a la que antes de amante se conocía como amiga sin más del ministro, había sido nombrada para un cargo en el Ministerio, lo que en su día ya levantó ampollas entre la opinión pública británica por un posible caso de nepotismo; y el segundo, que el magreo captado por las cámaras de videovigilancia tuvo lugar el 6 de mayo, cuando el Reino Unido estaba sometido a estrictas normas de distanciamiento social para contener la propagación de la covid-19. «Aquellos de nosotros que hacemos las normas debemos atenernos a ellas, y es por lo que debo dimitir», anunció Hancock el sábado. ¿Que qué tiene que ver un adulterio a varios miles de kilómetros con el sector turístico del Archipiélago? Pues mucho más de lo que podría imaginarse, y en este caso para bien.

El ministro dimisionario siempre se mostró reacio a facilitar los viajes al exterior de los británicos, y en más de una ocasión lanzó mensajes desalentadores sobre los «retrasos» y «molestias» que sufrirían quienes se desplazaran fuera de las fronteras del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Hancock era uno de los más firmes defensores de no reabrir el país al exterior –y pocos lugares del exterior les gustan a los ingleses más que Canarias– y de establecer estrictas medidas para quienes regresaran de terceros países: tests, cuarentenas, confinamientos... Sin embargo, su sustituto al frente del Ministerio de Sanidad, un Sajid Javid más liberal que Hancock y que fuera responsable de la cartera de Interior con Theresa May, no tiene la intención de castigar a las agencias de viajes y turoperadores británicos más de lo estrictamente razonable. Javid quiere «volver a la normalidad lo antes posible». No en vano, las restricciones impuestas por Londres, que han impedido las vacaciones en las Islas a decenas de miles de ingleses, escoceses, galeses y norirlandeses, no han evitado que la incidencia acumulada de la covid-19 en los últimos 14 días sea de casi 250 casos por cada 100.000 habitantes. Eso en el país que mantiene a Canarias entre los destinos no seguros.

Así pues, el lío de faldas de Hancock es una buena noticia más para la economía regional, que poco a poco mira con más esperanza el futuro a corto plazo gracias a medidas como el certificado covid digital, que entra hoy en vigor en la Unión Europea. En Canarias ya se han expedido más de 300.000 certificados covid.

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