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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El precio de la electricidad seguirá disparado hasta la próxima primavera

El ex secretario de estado de Energía José Domínguez sostiene que será la caída de la demanda, cuando suban las temperaturas, la que propicie un ajuste

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Conferencia 'La crisis de los precios de la electricidad', organizada por la ULPGC Juan Castro

El megavatio hora está hoy a 194 euros y «en cuatro años, no pasará en España de los 40», señaló ayer, citando al canal económico Bloomberg, el ex secretario de estado de Energía José Domínguez Abascal. El propio catedrático de Ingeniería de la Escuela Superior Técnica de la Universidad de Sevilla reconoció que de poco sirve el vaticinio, que dio por bueno, «a quienes tienen problemas para llegar a fin de mes». Lo peor es que en el corto plazo no hay buenas noticias, la tensión alcista continuará hasta la primavera.

Un puro elemento estacional –subirán las temperaturas y disminuirá la demanda– será el que se encargue de enfriar el ánimo de las multinacionales, gasistas sobre todo. Y también el de las energéticas españolas, porque al ex secretario de estado le «cuesta creer que quienes tienen en sus manos el 60% de la generación eléctrica no estén ganando mucho dinero».

El sevillano, también expresidente de Abengoa, pronunció ayer la conferencia La crisis de los precios de la electricidad. El acto contó con la organización de la Oficina de Planificación Estratégica de la ULPGC, a la que Domínguez Abascal estuvo ligado en 1981 en calidad de profesor agregado. «Fue la primera plaza de funcionario de mi vida», recordó.

Para el catedrático, el sistema solo puede funcionar en un mercado perfecto que hoy no existe

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Los factores que confluyen para el encarecimiento sostenido del recibo de la luz no se ciñen a un solo escenario. Sí está claro que la evolución del mercado gasista es una de las grandes responsables. «La mayoría no han cambiado su precio», apuntó el catedrático sobre el conjunto de las tecnologías, «solo el ciclo combinado», alimentado con gas natural, lo ha hecho.

Y basta con que este lo haga para tirar del resto. El sistema marginalista hace que toda la energía, hasta la más barata, se pague al precio de la más cara que ha de utilizarse, y aunque las renovables ganan terreno con rapidez, no son aún suficientes ni gestionables; hay que contar con un plan b que las respalde.

El mercado no es perfecto

¿Está viciado el método de configuración de los precios? «En teoría, en un mercado marginalista, los precios convergen en el coste de producción», explicó el expresidente de Abengoa. Sin embargo, esto no ocurre, «porque esa circunstancia solo se da en un mercado perfecto, y este es todo lo contrario», añadió el catedrático de la Universidad de Sevilla.

El precio del gas se incrementa por el aumento de la demanda cuando la oferta se está contrayendo. Por un lado, Rusia echa un pulso a la Unión Europea (UE) a cuenta de la construcción de un nuevo gasoducto con el que surtirla. Bruselas veta parte del trazado por su gran impacto medioambiental. «Moscú dice, pues sigo mandando por Ucrania, pero verán que no es suficiente», expuso José Domínguez Abascal.

A eso se suma el cierre por parte de Argelia del suministro a través de Marruecos. Las relaciones entre ambos países pasan por momentos muy tensos. A Europa, España en concreto, ya solo llega el gas directamente desde suelo argelino, por el Medgaz. Y todo ello en un contexto en el que las reservas mundiales de este hidrocarburo se habían reducido para adaptarse al tamaño de la baja demanda por la pandemia.

«Cambiar las reglas cuesta mucho, y si eso pasa por Bruselas, más aún», afirma el experto

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Si a todo ello se une el encarecimiento de las sanciones por emisión de CO2, la tormenta perfecta está completa. Ahora bien, lo que el expresidente de Abengoa señaló en su conferencia es que una cosa es el comportamiento negativo del mercado y otra distinta que haya quienes aprovechando la revoltura decidan hacer su agosto.

El problema es que los consumidores españoles son de los que más sufren el impacto y que en la parte alta de quienes más padecen están Italia, por encima, y Portugal, a la par prácticamente. Escasa fuerza, sumadas las de los tres, para promover cambios en el seno de la UE. «Cambiar las reglas cuesta mucho, y si eso pasa por Bruselas, más aún», afirmó el catedrático. 

Hay una Francia con amplia implantación de nucleares a la que le basta con que su presidente –Macron– incumpla su promesa de desmantelamiento. Unos nórdicos –Suecia, Dinamarca y Finlandia– que poseen «tanta agua» para generar electricidad que logran mantener el precio estable. Y, sobre todo, una Alemania que está convencida de «se hace lo que ella dice», sostuvo el ponente.

Un ‘honoris causa’ que equivale a un Nobel

José Domínguez Abascal dio en la capital grancanaria los primeros pasos de su dilatada trayectoria como docente universitario. Eso provocó que ayer abundaran las referencias a los viejos tiempos y los guiños al público, entre el que abundaban algunos de sus viejos colegas. «Aquí nació mi hija», reveló el catedrático de la Universidad de Sevilla para dimensionar el tamaño del «año maravilloso» que pasó en la capital grancanaria. Suficiente tiempo para que, según sus palabras, cada regreso a la Isla se convierta en una celebración. En aquel tiempo no coincidió con el rector de la ULPGC, Lluís Serra, seis años más joven. Sin embargo, la sintonía entre ambos deparó las dos anécdotas más divertidas de la mañana. La primera, cuando Serra se hizo eco del currículo del conferenciante para concluir que un doctorado «honoris causa por la Universidad de Granada siendo sevillano equivale a un Nobel». Poco más tarde, cuando el ex secretario de estado de Energía inició su intervención, el rector abandonó su asiento para acercarse a la mesa e instar a Domínguez Abascal a retirarse la mascarilla ante la ausencia de personas a su alrededor y para mejorar la calidad del sonido que llegaba a la audiencia. «Si lo dice un especialista en Salud Pública, no seré yo quien le lleve la contraria», replicó entre las risas del público el catedrático. | J. G. H.

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