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Consecuencias económicas de la Covid en Canarias / 2 | La visión del fotógrafo Arturo Rodríguez

Aquella historia que contaremos a los nietos

El sector agrícola de las Islas se desangra y la pandemia no ha hecho más que acrentar la hemorragia

Trabajadores de la SAT BEIG en Granadilla de Abona tiran toneladas de tomates cada semana porque el mercado local no es capaz de absorberlo.| Arturo Rodríguez

Dentro de unas décadas, recordaremos este año como uno de los peores de la historia. Asumiremos que fueron otros tiempos y como en cualquier historia mal contada, balbucearemos, mientras nos contamos las canas unos a otros, que durante la pandemia de la Covid-19 los responsables de entonces no estuvieron a la altura de las circunstancias.

Las nuevas generaciones culparán a Europa y a nuestros actuales gobiernos y nos echarán en cara no haber sabido reaccionar ante una situación de emergencia y la agricultura en Canarias será aquella historia que le contaremos a nuestros nietos. Culparán al virus, pero la realidad es que el sector primario en Canarias ya estaba en crisis.

Han pasado doce años, apenas nos estábamos recuperando de la debacle de 2008 y Canarias vuelve a estar en uno de los peores momentos de su historia. Como consecuencia de la Covid-19 las Islas alcanzaron durante el pasado 2020 más de un 33% de desempleo y la frecuencia de transporte de mercancías hacia el continente se redujo de tal manera que sumió a la agricultura en una crisis sin precedentes.

Se cerró la hostelería y la restauración. Muchas empresas hortofrutícolas en Canarias han sufrido pérdidas millonarias. Otras, directamente tuvieron que cerrar.

Danilo, uno de los trabajadores de Agusa cargando piñas de plátanos durante la temporada alta de San Andrés y Sauces en La Palma. Arturo Rodríguez

En el sector, las consecuencias económicas que ha dejado la pandemia no pillan a nadie por sorpresa. «Hemos tenido años peores y no había pandemia», asegura Carmelo Arencibia Sánchez, gerente de la Cooperativa de Agricultores Guaches (Agusa) en La Palma, donde el cultivo de plátano es el principal motor económico de la isla, además del turismo.

Desde la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias (Asaga), han intentado, a través de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca, buscar algún tipo de ayudas para intentar compensar las pérdidas económicas derivadas por la pandemia. Su presidenta, Ángela Delgado, así como miembros el sector específico de frutas y hortalizas, han tenido varias reuniones durante los meses de abril y mayo de este año. Cuatro meses después, todavía siguen sin respuesta.

Para muchos agricultores canarios, las decisiones tardías son las que han provocado una crisis, que, unida a la pandemia, ha precipitado la ruina en gran parte del sector. La pandemia, simplemente ha desvelado la inacción de una administración superada por los acontecimientos.

De hecho, según el informe Diversificación Económica de la Economía Rural, editado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2019, “la diversificación de la economía rural, tanto en las actividades agrícolas como no agrícolas, tiene un gran potencial para reducir la pobreza, aumentando los mecanismos de adaptación ante las malas cosechas o la volatilidad de los precios, y mejorando la seguridad alimentaria y de los medios de subsistencia de los hogares rurales”. Sin embargo, parece que el diálogo sobre la diversificación de la economía en Canarias se reduce a titulares, a sabiendas de que el impulso de la economía rural está en la diversificación de las actividades económicas no agrícolas que generan ingresos en las zonas rurales como el turismo, el comercio, la construcción o la conservación del patrimonio.

Carlos, trabajador de la Cooperativa Volcán de San Juan en La Palma, cargando el camión para transportar los plátanos a la empaquetadora. Arturo Rodríguez

Por ello, sorprende que, para la mayoría de los agricultores, que en ningún momento dejaron de producir lo que nosotros comemos, las consecuencias económicas derivadas de esta pandemia surgieran cuando ‘la nueva normalidad’ empezaba a acomodarse en nuestras vidas, y que los gobernantes no hayan apostado más decididamente por la diversificación de la economía que, además de generar empleo, reduce la huella de carbono y conserva el patrimonio rural y paisajístico que tanto beneficia al turismo, además de crear empleos sostenibles y de calidad, contribuyendo de manera directa con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Durante este año y medio, cooperativas como la de Agusa, dedicadas al cultivo y exportación del plátano en La Palma o SAT BEIG, con el tomate en Tenerife, han sufrido pérdidas millonarias, teniendo en cuenta que la producción nunca se paró al considerarse actividad esencial de primera necesidad. «Parece que hay ciertos señores a los que no le interesa potenciar la agricultura canaria. Por muchas ayudas y subvenciones que nos den nosotros no podemos producir por debajo de los costes”, apunta Alberto Pais Rodríguez, miembro de la cooperativa Volcán de San Juan, en La Palma.

Por eso, apostar por la diversificación de la economía en Canarias (tecnificando la agricultura y mejorando las explotaciones agrícolas, así como los canales de comercialización y promoviendo el consumo de los productos locales, entre otras acciones) debería ser la apuesta y el compromiso de nuestros dirigentes políticos, pero, ¿serán capaces, están dispuestos a ello?

La incertidumbre y el desamparo hacia este sector en un momento tan complejo como el que estamos viviendo, «resulta ser muy angustiante», recuerda Noelia Díaz Pérez, gerente de la cooperativa Volcán de San Juan, para quien las administraciones públicas «han mirado para otro lado y nos han abandonado por completo durante los meses más difíciles».

Vista general del empaquetado de Agusa San Andrés y Sauces, en la isla de La Palma en plena jornada de trabajo. Arturo Rodríguez

Para Ignacio Hernández, el propietario, gerente y responsable de SAT BEIG, una de las empresas con mayor influencia en el sector agrario en Tenerife, «la situación es muy grave», y, una vez más, «los políticos no han estado a la altura del sector». Critica que «nuestros dirigentes políticos se jactan de hablar de kilómetro cero y de producto canario, pero las únicas herramientas que nos dan para subsistir, es desaparecer».

La pandemia, a diferencia de lo que aseguran algunos políticos, solo ha acentuado las carencias y el olvido de un sector que lleva y meses y meses sin resolverse, ya que más del 90% de las empresas del sector agrícola no puede acceder a las ayudas europeas.

Además, en un momento tan crítico como el actual, donde el exceso de productos no tiene comprador y la necesidad ha llamado a tantas puertas, muchos han sido los agricultores que han regalado o vendido a un costo mucho menor sus productos.

Para Asaga la situación de las empresas hortofrutícolas «es sangrante» y las pérdidas en ventas superan más de un 65%. Durante las primeras olas de la pandemia muchas empresas se vieron obligadas a tirar ingentes cantidades de frutas y hortalizas a la basura pese a haber contactado con bancos de alimentos y oneges para ofrecerles la posibilidad recoger de manera totalmente altruista cuanto necesitaran. Sin embargo, tantas eran las toneladas que continuaba sobrando. Sin turismo la población local no era capaz de absorberlos.

En Tenerife, por ejemplo, solo hay un camión como medio de transporte a disposición del Banco de Alimentos. Y para empresas como la de Hernández es inviable asumir los costos de transporte, teniendo en cuenta que ya ponen la mano de obra y apenas puede cubrir los gastos de la empresa y salario de sus trabajadores.

Para el agricultor este hecho vuelve a poner en el foco la ineficacia de las administraciones públicas en situaciones de emergencia. «Ni con la necesidad llamando a tantas puertas, pusieron los medios para que las diferentes oneges pudieran hacer frente a la recogida de esos alimentos; Esto es lo de siempre, el pueblo salva al pueblo, pero yo no puedo salvar a todo el pueblo, porque eso es responsabilidad del Gobierno, que es quién nos ha ignorado y abandonado. No solo en la pandemia, sino desde tiempos inmemorables”, insiste Hernández.

Sin duda, las batallas más peligrosas son las que se libran desde los despachos. Las promesas de los dirigentes políticos han caído saco roto. El sector se está muriendo, insisten varios de sus representantes. Las ayudas no llegan o llegan tarde y, a este paso, los agricultores canarios, que todavía hoy producen lo que nosotros comemos, terminarán tan arruinados que si no se redime esta situación acabarán por abandonar y a las tiendas sólo llegarán lo que envíen los productores peninsulares, cada vez más competitivos. Sin una apuesta clara por la agricultura, avisan acabaremos contándole a nuestros nietos que, en Canarias, hace años, la tierra se podía cultivar.

Arturo Rodríguez, fotógrafo freelance nacido en Santa Cruz de La Palma (1977), arranca con la historia de Jenifer Santos una serie en la que refleja el fuerte impacto que la crisis motivada por la Covid-19 ha causado en el sector primario de las Islas. Rodríguez ha trabajado para EFE, Reuters y Associated Press y publicado ‘The New York Times’, ‘El País’, ‘El Mundo’, ‘International Herald Tribune’, ‘Washington Post’, ‘USA Today’, ‘Der Spiegel’ o ‘Paris Match’ cubriendo la actualidad desde Kosovo a Haití. Es World Press Photo 2007.

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