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La Provincia - Diario de Las Palmas

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A la espera del turista internacional

A pesar de que la apertura de fronteras ha facilitado la llegada de visitantes extranjeros, canarios y peninsulares siguen siendo mayoría en las zonas turísticas de Tenerife

Una familia de turistas frente a un comercio de Los Cristianos. | | María Pisaca

La actividad en las zonas turísticas de Tenerife comienza a despegar en un verano que el sector espera que sea por fin el de la reactivación definitiva. Tras más de un año trabajando a medio gas, el buen tiempo y las vacaciones de muchos han vuelto a llenar las terrazas de bares y restaurantes, mientras que los hoteles de la provincia tienen una ocupación media del 60%, baja si se compara con el 95% que se podía alcanzar en cualquier agosto anterior a la pandemia, pero que permite, al menos, mantener la actividad de los hoteles que están abiertos.

Este verano, las zonas turísticas de la isla vuelven a estar tomadas de nuevo por canarios y peninsulares, que siguen siendo mayoría entre los clientes de los establecimientos, mientras que los visitantes extranjeros todavía no consiguen desbancar a locales y nacionales, aunque se dejan ver más que hace unos meses cuando el cierre de fronteras y las duras restricciones hicieron que su presencia fuera casi inexistente.

Un trasiego de clientes que los empresarios del epicentro turístico de Los Cristianos confirman que ha aumentado, sobre todo en las últimas semanas, algo que agradecen después del fatídico verano de 2020, cuando la incertidumbre hizo que muchos optasen por veranear lo más cerca posible de casa, y tras una temporada de invierno fatídica, marcada por los cierres de los principales mercados emisores de turistas.

«Sobre todo estamos trabajando con clientes locales, peninsulares y algo de extranjeros, pero muy poco», señala Javier Chinea, trabajador del restaurante El Rincón del Marinero. «Ingleses pocos y los que hay son jóvenes que apenas gastan en restaurantes», apunta.

El lamento de Chinea es respaldado por muchos otros empresarios del sector turístico tinerfeño, para los que el visitantes británico era su principal cliente antes de que el coronavirus hiciera añicos los sistemas que manejaba la industria turística y que esperan desesperadamente su llegada. En 2019, el último año antes de la pandemia, pasaron sus vacaciones en Tenerife 2,1 millones de turistas ingleses, galeses, escoceses y norirlandeses, que representaron algo más del 34% del total de visitantes. Este año, hasta el mes de junio, apenas habían visitado la isla 13.410, lo que da una idea del descalabro que ha supuesto para el sector, al quedarse sin un mercado que gastaba 2.200 millones de euros anuales, solo en Tenerife.

Oxígeno de los británicos

Que el Gobierno de Boris Johnson haya decidido esta misma semana mantener a toda España, incluida Canarias, en el semáforo ámbar, –por lo que los turistas con la pauta de vacunación completa que visiten el Archipiélago y retornen al Reino Unido no deben pasar diez días de cuarentena–, ha dado un respiro al sector en las Islas, pero ni siquiera la flexibilización de las restricciones en su país parece estar animando demasiado a los británicos a volar a Canarias.

Sí que hay una mayor presencia de turistas de otras nacionalidades. Alemanes, belgas, franceses e inclusos polacos se han dejado ver más este año por las zonas turísticas de Tenerife, pero en conjunto no pueden compensar la pérdida que supone la reticencia del turista británico. En los seis primeros meses de este año llegaron a Tenerife 225.262 turistas extranjeros, en su mayoría franceses y alemanes. Una cifra que no puede compararse con los más de un millón de británicos alojados en los establecimientos hoteleros tinerfeños hasta junio de 2019.

Lo cierto es que el cliente que más han atendido los hoteles de Tenerife a lo largo de este año es precisamente al huésped local. 160.000 se han quedado en los primeros seis meses en los establecimientos abiertos, muchos atraídos por las importantes ofertas que han puesto a disposición de los residentes con la intención de atraer clientes sobre todo los fines de semana, algo que ha ayudado a compensar las pérdidas.

Además de los clientes locales, 122.000 peninsulares se alojaron en los hoteles de Tenerife en ese mismo periodo, siendo el segundo grupo más numeroso.

Una tendencia que parece continuar este verano a pesar de las ansias del sector por recuperar al turista internacional. Aún así, empresarios del sector sostienen que este verano está siendo mejor que el del Año I de la pandemia. Un mayor número de clientes ha animado a abrir a la gran mayoría de restaurantes y comercios de las zonas turísticas y en el centro de Los Cristianos es ya difícil ver algún local con la persiana todavía bajada. Eso sí, lo que sí se podía apreciar eran los carteles de «Se vende» o «Se traspasa» en varios negocios que continuaban abiertos, pero a los que la crisis no les ha dado tregua. En el caso de los hoteles, y según las cifras aportadas recientemente por la Asociación Hotelera de Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro (Ashotel), todavía siguen cerrados cuatro de cada diez hoteles.

El mayor número de visitantes se dejaba notar en las calles de esta emblemática zona turística cuya estampa nada tiene que ver con la que podía apreciarse durante el arranque de la pasada temporada de invierno, la más importante para la industria en Canarias, que el año pasado se cerró con cifras dramáticas.

«Estamos cometiendo los mismos fallos que el año pasado», mantiene Jesús Molina, propietario de Excursiones Jesús. «Abrimos pronto, rebajando restricciones y la incidencia ha vuelto a subir», valora este empresario con más de 25 años de experiencia, para quien lo más importante es salvar la temporada de invierno, aunque se muestra convencido de que «será buena» siempre que «se hagan las cosas bien».

A pesar del mayor volumen de visitantes en las zonas turísticas, los empresarios indican que este incremento no se está notando por igual en sus cuentas.

«No hay esa alegría económica que se predijo», señala José Gaspar, responsable del restaurante El Ventorrillo. La quinta ola ha dilapidado muchas de las buenas perspectivas que se habían alcanzado tras el avance de la vacunación y los visitantes siguen mirando mucho los precios y se tiran a las ofertas, ya que la incertidumbre todavía hace que la mayoría sea precavido a la hora de gastar.

La misma percepción tiene Daniel Castañeda, administrador de Osoro Canarias, una tienda especializada en la venta de tabaco y licores en pleno centro del núcleo turístico. «O no hay tanto guardado como se dice o la gente todavía tiene miedo a gastar dinero por lo que pueda pasar», expone.

Más restauración

Para Safau Matta, que regenta la tienda de ropa Cuore en Los Cristianos muy enfocada al turista internacional, el comercio se está recuperando peor de esta crisis que otros negocios como la restauración debido precisamente a esa limitación del gasto entre los turistas. «A comer siempre van a ir pero lo que es comprar...se resisten más», valora.

El objetivo de muchos negocios del sur de la isla este segundo verano atípico será resistir hasta la llegada de la temporada de invierno. Cuando esperan que de una vez por todas se produzca la reactivación definitiva. Para ello, no solo es preciso que la vacunación avance hasta alcanzar unos porcentajes que protejan a la mayor parte de la población sino también disipar la incertidumbre que mantiene todavía en sus casas a muchos de los potenciales clientes de la principal industria del Archipiélago.

A la espera del turista internacional

«No hacemos previsiones, se trabaja día a día»

Javier Chinea, empleado del restaurante El Rincón del Marinero en Los Cristianos, reconoce que con la actual situación es muy difícil hacer previsiones a largo plazo. «Trabajamos día a día con ilusión, pero nada más», sentencia, después de que el coronavirus y las diferentes olas de la pandemia hayan hecho imposible pronosticar cómo va a resultar la actividad del próximo mes. El negocio resiste muy bien las embestidas de la crisis gracias al cliente local y a su oferta basada en el pescado fresco de kilómetro cero. «Desde que abrimos hemos trabajado con clientes de aquí y no nos han fallado», indica. Sobre todo el verano pasado cuando a los comensales habituales se sumaron «muchas personas que no pudieron salir y se quedaron a veranear aquí». Insiste en que la anterior campaña de verano «se trabajó muy bien porque la gente tenía muchas ganas de salir y consumir». Este está siendo algo más flojo para este restaurante, que también recibe a turistas nacionales e internacionales. 

A la espera del turista internacional

«Las ventas han aumentado un 50%»

Osoro Canarias, una tienda especializada en la venta de tabaco, licores y otros productos, comienza a notar una mejora en sus ventas. Su administrador, Daniel Castañeda, señala que el volumen de negocio se ha incrementado un 50% respecto al año pasado. El local, situado en una céntrica avenida de Los Cristianos, ha percibido menos la falta de clientela, pero sí que ha existido un menor nivel de gasto. «Personas que antes compraban tres ahora se llevan uno y comparan mucho los precios», evidencia el responsable, por lo que insiste en que todavía hay mucha prudencia a la hora de sacar el dinero del bolsillo, por si la pandemia todavía guarda algún que otra sorpresa que desestabilice una vez más la economía. 

A la espera del turista internacional

«Abrimos en plena pandemia y no hemos dejado de trabajar»

José Gaspar ha sido uno de los pocos valientes que en plena pandemia se ha atrevido a abrir un negocio en una zona turística, su restaurante El Ventorrillo, aunque agradece que «no hayamos parado de trabajar». El año pasado, gracias a los canarios, un cliente que este verano han echado algo de menos, ya que muchos se han escapado fuera de la isla. «En 2020 servimos a mucha gente del Norte que jamás había pasado sus vacaciones en el sur de la isla», sostiene. Sin embargo, su falta la han compensado peninsulares y algunos extranjeros. «Este verano está siendo mejor, pero el turista mira mucho los precios para rentabilizar», valora. Gaspar también incide en que cada vez más el visitante busca la calidad y se deja recomendar por las diferentes plataformas que existen en internet. «Ya no se sienta en la primera terraza que ve, mira, compara y luego decide», expone. Algo que asegura les ha beneficiado en su negocio al ofrecer «comida típica canaria adaptada al tipo de turista que está llegando ahora a la isla». 

A la espera del turista internacional

«Desde junio se nota una mejoría»

Safau Matta regenta desde hace tres años Cuore, una pequeña tienda de ropa en el centro de Los Cristianos. Nunca pensó al iniciar su negocio que tuviera que enfrentarse a una crisis como la que ha atraído aparejada el coronavirus, pero ya empieza a ver la luz al final del túnel. «Desde el inicio del verano ya se ve más movimiento, todavía estamos muy lejos de la situación que había antes de la pandemia, pero ahora podemos tener más esperanza», asegura. Aún así, sí que opina que los comercios lo tendrán algo más difícil en esta carrera por la recuperación, ya que señala que el turista priorizará el gasto en restauración y alojamiento y reducirá la compra de ropa y complementos. 

A la espera del turista internacional

«Ahora es cuando he podido sacar a mi personal del ERTE»

«He tenido a todo mi personal en ERTE desde marzo del año pasado y es ahora cuando he podido empezar a sacarlos». Así expone Jesús Molina, empresario y propietario de Excursiones Jesús, que la incipiente reactivación del turismo ya está permitiendo el regreso de muchos trabajadores que llevan más de un año sin poder desarrollar su labor debido a la paralización del sector. Hasta ahora, los clientes que más atiende son «franceses, belgas, españoles e italianos», aunque echa de menos a los ingleses que todavía están por llegar. Sin dejar de intentar captar la atención de todo el que pasa por delante de su establecimiento, Jesús se afana por vender alguna de las 250 excursiones que ofrece en su negocio. «Lo que más sale son catamaranes, motos de agua y como no, la excursión a La Gomera», afirma. Este empresario tiene puestas todas sus esperanzas en la temporada de invierno que augura será «muy buena», ya que hay unas «increíbles ganas de viajar y disfrutar»

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