Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Brotes verdes entre los emprendedores

Itariza Rodríguez tuvo que acudir al pluriempleo para no cerrar Pomarrosa, su floristería

Itariza Rodríguez en su floristería, Pomarrosa. | | E.D.

Itariza Rodríguez en su floristería, Pomarrosa. | | E.D.

La pandemia no solo causa el cierre definitivo de mucha actividad comercial, sino que genera emprendedores, aunque en este periodo también han estado a punto de desistir. Es el caso de Itariza Rodríguez, quien hace un año puso en marcha una floristería en Adeje. Pomarrosa es el resultado de «la necesidad de sobrevivir y hacerlo como autónoma». En su caso, la cuesta de enero estuvo a punto de dar al traste con su proyecto, porque la actividad era casi nula. Se salvó cuando recibió una llamada «para realizar una intervención floral artística, de 200 metros cuadrados, que había planteado hace cuatro años en Santa Cruz».

La empresaria reconoce que «llegué a plantearme que tenía que cerrar», incluso en momentos recientes. La situación llegó al extremo de hacerle recurrir al pluriempleo. «A finales de julio y principio de agosto trabajaba de seis a nueve y media con pedidos de flores, me empleaba en una tienda de ropa de diez a cuatro de la tarde y en la cafetería, con mis padres, de seis de la tarde a medianoche. Aguantas un mes, más no».

Pomarrosa no es solo una floristería, sino un taller floral en base a la formación artística de Itariza. «Quise contratar a un empleado, pero los costes no me lo permitieron porque, al final, voy a seguir cubriendo gastos y sobreviviendo sin tener un sueldo normal».

Como en toda la actividad económica, durante este último año en la zona también se han registrado bajas en el parque comercial. De los ocho establecimientos que abrieron al mismo tiempo que Pomarrosa, «han cerrado cinco». La causa final de alguno de la desaparición de algunos de esos establecimientos estuvo en los robos que se registraron de enero a marco en el entorno, que afectaron a un pequeño bar, una autoescuela y a cafeterías.

Pero la situación parece que está cambiando. Itariza Rodríguez percibe que «con septiembre llega el aire fresco. Se ha producido un cambio radical. Pasamos de contar los coches que pasan por la calle a empezar el colegio y recibir en el comercio a nueva clientela». La merma en la actividad turística y la inexistencia de eventos son dos factores que castigan al sector empresarial. El consumidor local apenas bastó para subsistir, «pero la apertura de los hoteles es fundamental, porque son mis clientes potenciales. No puedo vivir de la señora que me compra dos euros de crisantemos».

Itariza no es la única emprendedora de la familia. El ERTE que afectó a su madre durante un año la llevó a invertir en reabrir una cafetería que estuvo cerrada cinco años. Situada en Arguayo (Santiago del Teide), los senderistas y los motoristas (actividades que se practican en la zona los fines de semana, sobre todo) «permiten cuadrar la caja y que vayan aguantando».

Optimista, espera que «el aire fresco» que llegó con septiembre se mantenga y que se cumplan las previsiones de quienes dicen que llega la recuperación.

Compartir el artículo

stats