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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Séneca, Ward y Woody Allen

La familia, Andrés Megías y su predecesor acaparan los agradecimientos en los discursos del nuevo rector empresarial

El nuevo presidente de la CCE, Pedro Ortega, en el momento de ejercer su derecho al voto. ELVIRA URQUIJO / EFE

Pedro Ortega guardó el espacio más noble de su discurso victorioso para hacer partícipes de la victoria a sus padres, mujer e hijos; a su predecesor, Agustín Manrique de Lara, y a su jefe, Andrés Megías. En el electoral, previo a los comicios, se colaron Séneca, William Ward y hasta Woody Allen.

Dos discursos en dos horas es mucha tarea. Al menos Pedro Ortega, con el triunfo asegurado mucho antes de saltar a la tarima, tenía la seguridad de que el trabajo de preparación no iba a ser en vano. Se postuló primero con una declaración de intenciones y guardó su primera intervención ya como presidente electo para regar de agradecimientos a la familia, a su «mentor» y compañero de viaje, Andrés Megías, timonel de Pastas La Isleña, y a su predecesor en el cargo, Agustín Manrique de Lara.

Entre una y otra comparecencia en el escenario del Cicca, Ortega tuvo que soportar el tedio de una votación –190 papeletas depositadas en la urna y luego contadas una por una– que vino a ser una réplica de la ausencia de agilidad que la clase empresarial, no sin razón, denuncia en las administraciones públicas.

Con la victoria cantada ante la ausencia de amagos opositores, solo restaba que los disconformes dieran su palito a los candidatos. No los sufrieron de gran tamaño ni Ortega (189 apoyos) ni Virgilio Correa (180), el nuevo tesorero. Con el resto, José Cristóbal García (169), Andrés Domínguez (168), Salud Gil (154) y Juan Ramírez (149) tampoco hubo saña, pero sí una fuga de votos de mayor tamaño que aliviará la carga de trabajo de los psicoanalistas. «Da igual, esto me da más legitimidad», comentó divertido uno de los afectados.

La tediosa votación solo sirvió para constatar el amplio consenso que concitó la lista presentada

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Antes de esa pérdida de tiempo disfrazada de pulcra democracia, Ortega recurrió al pensador cordobés Lucio Séneca y a sus definiciones del pasado –cierto–, el presente –breve– y el futuro – dudoso– para explicar el contexto en el que desarrollará su toma de decisiones. «Mis padres me enseñaron que en ocasiones hay que mirar atrás para seguir adelante», señaló el nuevo presidente de la CCE.

El segundo pensador escogido por Pedro Ortega fue el inglés William George Ward (matemático además de teólogo), quien explicó en el siglo XIX que el pesimista se queja del viento que sopla, el optimista espera que cambie y el realista prepara las velas. Que están por llegar nubarrones, que vengan, pero mientras posicionemos el trapo del modo más conveniente, vino a decir el presidente.

Todo para propiciar un futuro que, como aclaró el cineasta neoyorquino Woody Allen por si alguien no había reparado en ello, es el tiempo «en el que vamos a pasar el resto de nuestras vidas».

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