Escogidos para determinar qué iniciativas cumplen los criterios de transformación, sostenibilidad y digitalización que Bruselas demanda para el reparto de los fondos. Así es Global 3CCS.

Startup de capital canario, miembro de la Asociación de Pymes Digitales de Europa, instalada en la Zona Especial Canaria (ZEC) y elegida entre las diez más influyentes por modelo de negocio. Así es Global 3CCS, la empresa isleña que se ha colado en el corazón mismo del reparto de los fondos Next Generation con la función de determinar, mediante herramientas digitales, si los proyectos que se presentan a las diferentes convocatorias cumplen los perfiles de sostenibilidad, transformación económica y mejora social que demanda Europa.

Pepe Betancort, socio fundador, cerró ayer la participación de la empresa en la Digital Assembly, celebrada durante el martes y el miércoles en la localidad francesa de Toulouse. En el evento, organizado por la Presidencia francesa de la Unión y la Comisión Europea, se han dado cita negocios de los países miembros para detallar la aplicación que hacen de las habilidades digitales a cuestiones tan básicas como la formación en alternancia, es decir, la conversión «de alumnos en trabajadores», detalló Betancort.

Esa es una de las grandes fortalezas que presenta la empresa isleña, que se centra en la preparación de mano de obra especializada en torno al agua, la energía y la minería. «Tenemos un principio de acuerdo con la Universidad Politécnica de Madrid, donde Claudio Rossi trabaja en un robot submarino blando capaz de meterse en cuevas donde no llega el ser humano», detalla el socio fundador de Global 3 CCS.

Fiscalizan que las ideas sean sostenibles, transformadoras y tengan la base digital que exige Bruselas

El proyecto lo iniciaron cinco personas, todas mayores de 55 años y el más veterano de 82. Ahora se han convertido en un «clúster solidario», así lo define Betancort, que enarbola la bandera de la economía colaborativa. Arrancaron solo seis meses antes de que la pandemia obligara a un encierro colectivo del que pudieron salir sobre todo gracias «a la experiencia de José Manuel Padrón», explica sobre uno de sus compañeros de viaje –protagonista en el inicio del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC)– Pepe Betancort.

No resulta sencillo entender su rol en la partida en la que se distribuyen los fondos Next Generation. «Nosotros ecodiseñamos, capacitamos a las personas y las certificamos a ellas y a las máquinas», relata. O de otra manera: «Afloramos los impactos ineficientes, generando análisis del ciclo de vida hasta la instalación del producto final; medimos la huella de carbono, por ejemplo, y con todos esos indicadores determinamos qué rentabilidad tiene el proyecto», explica el socio fundador de la empresa sobre la medición que hacen del grado en que se ajustan las iniciativas a las condiciones que impone Bruselas.

También «la huella social», añade Pepe Betancort. Porque ese, el beneficio para la sociedad, es otra de las exigencias que los frugales impusieron a España para la aprobación del plan que debe sacarla del atolladero en el que la metió el coronavirus. ¿Y cómo medirla? «Hay criterios objetivos, el impacto es mayor si se trata de incorporar a un desempleado, si este tiene más de 55 años o está en el tramo de edad joven en el que la tasa de paro es más elevada», cita como ejemplos el emprendedor.

«Somos los consultores expertos que Applus ha elegido para certificar su trabajo»

Pepe Betancort - Socio fundador de Global 3CCS

La labor de selección de proyectos dentro del ámbito de colaboración público-privada ha quedado en manos de grandes corporaciones. Una de ellas, Applus, es el partner que ha dado acceso a Global 3 CCS al proceso de selección de los proyectos. «Nosotros les diseñamos la metodología que les permite tener claro que sus iniciativas se ajustan a las exigencias, es decir, somos los consultores expertos que han elegido para certificar su trabajo», incide.

La pelea no ha sido sencilla, porque los candidatos se contaban por decenas. Dada la edad de los padres de la criatura, el éxito es el de la experiencia, uno de los vectores que también entran en el cóctel de variables cuando se trata de determinar el recorrido que pueden tener las ideas.

Tienen por seguro que prescindir de mano de obra por cuestión de edad significa dejar fuera del tejido productivo a «un talento oculto», que es el que debe conducir a los jóvenes en su incorporación al mundo laboral. «Las carencias en competencias digitales las suplen sobradamente con la experiencia atesorada», afirma.