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Sector primario

Plátanos que piden agua, vacas con collares y tomates ‘instagramers’

La tecnología llega al campo para mejorar procesos, optimizar recursos y elevar la calidad de los productos - Los proyectos mezclan digitalización y sostenibilidad

Plátanos con QR

Plátanos con QR Juan Castro

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Plátanos con QR Andrea Saavedra

La pala, el pico, el machete o el rastrillo han quedado obsoletos, ahora lo que se lleva en el sector primario de Canarias es el móvil, la tablet, los sensores inteligentes o los códigos QR. La agricultura y la ganadería de las Islas llevan años incluyendo la digitalización en sus procesos lo que ha permitido al sector mejorar el trabajo, optimizar recursos y elevar la calidad de los productos. La innovación en el Archipiélago llega a tal punto que existen fincas donde los plátanos piden el agua de riego, las vacas llevan collares con sensores o la selección de tomates se realiza por robots que fotografían el producto en milésimas de segundo. Y son precisamente este tipo de proyectos los que pretende fomentar la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias con las líneas de subvención de los fondos de reactivación europeos. «Queda mucho camino por recorrer, por eso la importancia de estas partidas económicas que servirán para dar un impulso más hacia la modernización del sector», explica Augusto Hernández, director general de Agricultura.

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Plátanos con código QR Juan Carlos Castro

En la finca de plataneras La Vega en Gáldar(Gran Canaria) tienen claro que el futuro va de la mano de la digitalización y la sostenibilidad, por ello apuestan por trabajar con aplicaciones como la creada por Nicolás Hernández, un ingeniero informático canario que al tener que gestionar una finca familiar se las ideó para crear un sistema que le facilitara el trabajo. Su propuesta, una plataforma de Gestión Orgánica de la Información Agrícola (GOIA), se basó en colocar un código QR en cada piña que integrara toda la información del racimo, de forma que en tan solo un segundo el agricultor tenga en su pantalla del móvil toda la información. La geolocalización, la fecha en la que se plantó, la fecha estimada para el corte y el registro del agua de riego, son solo algunas de las cuestiones que ofrece este sistema que permite llevar un control exhaustivo de la producción en todo momento.

Hernández aprovechó el confinamiento provocado por la pandemia en 2020 para darle vueltas a la cabeza con la intención de mejorar la aplicación GOIA. «Los márgenes en la agricultura son muy bajos, a la mínima que te equivocas pierdes dinero, por lo que era necesario profesionalizar al personal», explica el ingeniero, quien finalmente ideó la plataforma Kaampo donde los operario anotan cada día las tareas realizadas de modo que el agricultor lleve un control de la actividad en la finca. Con este sistema se busca introducir el modelo productivo de las fábricas en el campo para mejorar las producción y «detectar» posibles fallos para corregirlos. También a través del móvil el jefe puede asignar tareas a los trabajadores y vigilar los indicadores de rendimiento de cada uno de ellos. La plataforma incluye además, un cuaderno de campo con toda la información de la finca, con datos comparativos de la producción y gráficas de la distribución de tareas y consumo del tiempo de trabajo. «Con este sistema el dueño controla la finca desde cualquier punto del mundo, sabe lo que se gasta y en dónde puede invertir», aclara Hernández, quien asegura que este invento es «lo más avanzado que hay en el mercado».

La plataforma también sirve de hub concentrador de todas las aplicaciones que pueda necesitar un agricultor. De forma que aúna el control de todos los sistemas de la finca: riego, humedad, pesticidas, imagen satelital , etc. Y además las conecta para que trabajen compartiendo información de modo que si los sensores de suelo detectan que está seco, los sensores de riego se activarán automáticamente .

La innovación tecnológica también ha irrumpido en la ganadería donde ya existen todo tipo de artilugios para mejorar la producción. Un ejemplo es el de los collares de la granja Ganadería El Rodeo, en La Laguna (Tenerife), donde unas 200 vacas cuentan con un sensor alrededor del cuello que permite al ganadero tener un estudio diario del estado del animal. De forma que se registra la actividad de las vacas con la que se identifica, según sus movimientos, los momentos en los que aparece una enfermedad y los ciclos de celos para poder gestionar la inseminación. El sistema permite también controlar la cantidad de leche que produce cada animal ya que la información queda diariamente registrada gracias a los sensores de la sala de ordeño donde además se mide la conductividad, a través de las sales que tiene la leche. Un indicador que permite identificar enfermedades o problemas futuros.

Y esto no es lo más novedoso que tienen en la granja. Desde hace tres años cuentan con una amamantadora inteligente para los terneros pequeños. Estos tienen en sus collares toda la información detallada sobre su alimentación y la maquina les proporciona las cantidades medidas según las indicaciones que haya puesto el ganadero. «No todos comen lo mismo, la alimentación varía según su tamaño», explica Roberto de la Rosa, capataz de la granja, quien asegura que este sistema solo se encuentra en dos explotaciones de las Islas.

En El Rodeo consideran «esencial» estar a la última en lo que a tecnología se refiere, ya que «aunque cuesta caro, sale rentable para la producción», según indica De La Rosa. Para el capataz es importantísimo controlar a los animales con estos sistemas digitales que permiten «adelantarse a las enfermedades y a los ciclos de celo» lo que se traduce en «tener una granja más sana, con menos problemas».

Y a la última también están en la Sociedad Cooperativa Agrícola de San Nicolás (Coagrisan), en la Aldea (Gran Canaria), donde cuentan, desde noviembre, con uno de los sistemas de empaquetado más modernos de Canarias. Un robot con seis calles clasifica los tomates por tipos a través de imágenes. La maquina realiza unas 270 fotografías y detecta, según los parámetros que se le marquen, las características de cada producto, de forma que los distribuye y organiza en cajas. Justo antes de este robot, otra máquina ya ha clasificado los tomates por color y tamaño con un sistema que lee unos 1.800 colores por segundo. «El sistema ha mejorado la producción, las maquinas son precisas y no se equivocan», explica Marcelo Rodríguez, técnico agrícola de Coagrisan.

Solarímetros

La cooperativa, además de la robotización del empaquetado, cuenta con riego informatizado en todas sus fincas, lo que permite a los agricultores controlar el riego desde cualquier punto del mundo con su móvil. El sistema funciona a través de solarímetros colocados encima del techo que miden la radiación solar y, en función de las indicaciones que haya dado el agricultor, encienden el mecanismo cuando llegan a una cantidad de varios determinada. «La tecnología ha mejorado la calidad de vida de los trabajadores del campo, con este tipo de inventos podemos salir de las fincas sabiendo que el control está en la palma de nuestra mano», indica Rodríguez.

La cooperativa en la Aldea ha apostado, según el técnico, por la innovación para «intentar seguir siendo competitivos» ya que los precios de todos los recursos que se necesitan para la producción de tomates «han subido en más de un 50%» respecto al mes de agosto. «Hay que buscar maneras para beneficiar al agricultor y que pueda seguir viviendo de esto», afirma Rodríguez, quien asegura que los agricultores canarios se han adaptado «muy bien» a la era digital apostando por los avances en el sector.

En muchos de los proyectos la digitalización va de la mano de la sostenibilidad, con el protagonismo de las energías renovables. Así ocurre en muchas de las iniciativas que tiene en marcha el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), donde se han propuesto aprovechar los residuos ganaderos para generar energía para el sector primario utilizando alta tecnología. Con esta idea el año pasado iniciaron un proyecto innovador en una granja porcina de Agüimes (Gran Canaria) donde implantaron una planta piloto de biogestión anaerobia que produce biogás a partir de las heces de los cerdos. Esto permite abastecer la demanda de consumo energético de la explotación ganadera a la vez que solventar el problema de la gestión de residuos de la misma. Otros beneficios resultantes del proceso son poder reutilizar el agua regenerada y obtener un biofertilizante de alta calidad.

Los beneficios económicos en una explotación ganadera de 500 cerdos, con una capacidad aproximada de 3.400 litros al día de purines porcinos, suponen un ahorro de 44.700 euros anuales en la factura de electricidad y la gestión de residuos. A esta cantidad, se suman 2.890 euros anuales de beneficios por la regeneración de agua y la venta de fertilizante. Medioambientalmente, los beneficios se traducen en la reducción de 11,5 toneladas de emisiones de gas metano al año, lo que equivale a 241,5 toneladas de CO2 anuales. «Es una salida muy interesante teniendo en cuenta que en Canarias hay más de 600 explotaciones ganaderas», apunta Gonzalo Piernavieja, Director de I+D+i del ITC, quien asegura que «el sector primario sigue teniendo un valor imprescindible y es una pieza fundamental en la estructura social y económica del Archipiélago». 

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