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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Pobreza energética

Ingreso mínimo vital denegado: "Encender la calefacción de casa es un capricho; no quiero que mis hijas se den cuenta"

A Mar Sureda, madre de 46 años, se le ha denegado en dos ocasiones el Ingreso Mínimo Vital | Ha estado al borde del desahucio y ahora se pone al día con los impagos de la luz

Un cartel sobre cómo solicitar el Ingreso Mínimo Vital en la delegación de la Seguridad Social en Palma.

La pesadilla de Mar Sureda empezó en febrero de 2020: la despidieron tras un reajuste en la plantilla de la empresa donde trabajaba. Un año y ocho meses después, su mal sueño continúa. A esta administrativa de 46 años con dos hijas a cargo y sin ingresos propios le han denegado el Ingreso Mínimo Vital (IMV) dos veces. Forma parte del 94,2% de solicitantes baleares a quienes el Gobierno les ha desestimado esta ayuda anunciada por Pedro Sánchez a bombo y platillo.

Sureda está separada desde hace 14 años, "estoy sola, no tengo pareja y no tengo otro apoyo económico". El subsidio por desempleo se le agotó en diciembre de 2020. "Solicité el Ingreso Mínimo Vital y en enero de 2021 recibí una carta donde se me denegaba porque no cumplía las condiciones al superar los ingresos computables", cuenta. "Y yo me pregunto: ¿Puede vivir una madre con dos hijos con una renta que no alcanzó ni los diez mil euros en 2020?". Esta afectada cree que también pesó en la denegación de su solicitud constar como propietaria junto a su hermano de una casa en la que reside su madre. "Ella es la usufructuaria y lo puedo demostrar. No vamos a sacarla de ahí y dejarla en la calle", manifiesta.

Tras este duro revés, decidió buscar auxilio por otra vía y tramitó la Renta Social Garantizada (RESOGA) del Govern balear. "En este caso sí que me aceptaron la documentación. Ahora cobro 755 euros", desvela.

Sureda declina posar para este periódico por el estigma de la pobreza. Prefiere también ocultar en qué municipio reside porque es un sitio pequeño, donde todo el mundo se conoce. "No quiero dar pena a nadie, ni deber nada. Yo no quiero vivir esta situación, soy una persona muy válida. No pido caridad, yo lo que quiero es encontrar un trabajo para poder pagar los gastos y dar apoyo a mis hijas para que crezcan sin ansiedad", comenta.

La situación empeoró el mes pasado, cuando la propiedad del piso donde vive le comunicó que debía devolver las llaves el 31 de octubre. "He estado a punto de ser desahuciada, pero he conseguido una prórroga de seis meses porque tengo el certificado de vulnerabilidad económica".

Buscar una nueva vivienda se aventura como una odisea. "Aquí donde resido la gente vive del turismo y apenas hay alquileres de larga temporada, la mayoría son arrendamientos vacacionales muy caros. No bajan de los 800 euros y yo cobro 755, es un drama", expone. "Sobre todo, cuando el piso donde vivo es de un fondo buitre que tiene en el edificio diez más que están vacíos".

Sureda busca trabajo desesperadamente. Envía currículums semanalmente, también en empresas de Palma, y ha empezado a hacer entrevistas de trabajo. "De momento me he quedado a las puertas de esos empleos. Todo el mundo me dice que tengo aptitudes, que encajaría, además tengo idiomas, pero al final no me llaman", lamenta. Piensa que tener 46 años y cargas familiares le resta oportunidades. "Lo que veo es que las empresas prefieren a gente más joven que no tiene obligaciones familiares o hipotecarias", opina.

Hasta que no cobró la RESOGA y consiguió otras ayudas públicas, Sureda estuvo sin poder pagar durante algunos meses tanto el alquiler como las facturas de la luz. "Ahora he logrado ponerme al día, pero no me cortaron el suministro porque por ley en ese momento no se podía", aclara. "Me encontré en la tesitura de tener que priorizar: antes que pagar la electricidad tenía que poner comida sobre la mesa". No ha llegado a verse en la necesidad de tener que hacer cola frente a entidades sociales para conseguir víveres. "Tengo un círculo íntimo que me apoya y sé que si lo precisara no me faltaría un plato caliente", confiesa. "Para mí encender la calefacción de casa es un capricho, pero no quiero que mis hijas se den cuenta".

Empobrecerse más

La historia de Paz A. S. -prefiere no desvelar sus apellidos- es también la de una madre con un hijo a cargo. "Estaba en el paro y pedí la RESOGA, pero desde aquí me dijeron que por ley debía pedir el Ingreso Mínimo Vital y eso hice. Me comentaron también que probablemente podría complementar las dos ayudas". Paz recibió la resolución del IMV: se lo habían concedido. Lo que no se esperaba es que iba a empobrecerse aún más. "Pasé de cobrar 460 euros de la RESOGA a 200 del IMV", detalla. "Reclamé explicando la situación y pidiendo que revisaran la cantidad de mi IMV: me han contestado este jueves y me han denegado lo que pedía: seguiremos con 200 euros, 100 para mí y 100 para mi hijo", cuenta con resignación. "La consellera Fina Santiago dijo que hablaría con el Gobierno para ver si se podrían complementar estos subsidios, pero no ha contestado", critica. "Vivo en una casa que es de un familiar y hago colaboraciones de manera puntual en una empresa cuyas facturas declaro a la Seguridad Social. Voy muy justa. No recibo otras ayudas públicas, pero tengo el apoyo del entorno familiar".

Paz denuncia también que existe "terrorismo de Estado" con esta ayuda "porque nos vigilan y controlan todo el tiempo". "A mi hijo se le olvidó sellar el paro, sólo pasaba de una semana, y enseguida nos escribieron notificándonos que nos podían quitar la ayuda y que podía ser motivo de sanción. Que vayan a los ricos que defraudan y no a los que no tenemos nada", espeta

La búsqueda de un trabajo estable es otra de las preocupaciones de esta madre. "Me salió dar unas clases a diez euros la hora, pero no me cubrían el transporte y prácticamente me salía a pagar ir a trabajar", denuncia.

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